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Fermín Apezteguia

Pasamos consulta

Quiero morir en paz

La futura ley de cuidados paliativos, anunciada para marzo, llegará finalmente este mes. Lo ha prometido en el Congreso de los Diputados el secretario general de Sanidad, José Martínez Olmos, que viene siendo la mano derecha de los últimos ministros de Sanidad. El texto definitivo «se está ultimando», pero por lo que ya se ha anunciado, se sabe que la norma eliminará de su título la coletilla de la muerte digna, como reclamaban la Organización Médica Colegial (OMC) y la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (Secpal). No es un capricho.

El profesor de Derecho Constitucional Federico de Montalbo resumía hace unos meses en un artículo el sinsentido que supone hablar de muerte digna. «La muerte digna es un concepto polisémico, que utilizan tanto los que promueven la despenalización de la eutanasia como aquellos que se oponen furibundamente a tal despenalización», decía. Pero no es sólo una cuestión jurídica.

El médico Marcos Gómez-Sancho, una referencia en la especialidad en España, explica que los moribundos no suelen tener miedo a morir, sino a lo que haya después de la muerte. Lo importante, según explica, y ésa creo que es la cuestión, no es morir con dignidad, sino vivir con dignidad. Hacerlo así hasta el último momento de la vida, que es la muerte. Por eso, los profesionales de la salud pidieron al Gobierno, una vez que anunció su intención de promover esta reforma, que la ley se llamara ‘Ley de calidad en la atención al final de la vida’.

La dignidad es un concepto que va más allá de la voluntad de cada uno. Una persona de baja estatura puede decidir ganarse la vida siendo arrojado al vacío en un espectáculo de aquellos que se llamaron de ‘lanzamiento del enano’, afortunadamente prohibidos; y una mujer practicando la prostitución. Ambas alternativas –y podrían citarse otros ejemplos– pueden resultar muy dignas para quien las ejerce, pero ¿fueron decisiones tomadas desde la libertad? En el mejor de los casos, ¿no siempre?

A la hora de la muerte, todos los ciudadanos deberíamos tener derecho a ser atendidos por profesionales preparados específicamente en cuidados paliativos; y tendríamos que recibir, además, estos cuidados no como un privilegio que se nos concede por ser ciudadanos, sino como un derecho ganado en nuestra condición de seres humanos. Veremos que da de sí una ley nacida en tiempo de crisis. Comparto la idea de Federico de Montalbo de que lo importante es que la norma garantice que nadie vaya a ser tratado como una cosa al final de sus días. Que sus necesidades físicas, humanas y espirituales vayan a estar bien cubiertas. Que podamos morir en paz.

La salud al alcance de cualquiera

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