{"id":913,"date":"2013-07-17T16:54:01","date_gmt":"2013-07-17T15:54:01","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=913"},"modified":"2013-07-17T16:54:01","modified_gmt":"2013-07-17T15:54:01","slug":"aliviar-el-dolor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2013\/07\/17\/aliviar-el-dolor\/","title":{"rendered":"Aliviar el dolor"},"content":{"rendered":"<p>Todos los animales, incluyendo nuestra especie, buscan el placer y evitan el dolor. Pero el dolor es necesario para la supervivencia; avisa de que algo va mal y empuja a evitarlo y a repararlo si es posible. Es una respuesta biol\u00f3gica ante los fallos de funcionamiento del organismo y avisa de los ataques desde el entorno. Sin embargo y aunque el dolor sea beneficioso, la respuesta debe ser, siempre, evitarlo, huir de \u00e9l. Y todos los m\u00e9todos que conozcamos que alivien el dolor son bienvenidos. Buscamos, en general, la analgesia o disminuci\u00f3n de la sensaci\u00f3n de dolor sin perder la consciencia; otra cosa ser\u00eda la anestesia que, al bloquear todas las sensaciones y no solo el dolor, incluye la p\u00e9rdida de consciencia. Bien, pues ahora vamos a repasar algunos m\u00e9todos de alivio del dolor, sin ser exhaustivos pues t\u00e9cnicas hay muchas.<\/p>\n<p><strong>Deslocalizar el dolor<\/strong><\/p>\n<p>Si el dolor nos debe avisar del alg\u00fan da\u00f1o en el organismo, la localizaci\u00f3n del dolor ser\u00e1 entonces una parte esencial del proceso, y todo lo que hagamos para confundir esa localizaci\u00f3n parece que alivia el dolor, seg\u00fan nos explican expertos en este asunto como A. Gallace y su grupo, de la Universidad de Mil\u00e1n. Consiguen confundir al cerebro en la localizaci\u00f3n del dolor de una manera muy sencilla. Lo estudian con 20 voluntarios, la mitad mujeres y con una edad media de 29 a\u00f1os. Les provocan un dolor suave con electricidad o con l\u00e1ser y, con una escala que va de 0 a 100, punt\u00faan el dolor que sienten. Y el dolor alcanza menos intensidad cuando los voluntarios colocan, simplemente, un antebrazo encima del otro (el izquierdo sobre el derecho), teniendo ambos encima de una mesa.<\/p>\n<p>Proponen que, cruzando los brazos, confundimos nuestra habilidad para localizar el dolor pues mezclamos la informaci\u00f3n que llega a los dos hemisferios cerebrales y, de esta manera, el dolor que siente, que es evidente que lo debemos sentir en el cerebro, disminuye.<\/p>\n<p>Pero Marjolein Kammers y su equipo del Colegio Universitario de Londres, consiguen lo mismo, desconcertar nuestro sistema de localizaci\u00f3n del dolor en el cerebro, de una manera todav\u00eda m\u00e1s sencilla, con un simple toque. Para provocar el dolor, el voluntario sumerge su dedo medio en agua a 14\u00baC y los dedos \u00edndice y anular en agua a 43\u00baC.\u00a0 El cerebro, desconcertado, siente, y as\u00ed lo declara el voluntario, que la temperatura del agua en la que est\u00e1 el dedo medio es m\u00e1s alta que en la que se encuentran los otros dos dedos, y que llega a sentir dolor. Pues bien, si saca los dedos del agua y los toca con los mismos dedos de la otra mano, que han pasado por el mismo tratamiento, el calor percibido es menor y, seg\u00fan declaran los voluntarios, el dolor baja una media del 64%. El m\u00e9todo no funciona si la mano que toca es de otra persona.<\/p>\n<p>De nuevo la percepci\u00f3n del dolor en el cerebro queda confundida, y seg\u00fan los autores tambi\u00e9n es por que hemos perturbado la comunicaci\u00f3n entre los dos hemisferios cerebrales al hacer intervenir las dos manos.