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	<title>Saah Exco | La columna de Francisco Apaolaza - Blog elcorreo.com</title>
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	<description>Ideas liebre, pirotecnia subjetiva y recopilación de los textos de opinión publicados con mayor o menor audacia por el autor.</description>
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		<pubDate>Mon, 13 Oct 2014 10:00:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Francisco Apaolaza</dc:creator>
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<p>En un centro al que lo acercó algún héroe, Saah se fue más o menos a la misma hora en que sedaban al perro Excalibur en un piso de Alcorcón y un centenar de personas se pegaba con la Policía para que no entraran los veterinarios a la casa de la enfermera. Las velas que portaban eran para el perro, no para el niño, ni siquiera para su dueña. Todavía, a ratos, es como si lo escuchara llorar y me da asco esta silla, este teclado, esta casa, este carro de la compra, estas manos y esta escala de valores enferma sobre la que danzamos a la espera de que termine tan absurda función. Detesto estos amores animales que maquillan el desprecio al ser humano, esta política, este zoom, este boom y este crash. Mi propia supervivencia me enloquece y me empuja a salir a la calle a arrancar los sombreros a los viandantes y a apedrear neones y farolas. Hoy reniego de toda la luz y maldigo la alegría. Los amaneceres, y las fiestas y los besos de los adolescentes, la delicadeza con las que se posan las gotas de rocío sobre la hierba, la perspectiva de los mapas, el sonido del agua y cualquier rastro de primavera, todo eso, digo, debería estar supeditados al gemido de Saah y a sus semejantes que mueren en los rincones, pequeños fantasmas asustados que gritan sin sonido el aullido infantil de nuestra vergüenza.</p>
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