{"id":885,"date":"2013-04-22T10:15:45","date_gmt":"2013-04-22T09:15:45","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=885"},"modified":"2013-04-22T10:15:45","modified_gmt":"2013-04-22T09:15:45","slug":"examen-de-ingreso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2013\/04\/22\/examen-de-ingreso\/","title":{"rendered":"Examen de ingreso"},"content":{"rendered":"<p>Hace un tiempo hablamos del cerebro de los taxistas de Londres y nos enteramos que su cerebro, en concreto el hipocampo, cambiaba seg\u00fan aprend\u00edan las direcciones de las 25000 calles de de su ciudad y planificaban los recorridos cuando se montaba un cliente en su coche. Y resulta que ahora, nos cuentan Allyson Mckey y sus colegas de la Universidad de California en Berkeley, que a los abogados les pasa algo parecido. Los aspirantes a Licenciados en Derecho, en Estados Unidos, tienen que superar un examen de ingreso para entrar en la Facultad de Derecho. El examen se llama LSAT (en ingl\u00e9s, Law School Admission Test) y consta de tres grandes apartados: juegos l\u00f3gicos, razonamiento l\u00f3gico y comprensi\u00f3n lectora (un ejemplo de este test en <a href=\"http:\/\/www.lsac.org\/jd\/pdfs\/SamplePTJune.pdf\" rel=\"external nofollow\">http:\/\/www.lsac.org\/jd\/pdfs\/SamplePTJune.pdf<\/a>).<\/p>\n<p>Los autores trabajan con 25 voluntarios, de ellos 14 son mujeres y su edad media es de 21.4 a\u00f1os. Est\u00e1n preparando el LSAT y pasan dos escaners de su cerebro, con unos 90 d\u00edas de media entre uno y otro, al principio y el final del periodo de tres meses que dura el seguimiento que les hacen mientras estudian.<\/p>\n<p>La capa m\u00e1s interna de nuestro cerebro, que se llama sustancia blanca, no tiene cuerpos de neuronas sino prolongaciones de estas c\u00e9lulas que conectan diferentes zonas del cerebro. Y es esta sustancia blanca la que cambia en los voluntarios en esos tres meses de preparaci\u00f3n del LSAT. Los cambios se detectan en la conexi\u00f3n entre las cortezas de los l\u00f3bulos frontales y en la conexi\u00f3n entre los l\u00f3bulos frontales y parietales. Seg\u00fan los autores, estas \u00e1reas del cerebro, ahora mejor conectadas por la intensa preparaci\u00f3n para el examen, son las encargadas del razonamiento. En fin, que el cerebro, con entrenamiento y dedicaci\u00f3n, cambia y su estructura y, en consecuencia, su funci\u00f3n, puede, por tanto, mejorar. O sea que, a pesar de lo que creemos sobre la inevitabilidad de nuestra manera de pensar, tambi\u00e9n en un adulto se puede mejorar la capacidad de razonar.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Mackey, A.P., K.J. Whitaker &#038;S.A.Bunge. 2012. Experience-dependent plasticity in white matter microstructure: reasoning training alters structural connectivity. Frontiers in Neuroanatomy DOI:10.3389\/fnana.2012.00032<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace un tiempo hablamos del cerebro de los taxistas de Londres y nos enteramos que su cerebro, en concreto el hipocampo, cambiaba seg\u00fan aprend\u00edan las direcciones de las 25000 calles de de su ciudad y planificaban los recorridos cuando se montaba un cliente en su coche. Y resulta que ahora, nos cuentan Allyson Mckey y [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":32,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/885"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/users\/32"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=885"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/885\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=885"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=885"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=885"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}