<\/p>\n<p><strong>El amor<\/strong><\/p>\n<p>Hay otras formas de aliviar el dolor que tienen que ver, otra vez, con el complicado funcionamiento de nuestro cerebro que, poco a poco, comenzamos a vislumbrar. As\u00ed, uno de los sistemas m\u00e1s agradables de nuestro cerebro es aquel que nos recompensa cuando hacemos algo que nuestra biolog\u00eda y la evoluci\u00f3n quieren que hagamos. Es obvio que ya conocemos f\u00e1rmacos que activan este sistema de recompensas y, por tanto, alivian el dolor. Pero Jarred Younger y sus colegas, de la Universidad de Stanford, nos proponen otra manera de activar la recompensa. Ya saben que en las primeras fases de la relaci\u00f3n rom\u00e1ntica, en el apasionado enamoramiento, el cerebro pone en marcha los sistemas de recompensa (la evoluci\u00f3n ha seleccionado en nuestra especie el enamoramiento muy recompensado para comprometer a los dos miembros de la pareja en el cuidado de las cr\u00edas). Por tanto, se preguntan si el romanticismo y el amor, adem\u00e1s del desbarajuste vital, resulta que tambi\u00e9n alivian el dolor al activar los sistemas de recompensa. Y se proponen averiguarlo.<\/p>\n<p>Participan 15 universitarios, con 8 mujeres, de 19 a 21 a\u00f1os y una edad media de 20 a\u00f1os. Primero pasan una encuesta, llamada PLS, del ingl\u00e9s \u201cPassionate Love Scale\u201d,\u00a0 para conocer su nivel de enamoramiento. Los investigadores, para provocarles dolor, les piden que metan la mano en agua a 40\u00baC o m\u00e1s y que punt\u00faen el dolor que sienten. A la vez, ven la foto de su pareja o la foto de un amigo o hacen una tarea con palabras que distrae y est\u00e1 probado que disminuye la percepci\u00f3n del dolor. Tambi\u00e9n se obtiene un esc\u00e1ner cerebral para comprobar si se activan los sistemas de recompensa.<\/p>\n<p>Pues bien, tanto la foto del amigo como la tarea con palabras distraen y disminuyen del dolor. Tambi\u00e9n lo hace la foto de la pareja pero, el amor, adem\u00e1s, activa el sistema de recompensas del cerebro, tal como se ve en el esc\u00e1ner (am\u00edgdala, corteza lateral \u00f3rbitofrontal).<\/p>\n<p><strong>Insalivar<\/strong><\/p>\n<p>Otra manera de aliviar el dolor es chupar donde duele, algo que todos hemos hecho alguna vez de manera instintiva. Con ello acercamos al dolor la caricia, que ye he mencionado, y la saliva que, ahora veremos, tiene un compuesto con un potente analg\u00e9sico. Como nos cuentan Catherine Rougeot y su grupo, del Instituto Pasteur de Par\u00eds, las encefalinas son un compuesto de nuestro organismo que alivian el dolor. Se unen a receptores de la membrana de las neuronas y disminuyen la sensaci\u00f3n de dolor en el cerebro. Por tanto, lo que sea activa nuestras c\u00e9lulas sensoriales del dolor y la sensaci\u00f3n se transmite al cerebro y, de inmediato, se sintetizan encefalinas para aliviar el dolor, lo que provoca su disminuci\u00f3n pero, tambi\u00e9n, se producen unas enzimas, las peptidasas, que destruyen a su vez a las encefalinas para que, de nuevo, podamos sentir el dolor. Es necesario que esto ocurra pues es peligroso dejar de sentir el dolor; quiz\u00e1 lo que nos hace da\u00f1o nos puede producir un mal mayor. As\u00ed funciona: dolor por cualquier causa, alivio por las encefalinas, vuelta al dolor por destrucci\u00f3n de las encefalinas por peptidasas. Pues bien, la sustancia presente en la saliva, la opiorfina, impide que las peptidasas funcionen y consigue que las encefalinas duren m\u00e1s tiempo y, en consecuencia, que sintamos menos dolor.