{"id":938,"date":"2013-09-27T11:39:37","date_gmt":"2013-09-27T10:39:37","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=938"},"modified":"2013-09-27T11:39:37","modified_gmt":"2013-09-27T10:39:37","slug":"testosterona-veraz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2013\/09\/27\/testosterona-veraz\/","title":{"rendered":"Testosterona veraz"},"content":{"rendered":"<p>Decir la verdad es una norma social casi universal. Casi todas las culturas condenan la mentira y, cuando se sospecha e, incluso, se descubre que alguien miente en propio beneficio, la condena es inmediata y el mentiroso queda desacreditado. Y, sin embargo, hay quien miente y la mentira existe. Matthias Wibral y sus colegas de la Universidad de Bonn, en Alemania, plantean lo poco que sabemos de las bases biol\u00f3gicas de la mentira y, para empezar con algo, han estudiado la relaci\u00f3n de las hormonas con la mentira, comenzando con la testosterona.<\/p>\n<p>Esta hormona, adem\u00e1s de intervenir en la reproducci\u00f3n y en el desarrollo del cerebro, tambi\u00e9n influye en la conducta y en las relaciones sociales. Wibral nos recuerda que la testosterona y la agresividad ya se sabe que est\u00e1n relacionadas aunque, en estudios recientes, la hormona tambi\u00e9n parece unida a las conductas prosociales y a controlar los comportamientos ego\u00edstas. Por tanto, relacionar testosterona y mentira es una hip\u00f3tesis no muy aventurada.<\/p>\n<p>Los autores trabajan con 91 hombres, voluntarios, con una edad media de 24.32 a\u00f1os. Se les divide en dos grupos y uno de ellos recibe testosterona por medio de un gel que se aplica en el antebrazo; el otro grupo, que ser\u00e1 el control, recibe igualmente el gel pero sin la hormona. Al d\u00eda siguiente, cada voluntario hace un experimento que no tiene nada que ver con la testosterona y despu\u00e9s, reciben un dado que deben tirar cuando est\u00e1n solos en una habitaci\u00f3n. Los n\u00fameros del 1 al 5 m\u00e1s el 6 como 0 ser\u00e1n los euros que recibir\u00e1n por el experimento realizado. Meten el n\u00famero que les ha salido en el ordenador y, cuando marchan, cobran. Y, adem\u00e1s, se les toma una muestra de sangre para conocer la concentraci\u00f3n de testosterona en sangre. NI siquiera los investigadores conocen el n\u00famero que les ha salido al tirar el dado y, por tanto, no saben si cada individuo miente o no.<\/p>\n<p>Pero, es curioso, cuando los autores analizan los datos descubren una tendencia sorprendente: el 34.78% de los voluntarios que han recibido el gel con testosterona y tienen la hormona en la sangre declaran que les ha salido un 5 y esperan, por tanto, cobrar 5 euros. Un porcentaje quiz\u00e1 demasiado alto pero m\u00e1s o menos cre\u00edble. Sin embargo, entre los que no recibieron la testosterona el porcentaje de los que dicen que les ha salido el 5 es nada menos que del 62.22%. Vamos, que se salta todas las probabilidades y empuja a los autores a afirmar que, entre ellos, por lo menos la mitad miente. Ya ven, todos mienten, pero los que no tienen testosterona mienten el doble. Gracias a que, como dec\u00eda al principio, la mentira es rechazada socialmente, sino fig\u00farense lo que ser\u00eda esto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Wibral, M. y 4 colaboradores. 2012. Testosterone administration reduces lying in men. PLoS one 7: e46774<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Decir la verdad es una norma social casi universal. Casi todas las culturas condenan la mentira y, cuando se sospecha e, incluso, se descubre que alguien miente en propio beneficio, la condena es inmediata y el mentiroso queda desacreditado. Y, sin embargo, hay quien miente y la mentira existe. 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