>

Blogs

Francisco Góngora

Topo verde

La primera Y vasca

El Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino ha puesto esta primavera en servicio los 10,6 kilómetros del camino natural del ferrocarril Vasco Navarro que discurren entre los términos municipales alaveses de Antoñana, Atauri, Maeztu, Cicujano y Alecha.
Este camino está situado sobre la explanación y obras de fábrica construidas para la antigua línea de este tren y se une a los más de 3.200 kilómetros existentes de caminos naturales, de los cuales más de mil son vías verdes.
Las obras han durado 32 meses y han contado con un presupuesto total de 1.284.803,14 euros. Durante ese período se ha adecuado el camino de 3,5 metros de anchura y se han construido tres pasarelas peatonales. La primera de 40 metros, situada sobre el río Berrón; la segunda cruza la carretera A-132, mediante dos tramos de 40 y 20 metros; y la tercera, de 20 metros de longitud, cruza sobre la carretera A-3114. Asimismo se ha construido un paso inferior bajo la carretera A-132, de 20 metros «para mantener la continuidad del camino natural».
Túneles
También se han restaurado los túneles de Antoñana, de 110 metros, y el de Cicujano, de 330 metros. En este último túnel también se ha instalado iluminación automática. Además se han acondicionado dos áreas de descanso, una de ellas a la salida del túnel de Antoñana, y la otra situada sobre el antiguo puente de Atauri, dotadas con aparcabicis, bancos y mesas.