<\/p>\n<p><strong>Comer y beber<\/strong><\/p>\n<p>Comer y beber tambi\u00e9n alivia el dolor, tal como nos cuentan Hayley Foo y Peggy Mason, de la Universidad de Chicago. Es lo que llaman analgesia por ingesti\u00f3n y los autores proponen que comer y beber interfiere, de alguna manera, con la sensaci\u00f3n de dolor que llega al cerebro. Es un mecanismo similar, como hemos comentado antes, a la deslocalizaci\u00f3n del dolor en el cerebro.<\/p>\n<p>Su investigaci\u00f3n est\u00e1 hecha con ratas de laboratorio a las que provoca un dolor suave subiendo la temperatura de su jaula y midiendo el tiempo que resisten antes de intentar huir. Comer chocolate, sacarosa o sacarina o beber agua, disminuye la sensaci\u00f3n de dolor pues las ratas aguantan m\u00e1s tiempo el calor en sus jaulas. Por cierto, el chocolate que toman, quiz\u00e1 lo m\u00e1s apetitoso de todo lo que ensayan Foo y Mason para aliviar el dolor, es Nestl\u00e9 Toll House, un chocolate con leche.<\/p>\n<p>Para los autores, que el comer y el beber alivie el dolor es un mecanismo de supervivencia seleccionado por la evoluci\u00f3n pues vive m\u00e1s quien aguanta el dolor, atenuado eso s\u00ed, y se alimenta que los que, con dolor, dejan de comer y beber.<\/p>\n<p>En resumen, y yendo a lo \u00fatil, que beber agua y comer chocolate alivia el dolor.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n es cierto, y lo sabemos por los trabajos de Kristina Eggleston y Theresa White, del MIT de Cambridge, en Estados Unidos, que el chocolate puede aliviar el dolor por la acci\u00f3n de los flavonoides del cacao que est\u00e1 demostrado que disminuyen la inflamaci\u00f3n, lo que alivia el dolor, e incluso desactivan algunas cordones nerviosos, por ejemplo el trig\u00e9mino (aunque tambi\u00e9n se recomienda evitar el chocolate si se padecen migra\u00f1as). Adem\u00e1s, el chocolate provoca la liberaci\u00f3n de sustancias que alivian el dolor como las encefalinas que antes he mencionado.<\/p>\n<p>Esto de comer y beber parece que funciona, incluso, de manera preventiva, o sea, si se toma antes, y cuando llegue el dolor, doler\u00e1 menos. Lo han demostrado Vegard Strom y sus colegas, de la Universidad de Oslo, respecto del caf\u00e9 de oficina. A 48 voluntarios, todos ellos trabajadores de oficina con mesa y ordenador, los investigadores les proporcionan caf\u00e9. A 22 de los voluntarios les duele el cuello y los hombros y los otros 26 no se quejan de padecer lo mismo. Entran a trabajar entre las 8 y las 9 de la ma\u00f1ana y, al llegar, toman una taza de caf\u00e9, si les apetece, y un desayuno ligero. Despu\u00e9s se sientan en su mesa y cumplen una tarea de procesador de textos en el ordenador durante hora y media, con media hora de descanso. Al terminar, punt\u00faan sus dolores de cuello y espalda entre 0 y 100.<\/p>\n<p>Seg\u00fan las puntuaciones, los que han tomado caf\u00e9 sienten un 14% de intensidad de dolor que los que no lo toman. Los autores sugieren que quiz\u00e1 sea que la cafe\u00edna inhibe la llegada al cerebro de la sensaci\u00f3n de dolor.<\/p>\n<p><strong>Juramentos<\/strong><\/p>\n<p>Y, para terminar, una t\u00e9cnica de alivio del dolor que todos hemos usado y que, me parece, es muy antigua: jurar, soltar tacos, \u201cechar votos y reniegos\u201d que dice el Diccionario,\u00a0 utilizar un lenguaje ofensivo y obsceno como definen Richard Stephens y sus colegas de la Universidad de Keele, en Inglaterra. En fin, que jurar es una respuesta casi instintiva al dolor, aunque sabemos poco del dolor que siente el que jura cuando le duele y jura.