{"id":977,"date":"2013-12-18T18:16:05","date_gmt":"2013-12-18T17:16:05","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=977"},"modified":"2013-12-18T18:16:05","modified_gmt":"2013-12-18T17:16:05","slug":"impaciencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2013\/12\/18\/impaciencia\/","title":{"rendered":"Impaciencia"},"content":{"rendered":"<p>Por lo que nos cuentan Chen-Bo Zhong y Sanford DeVoe, no es s\u00f3lo que vayamos a restaurantes de comida r\u00e1pida cuando tenemos prisa sino que, por lo visto, la exposici\u00f3n, incluso inconsciente, a la comida r\u00e1pida o a sus anuncios es que nos mete m\u00e1s prisa, nos convierte en impacientes.<\/p>\n<p>Por ejemplo, en uno de sus experimentos colocan a 57 voluntarios ante un ordenador y les piden que fijen su mirada en el centro de la pantalla. A la vez, el ordenador dispara unos flashes, que duran 80 milisegundos (la mil\u00e9sima parte de un segundo), y que contienen im\u00e1genes, que duran 12 milisegundos, de los logos de varias marcas de comida r\u00e1pida como MacDonald\u2019s, Kentucky Fried Chicken, Burger King y otras. Despu\u00e9s, en la pantalla del ordenador aparece un texto que contiene exactamente 249 palabras y se pide a los voluntarios que lean con rapidez. El experimentador toma el tiempo que tarda el voluntario en hacerlo. En otra sesi\u00f3n, los voluntarios repiten el ejercicio con la \u00fanica diferencia de que los flashes no incluyen los logos de las empresas de comida r\u00e1pida. Pues bien, cuando se incluyen los logos, la media de tiempo que se tardan en leer las 249 palabras es 69.54 segundos mientras que, sin logos, se leen en 84.01 segundos, o sea, que con comida r\u00e1pida, a\u00fan inconscientemente y sin probarla, se lee casi un 20% m\u00e1s r\u00e1pido.<\/p>\n<p>En otro experimento, nuestros autores invitan a 57 a voluntarios a comer en un local de comida r\u00e1pida o en un restaurante normal y, despu\u00e9s, se les pide que punt\u00faen de 1 a 5 diversos productos que aparecen en dos versiones, una normal y otra que ahorra tiempo. Como ejemplo nos sirve una tostadora que, de una marca, tuesta una rebanada de pan, y de otra marca, tuesta cuatro rebanadas. Como era de esperar los que vienen de alimentarse de comida r\u00e1pida punt\u00faan m\u00e1s los productos que ahorran tiempo; la tostadora de una rebanada saca un 2.23 mientras que la de cuatro rebanadas llega hasta 4.04, casi el doble. De media, los de la comida r\u00e1pida punt\u00faan los productos un 20% que los que vienen del restaurante de men\u00fa del d\u00eda.<\/p>\n<p>Ya ven, la comida r\u00e1pida nos mete prisa, nos hace impacientes. Los autores sugieren que quiz\u00e1 se debe a que la caracter\u00edstica esencial de la comida r\u00e1pida, la que la define, es precisamente esa, que es r\u00e1pida, que se debe servir y consumir al momento, y lo tenemos tan asumido que, solo de pensar en comida r\u00e1pida, ya estamos impacientes por comerla.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Zhong, C.-B. &#038; S.E. DeVoe. 2010. You are how you eat: Fast food and impatience. Psychological Science 21: 619-622.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por lo que nos cuentan Chen-Bo Zhong y Sanford DeVoe, no es s\u00f3lo que vayamos a restaurantes de comida r\u00e1pida cuando tenemos prisa sino que, por lo visto, la exposici\u00f3n, incluso inconsciente, a la comida r\u00e1pida o a sus anuncios es que nos mete m\u00e1s prisa, nos convierte en impacientes. Por ejemplo, en uno de [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":32,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/977"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/users\/32"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=977"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/977\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=977"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=977"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=977"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}