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Ochomiles en Invierno

2008 febrero 12
por Fernando J. Pérez

Estamos en invierno. Ya se que es una obviedad, pero conviene recordarlo. Aunque la asamblea de majaras parece haber triunfado por fin, en otras latitudes la estación cumple con su obligada ración de viento, frío y nieve. ¡Y cómo cumple! Me refiero a las cordilleras de Himalaya (Nepal) y Karakorum (Pakistán), el universo de los ochomiles. En esta época, el tercer polo se queda vacío, mientras los alpinistas últiman los preparativos para las expediciones de primavera. Sin embargo, en los últimos años está habiendo un cambio de tendencia. Algunos alpinistas miran a las cumbres más altas del planeta en esta inhóspita época. Algo que no ocurría desde la gloriosa década de los ochenta, cuando la dura y excepcional escuela polaca abrió brecha ascendiendo todos los ochomiles en invierno. Bueno, todos no. En Nepal, el Makalu continúa virgen en estas fechas, mientras que en Pakistán, ninguno de sus cinco ochomiles (Nanga Parbat, G-I, G-II, Broad Peak y K-2) ha podido ser escalado. Y es que allí, a las difíciles condiciones de las montañas (vientos de 150 k/h. y temperaturas de -40% a ocho mil metros de altitud) se le añade una complicada aproximación por glaciares.
Así que en tres de estos ochomiles han puesto sus ojos cuatro pequeñas expediciones. Dos al Makalu, una al Broad Peak y otra al Nanga Parbat.
La del Nanga Parbat ha sido la más fugaz. El italiano Simone La Terra y su grupo llegaron al Campo Base el 3 de diciembre y el 21 de ese mismo mes una tormenta de nieve y viento les voló todas las tiendas del CB. Todo el material de la expedición quedó esparcido por el glaciar. En ese tiempo no pudieron pasar del C-1 (6.000), con temperaturas de hasta -35% y sólo un día de sol.
En el Makalu también acaban de abandonar. Hace una semana lo hicieron los fortísimos kazajos Denis Urubko and Serguey Samoilov, protagonistas de algunas de las mayores gestas en ochomiles de los últimos años, después de alcanzar los 7.500 metros de altitud, sufrir algunas congelaciones y soportar vientos de 135 k/h. y temperaturas de -35º. Y hace un par de días lo han hecho los italianos Nives Meroi, Romano Benet y Luca Vuerich. Ellos habían decidido realizar último intento tras la retirada de Urubko y Samoilov, pero el fin de semana una tormenta con vientos huracados arrasó también su CB. A duras penas evitaron salir volando y prácticamente se quedaron con lo puesto. Sin posibilidades de ser evacuados en helicóptero, iniciaron un penoso regreso en el que Nives Meroi (con diez ochomiles en su haber, una de las rivales de Edurne Pasaban en la lucha femenina por completar los catorce ochomiles) se fracturó el peroné.
Quien no se da por vencido es Simone Moro en el Broad Peak. Parece haberse convertido en una fijación tras su intento fallido del año pasado. Él y sus dos compañeros llevan camino de sumar ya dos meses de expedición y su próximo objetivo es instalar el C-3 a 7.200, el último antes del ataque a cumbre. De su última salida para portear material les quedan la sensación de vivir una condiciones «inhumanas» y la certeza de ver su termómetro marcando -41º.
Así que a la vista de estas penurias sólo me queda mostrar la más profunda admiración hacia estos locos románticos del himalayismo. En una época en la que las noticias de las ascensiones al Everest encajan mejor en la crónica de sociedad que en la de deportes, reconforta comprobar que todavía quedan alpinistas dispuestos a demostrar que el cómo se sube a una montaña es más importante que el llegar a lo más alto.

elcorreo.com

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