<\/p>\n<p>Para averiguarlo, nuestros autores trabajan con 67 universitarios, de ellos 29 mujeres, a los que se mide su aguante en tener metida una mano en un ba\u00f1o de agua a 5\u00baC, mientras unos sueltan palabrotas y los otros palabras cualesquiera. Pues bien, los voluntarios con palabrotas aguantan el fr\u00edo algo as\u00ed como un 25% m\u00e1s que los voluntarios sin palabrotas y la sensaci\u00f3n de dolor es entre un 20% y un 30% menor. Ya ven, \u201cechar votos y reniegos\u201d alivia el dolor.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, soltar tacos tambi\u00e9n aumenta la frecuencia card\u00edaca, lo que lleca a Stephens a sugerir que las palabrotas, ante un da\u00f1o y un dolor, provocan una respuesta del tipo \u201clucha o huye\u201d, lo que implica una respuesta f\u00edsica intensa para huir o luchar contra lo que hace da\u00f1o. Es obvio que esa respuesta se ve facilitada por sentir menos dolor y por el aumento de la frecuencia card\u00edaca.<\/p>\n<p>Sin embargo, ya en el grupo de voluntarios que participa en el trabajo, Stephens detecta que hay personas a las que las palabrotas no les producen alivio del dolor, y en un nuevo trabajo trata de averiguar a que se debe esta falta de respuesta. Consigue una aproximaci\u00f3n por medio de una encuesta que revela que los juramentos pierden eficacia para aliviar el dolor si se utilizan habitualmente durante la vida diaria de la persona. En fin, que cuanto m\u00e1s se jure en la vida diaria menos se alivia el dolor con los juramentos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Eggleston, K.M. &#038; T. White. 2013. Chocolate and pain tolerance. Chocolate in Health and Nutrition. Springer. DOI:10.1007\/978-1-61779-803-0-32<\/p>\n<p>*Foo, H. &#038; P. Mason. 2009. Analgesia accompanying food consumption requires ingestion of hedonic foods. Journal of Neuroscience 29: 13053-13062.<\/p>\n<p>*Gallace, A. y 3 colaboradores. 2011. The analgesic effect of crossing the arms. Pain 152: 1418-1423.<\/p>\n<p>*Kammers, M.P:M., F. de Vignemont &#038; P. Haggard. 2010. Cooling the thermal grill through self-touch. Current Biology 20: 1819-1822.<\/p>\n<p>*Rougeot, C. y 4 colaboradores. 2010. Systematically active human opiorphin is a potent yet non-addictive analgesic without drug tolerance effects. Journal of Physiology and Pharmacology 61: 483-490.<\/p>\n<p>*Stephens, R., J. Atkins &#038; A. Kingston. 2009. Swearing as a response to pain. NeuroReport 20: 1056-1060.<\/p>\n<p>*Stephens, R. &#038; C. Unfand. 2011. Swearing as a response to pain \u2013 Effect of daily swearing frequency. Journal of Pain 12: 1274-1281.<\/p>\n<p>*Strom, V., C. Roe &#038; S. Knardahl. 2012. Coffee intake and development of pain during computer work. BMC Research Notes doi:10.1186\/1756-0500-5-480<\/p>\n<p>*Wisner, A. y 6 colaboradores. 2006. Human opiorphin, a natural antinociceptive modulator of opioid-dependent pathways. Proceedings of the NationalAcademy of SciencesUSA103: 17979-17984.<\/p>\n<p>*Younger, J. y 4 colaboradores. 2010. Viewing pictures of a romantic partner reduces experimental pain: Involvement of neural reward systems. PLoS one 5: e13309<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todos los animales, incluyendo nuestra especie, buscan el placer y evitan el dolor. Pero el dolor es necesario para la supervivencia; avisa de que algo va mal y empuja a evitarlo y a repararlo si es posible. 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