{"id":1530,"date":"2015-07-20T10:34:09","date_gmt":"2015-07-20T08:34:09","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.vocento.com\/latabernademou\/?p=1530"},"modified":"2015-07-20T10:34:09","modified_gmt":"2015-07-20T08:34:09","slug":"la-indigestion-de-la-derrota","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/latabernademou\/2015\/07\/20\/la-indigestion-de-la-derrota\/","title":{"rendered":"La indigesti\u00f3n de la derrota"},"content":{"rendered":"<p>Dice el dicho que de vivir mal a vivir bien te acostumbras en un segundo. De vivir bien a vivir mal no te acostumbras jam\u00e1s. Hemos vivido unos a\u00f1os de esplendor en el deporte posiblemente irrepetibles. Una <strong>d\u00e9cada prodigiosa<\/strong> en la que han coincidido la mejor generaci\u00f3n de deportistas de todos los tiempos. Y, lo m\u00e1s asombroso, de muchos disciplinas, porque es muy raro que exploten a la vez los mejores tenistas, baloncestistas, nadadoras, futbolistas, pilotos, motociclistas o balonmanistas y que hayan consiguido <strong>resultados extraordinarios<\/strong>. De ser un pa\u00eds de segunda fila en el deporte con discretos resultados, salvo alg\u00fan detalle individual, hemos pasado a ser una toda una potencia deportiva temida en medio mundo. Hasta que empezaron a llegar las primeras decepciones y se abri\u00f3 la caja de los truenos de la decepci\u00f3n.<\/p>\n<p><a href=\"\/latabernademou\/wp-content\/uploads\/sites\/127\/2015\/07\/Conchita-Martinez.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-1531\" title=\"Conchita Martinez\" src=\"\/latabernademou\/wp-content\/uploads\/sites\/127\/2015\/07\/Conchita-Martinez.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"186\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/latabernademou\/wp-content\/uploads\/sites\/127\/2015\/07\/Conchita-Martinez.jpg 680w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/latabernademou\/wp-content\/uploads\/sites\/127\/2015\/07\/Conchita-Martinez-300x187.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>La acidez con la que se ha gestionado la eliminatoria de <strong>Copa Davis<\/strong> frente a Rusia es un buen ejemplo de lo mal que digerimos la derrota. Torpezas federativas al margen que, flaco favor ha hecho a la imagen del tenis espa\u00f1ol en el exterior, caer ante los rusos ha despertado a la <strong>bestia autodestructiva<\/strong> que tenemos dentro, con cr\u00edticas feroces a la capitana del equipo, <strong>Conchita Mart\u00ednez<\/strong> y los jugadores elegidos para este papel\u00f3n. La misma virulencia que se desat\u00f3 hace un a\u00f1o con el <strong>baloncesto<\/strong> y el decepcionante Mundial de los de Orenga; los problemas de <strong>Fernando Alonso<\/strong> para volver a subir a un podio de F\u00f3rmula Uno o los de la <strong>selecci\u00f3n de f\u00fatbol<\/strong> que, para muchos, vive de las rentas del mundial logrado en Sud\u00e1frica \u00bfPataleta del nuevo rico acostumbrado a la opulencia? Quiz\u00e1 hayamos olvidado con demasiada facilidad que hace cuatro d\u00edas nuestro deporte caminaba con unas modestas alpargatas y que el salto de calidad ha sido prodigioso. Eso o toneladas de bicarbonato para la indigesti\u00f3n.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dice el dicho que de vivir mal a vivir bien te acostumbras en un segundo. De vivir bien a vivir mal no te acostumbras jam\u00e1s. Hemos vivido unos a\u00f1os de esplendor en el deporte posiblemente irrepetibles. Una d\u00e9cada prodigiosa en la que han coincidido la mejor generaci\u00f3n de deportistas de todos los tiempos. 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