Detrás de todo ferrocarril desmantelado queda la huella de un sueño roto. El Anglo-Vasco-Navarro pretendió unir Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra, pero, revés tras revés, la idea de los alaveses Herrán se quedó mutilada. La línea llegó a unir Bergara, Vitoria y Estella. El progreso se movió en sus automotores y en sus vagones amarillos durante casi un siglo hasta que, hace 42 años, el ‘boom’ del automóvil acabó con su aliento. Las lágrimas por aquel disgusto aún se recuerdan, pero sobreviven sus puentes, sus estaciones, sus túneles y un recorrido fabuloso para deleitarse con la naturaleza más salvaje o con suaves paseos de olor a hierba mojada.
La antigua vía del tren, transformada en una senda para ciclistas y caminantes, permite descubrir uno de los trayectos más sobrecogedores del País Vasco. Toda la biodiversidad (desde la más tópica de robles y hayas hasta la más singular como el encinar estellés, el bosque mixto o el de ribera) emerge con todo su esplendor.
En la ruta norte, en territorio guipuzcoano, sólo se pueden recorrer 17 kilómetros desde Vitoria a Arlaban y algunos ramales en el valle del Deba. La ruta sur, que se acaba de completar con la apertura de un tramo de diez kilómetros entre Aletxa y Antoñana, es la más extensa y rica en vegetación. Podemos viajar desde Vitoria hasta Estella, a falta de unos diez kilómetros antes de llegar a la capital de la Navarra Media, sin bajar de la bicicleta. Aunque, si alguien tiene valor, puede ir a pie. Son más de 63 kilómetros, disfrútenlos, no se arrepentirán.
Abrimos camino
Para ir de la capital alavesa a Estella, arrancamos en la rotonda de la zona industrial de Uritiasolo, al sureste de Vitoria, en un bicicarril que nos conduce hasta Puente Alto y la A-2130. Medio kilómetro después, una vez pasado el campo de fútbol del Aurrera, entramos en la pista anunciada por un cartel. Otazu es el primer pueblo que dejamos a la izquierda. Cruzamos luego los bosquetes de robles de Aberásturi y Andollu, donde se encuentra (a la izquierda) el ramal de 3 kilómetros que lleva al santuario de Estibaliz.
El trazado sigue después a pie de monte y atraviesa pequeños túneles y puentes en Trokoniz y Erentxun hasta llegar a un hermoso hayedo en Ullíbarri-Jáuregui, donde la vía se acaba en la misma boca del túnel de Laminoria. A pesar de los intentos por restaurarlo, este paso subterráneo de 2,2 kilómetros, que salva los Montes de Vitoria, está completamente hundido.
Como ruta alternativa se ha adecuado un camino de montaña que sube en fuertes pendientes el puerto de Guereñu y toma después una carretera pequeña que une el pueblo de Musitu con la ermita de Santo Toribio, en Aletxa. Son unos 8 kilómetros en los que la vegetación cambia completamente y de las hayas y robles se pasa a los quejigos y las encinas. A la derecha dejamos la cantera de Laminoria, la más grande del País Vasco.
Túnel y viaducto
El entronque con el tramo recién abierto Aletxa-Antoñana se hace en Cicujano, que cuenta con una estación restaurada y un túnel, el de Leorza, de 200 metros, ahora iluminado. Maeztu, con una gran estación, es el mayor núcleo de población que atravesaremos en este paseo. Enseguida nos adentramos en el desfiladero de Atauri, en cuyas minas de asfalto comienza uno de los puntos más espectaculares del recorrido: el corredor del río Berrón entre esta localidad y Antoñana. Su estampa otoñal es única, puesto que combina un arbolado de ribera con dos laderas cubiertas de un excelente bosque mixto.
Tras Santa Cruz de Campezo y Zúñiga, ya en Navarra, la ruta atraviesa un inmenso monte mediterráneo en la sierra de San Gregorio hasta Estella gracias a viaductos como el de Arquijas, sobre el río Ega, de 28 metros, o el túnel de Acedo, de 1,4 kilómetros. La ruta restaurada acaba en Murieta. Los últimos diez kilómetros hasta Estella hay que hacerlos por vías alternativas.
Información
Cómo llegar
La ruta norte comienza detrás del garaje Alas, en la calle Madrid de Vitoria. Hay un acceso por Portal de Bergara y otro por portal de Gamarra. Para comenzar la ruta sur hay que ir hasta la rotonda del polígono de Uritiasolo y tomar el bicicarril de la calle Arkatxa.
Dónde comer
Maeztu está en medio de la ruta y puede ser un buen lugar para reponer fuerzas. En la Casa Rural Izki (Ctra. Vitoria-Estella, s/n, 945 410 388) además de alojamiento, hay un menú de fin de semana por 13,50 euros y un menú degustación Izki por 23 euros donde brillan las setas, los langostinos y los postres caseros. El Hotel Rural Los Roturos (Herrería, 10, Maeztu. 945 410 250) ofrece un menú de fin de semana por 18 euros y carta entre 35 y 40. Destacan la carne a la brasa de carbón, la morcilla y el queso.
Tasio y el caminito de hierro
El furtivismo y el carboneo, las dos maneras de ganarse la vida de Tasio, el personaje que popularizó en los 70 Montxo Armendáriz con su película, eran habituales en la Montaña Alavesa y en Tierra Estella, dos de los territorios que atraviesa ‘el trenico’ o el ‘cangrejero’, como se denominó cariñosamente al Vasco-Navarro. Tasio montó en muchas ocasiones en ese tren para ir a Vitoria, donde muchos vendían el carbón vegetal de estraperlo. Una de las crónicas de despedida al cierre del ferrocarril el 31 de diciembre de 1967 se tituló ‘Adiós caminito de hierro’. Había sido una de las líneas más modernas y mejor construidas de vía estrecha. La electrificación la hicieron los alemanes y las estaciones, de piedra, canteros gallegos. El primer tramo se inauguró en 1889 entre Vitoria y Salinas de Léniz (Guipúzcoa), en 1919 llegó a Bergara y en 1927 a Estella. Fueron 140 kilómetros de un tren que se anticipó en un siglo a la Y vasca actual, con Navarra incluida.

Temas

Por Francisco Góngora

Sobre el autor


mayo 2010
MTWTFSS
     12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31