{"id":1081,"date":"2014-02-16T13:40:29","date_gmt":"2014-02-16T11:40:29","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.grada360.com\/la-taberna-de-mou\/?p=1081"},"modified":"2014-02-16T13:40:29","modified_gmt":"2014-02-16T11:40:29","slug":"kale-borroka-futbolera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/latabernademou\/2014\/02\/16\/kale-borroka-futbolera\/","title":{"rendered":"Kale Borroka futbolera"},"content":{"rendered":"<p><!--:es-->No se trataba de una calle de <strong>Beirut <\/strong>ni de la pen\u00faltima escaramuza salvaje en cualquier ciudad de <strong>Siria<\/strong>. No era un videojuego o una carga policial en medio del fragor de una batalla contra manifestantes. Era un campo de f\u00fatbol de la presunta mejor Liga de esta planeta. Un descerebrado no tuvo mejor ocurrencia que entrar en un estadio de f\u00fatbol con un <strong>bote de gas lacrim\u00f3geno<\/strong> para disparar hacia el terreno de juego provocando uno de los episodios m\u00e1s vergonzantes de la historia de este deporte y que arroja por la borda cualquier intento de demostrar al exterior que este no es un pa\u00eds de violentos animales que acuden a los estadios a desfogar su ira y frustraci\u00f3n lanzando mecheros o material antidisturbios.<\/p>\n<p><a href=\"\/latabernademou\/wp-content\/uploads\/sites\/98\/2014\/02\/artefacto-villarreal.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-1082\" src=\"\/latabernademou\/wp-content\/uploads\/sites\/98\/2014\/02\/artefacto-villarreal.jpg\" alt=\"\" width=\"644\" height=\"362\" \/><\/a><br \/>\nPor mucho que ahora nos rasguemos las vestiduras con lo sucedido en <strong>Villarreal o en el Calder\u00f3n<\/strong> y carguemos las tintas contra los autores materiales de estas salvajadas, har\u00edamos mal en no ir m\u00e1s all\u00e1 de la c\u00ednica descarga de responsabilidades. Es cierto que es muy dif\u00edcil controlar a los cuarenta mil espectadores que acuden a un partido de f\u00fatbol. Es imposible impedir que un loco peligroso lance un mechero al campo, pero sorprende e inquieta que un espectador haya podido introducir un bote de humo en un recinto deportivo sin que nadie se percatase. Los <strong>controladores de las puertas <\/strong>de acceso, esos que se afanan en retiran latas o botellas con tap\u00f3n, fueron incapaces de detectarlo. Las <strong>mil c\u00e1maras de seguridad<\/strong> que barren todos los rincones del estadio tampoco pudieron localizar al responsable o responsables de esta &#8216;haza\u00f1a&#8217; cobarde. Tampoco los <strong>compa\u00f1eros de asiento<\/strong> vieron al lanzador, como tampoco vieron o quisieron ver al &#8216;valiente&#8217; que acert\u00f3 en la cabeza de <strong>Cristiano Ronaldo<\/strong> con un mechero en Madrid. Si nadie ve nada, si nadie detecta nada, si la masa protege y encubre al salvaje, el mensaje que se est\u00e1 enviando a los potenciales borrokas del f\u00fatbol es sencillo: bienvenidos, hay barra libre.<\/p>\n<p>Si la respuesta que el f\u00fatbol ofrece a estos comportamientos -ojo, que en esta semana hemos tenido suerte y no hemos lamentado da\u00f1os mayores, que parece que ya hemos olvidado que <strong>hace 21 a\u00f1os <\/strong>muri\u00f3 un ni\u00f1o en el viejo Sarri\u00e1 por el <strong>lanzamiento de una bengala<\/strong>&#8211; es multar con <strong>600 euros<\/strong> al club del mecherazo o a dar un comunicado lamentando los hechos y culpando a &#8216;alguien de fuera&#8217; que solo quiere hacer da\u00f1o al <strong>Villarreal,<\/strong> es que no han entendido absolutamente nada de lo que est\u00e1 sucediendo. As\u00ed lo \u00fanico que se logra es dar pie a que se repita una desgracia. Ni siquiera -y esto es grave- el periodismo deportivo parece darse cuenta de la magnitud de lo sucedido durante esta semana en Espa\u00f1a. Los <strong>plat\u00f3s de las traiciones<\/strong> estaban m\u00e1s ocupados en el est\u00fapido baile de Neymar durante la humillante derrota del Rayo que de las im\u00e1genes b\u00e9licas procedentes de Villarreal. La muerte de <strong>Guillem L\u00e1zaro<\/strong>, de 13 a\u00f1os, sirvi\u00f3 para que los clubes se tomaran en serio el cumplimiento del reglamento que prohib\u00eda la entrada a los estadios con bengalas. El reglamento exist\u00eda. Lo malo es que nadie se lo tomaba en serio.<\/p>\n<p>La violencia en el f\u00fatbol no es exclusivamente una cuesti\u00f3n policial.<strong> Violencia<\/strong> es tener una legislaci\u00f3n vac\u00eda de contenido porque que el culpable de una agresi\u00f3n sale impune. <strong>Violencia<\/strong> es permitir que grupos de fan\u00e1ticos de ideolog\u00edas extremas tengan privilegios y manga ancha por parte de los clubes. <strong>Violencia<\/strong> es permitir que el Mourinho, Del Nido o Laporta de turno incendie un partido con declaraciones irresponsables.<strong> Violencia<\/strong> son unos medios de comunicaci\u00f3n que exageran la confrontaci\u00f3n de equipos, ciudades o comunidades hasta l\u00edmites obscenos. No, es cierto, no somos la Inglaterra de los <strong>hooligans<\/strong>, la Argentina de las<strong> barras bravas<\/strong> o la Holanda de las quedadas para partirse la cabeza, pero est\u00e1n apareciendo ya los primeros s\u00edntomas de que est\u00e1 cambiando la tendencia en nuestro pa\u00eds. La pregunta es si necesitamos otro muerto para que nos lo tomemos en serio.<!--:--><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No se trataba de una calle de Beirut ni de la pen\u00faltima escaramuza salvaje en cualquier ciudad de Siria. No era un videojuego o una carga policial en medio del fragor de una batalla contra manifestantes. Era un campo de f\u00fatbol de la presunta mejor Liga de esta planeta. 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