{"id":993,"date":"2014-01-22T11:25:21","date_gmt":"2014-01-22T10:25:21","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=993"},"modified":"2014-01-22T11:25:21","modified_gmt":"2014-01-22T10:25:21","slug":"mujer-objeto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2014\/01\/22\/mujer-objeto\/","title":{"rendered":"Mujer-objeto"},"content":{"rendered":"<p>Hoy toca hablar de mujeres-objeto y de hombres-objeto, o sea, de hombres y mujeres objetificables desde el punto de vista er\u00f3tico o, sin m\u00e1s, sexual. Primero hay que definir y explicar que es esto de la objetificaci\u00f3n de una persona y, para ello, vamos a seguir el trabajo de Philippe Bernard y su grupo de la Universidad Libre de Bruselas. La objetificaci\u00f3n supone que los cuerpos de las personas son examinados y evaluados a fondo como objeto sexual. Veremos c\u00f3mo, seg\u00fan Bernard, esto ocurre sobre todo con las mujeres y no con los hombres. Se puede definir la objetificaci\u00f3n sexual como ver o tratar a una persona como un cuerpo sexualizado, o como una composici\u00f3n de partes sexualizadas de un cuerpo, disponible para satisfacer las necesidades y deseos de otras personas. Adem\u00e1s, la objetificaci\u00f3n sexual de una persona incluye menos inteligencia, p\u00e9rdida de la iniciativa y deshumanizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para Bernard, la dificultad de estudiar la objetificaci\u00f3n sexual de las personas es la falta de un m\u00e9todo para hacerlo y, para solucionarlo, ha desarrollado un ingenioso m\u00e9todo que necesita una explicaci\u00f3n previa. Nuestro cerebro tiene varias maneras de ver y reconocer objetos y personas. Por ejemplo, somos buenos reconociendo rostros; r\u00e1pidamente asignamos una identidad a una cara. Sin embargo, somos malos reconociendo partes del rostro y, si vemos una nariz o un ojo, nos cuesta mucho saber a qui\u00e9n pertenece. En cambio, con los objetos no pasa lo mismo y somos capaces de reconocer el objeto completo, por ejemplo una silla, y una parte del objeto, como el respaldo o una pata de esa silla. Tambi\u00e9n somos buenos reconociendo personas en una fotograf\u00eda pero, sin embargo, nos cuesta y podemos tardar unos segundos para conseguirlo y si nos presentan la fotograf\u00eda invertida. De nuevo, con los objetos no tenemos la misma dificultad y los reconocemos igual al derecho y al rev\u00e9s. Y Philippe Bernard se aprovecha de este funcionamiento de nuestro cerebro para ver y reconocer im\u00e1genes normales y al rev\u00e9s de personas, y supone que quien sea igualmente reconocido lo ser\u00e1 como objeto y quien sea dif\u00edcil de reconocer al rev\u00e9s, lo ser\u00e1 como persona. Por ello, va a presentar fotograf\u00edas de hombres y mujeres, vestidos con un sucinto traje de ba\u00f1o y en actitud sexy a voluntarios a va a medir su dificultad o no de reconocerlos en im\u00e1genes invertidas.<\/p>\n<p>Como voluntarios tiene 78 universitarios, de ellos 37 son mujeres, y con una edad media de 20.5 a\u00f1os. Cada uno de ellos ver\u00e1 48 fotograf\u00edas de hombres y mujeres en traje de ba\u00f1o. Son 24 fotograf\u00edas de hombre y 24 de mujeres y cada uno de estos grupo incluye 12 im\u00e1genes invertidas. Los voluntarios ven las im\u00e1genes en la pantalla de un ordenador, cada una de ellas durante 250 milisegundos, seguida de pantalla en negro durante 1 segundo y, despu\u00e9s, aparecen dos im\u00e1genes, una de las cuales es la que han visto antes pero ahora, si era invertida, aparece al derecho, y se les pide que se\u00f1alen la imagen que vieron antes. Recuerden que si se trata de una imagen invertida y la reconocen es porque consideran que lo que vieron antes es un objeto y no una persona.<\/p>\n<p>Pues bien, las im\u00e1genes al derecho, sean de hombre o de mujer, las identifican con acierto el 85% de los voluntarios y, recuerden la objetificaci\u00f3n, casi con la misma eficacia, el 80%, las im\u00e1genes de mujer invertidas. En cambio, cuesta algo m\u00e1s reconocer la imagen invertida del hombre, lo hace el 70% de los participantes. Ya ven, como las mujeres se reconocen por igual al derecho y al rev\u00e9s, son objetos, pero los hombres no son tan objetos, son gente, pues cuesta reconocerlos al rev\u00e9s. Y en el experimento no hay diferencia, o por lo menos Bernard no lo menciona, entre voluntarios hombres y mujeres. Adem\u00e1s, Bernard reconoce que no sabe por qu\u00e9 existe esta diferencia. Queda para el futuro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Bernard, P. y 4 colaboradores. 2012. Integrating sexual objetification with object versus person recognition: The sexualized-body-inversion hypothesis. Psychological Science DOI:10.1177\/0956797611434748<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hoy toca hablar de mujeres-objeto y de hombres-objeto, o sea, de hombres y mujeres objetificables desde el punto de vista er\u00f3tico o, sin m\u00e1s, sexual. 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