{"id":879,"date":"2013-04-09T14:56:07","date_gmt":"2013-04-09T13:56:07","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=879"},"modified":"2013-04-09T14:56:07","modified_gmt":"2013-04-09T13:56:07","slug":"dulce-infancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2013\/04\/09\/dulce-infancia\/","title":{"rendered":"Dulce infancia"},"content":{"rendered":"<p><em>Para mi prima Claudia que el verano pasado afirm\u00f3 que lo dulce gusta a los ni\u00f1os, lo amargo a los mayores y que, si era necesario, presentar\u00eda pruebas cient\u00edficas para demostrarlo. Claudia, aqu\u00ed llega la ciencia para apoyarte. Va por ti.<\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>No nos enga\u00f1emos, el deseo humano por lo dulce alcanza a todas las edades, razas y culturas. Como ejemplo y, en general, se puede afirmar que as\u00ed ser\u00e1 nuestro futuro, nos puede servir Estados Unidos. Adam Drewnowski y su grupo, de la Universidad de Washington en Seattle, nos cuentan como, de la energ\u00eda que toman de la dieta los estadounidenses, el 15.9% son az\u00facares en ni\u00f1os de 2 a 5 a\u00f1os y del 18.6% en los de 6 a 11 a\u00f1os. No hay que olvidar que el dulce relaja a los beb\u00e9s e, incluso, les provoca la sonrisa. Adem\u00e1s, tiene efecto analg\u00e9sico y calma el dolor. Estos az\u00facares van en refrescos (bebidas dulces) y en leche con sabores. Despu\u00e9s de los 11 a\u00f1os, en la adolescencia, sigue el consumo de refrescos y se a\u00f1aden jarabes, pastelitos, galletas y dem\u00e1s. Despu\u00e9s de la adolescencia, en la vida adulta, baja el consumo de az\u00facar.<\/p>\n<p>En la evoluci\u00f3n se ha seleccionado el consumo de alimentos dulces en la infancia como una conducta necesaria\u00a0 para obtener energ\u00eda y nutrientes esenciales. Los ni\u00f1os nacen poco desarrollados y necesitan crecer y, para ello, los alimentos dulces proporcionan gran cantidad de energ\u00eda. Es la base biol\u00f3gica de nuestro gusto por lo dulce aunque, quiz\u00e1, en una sociedad sobrealimentada como la nuestra, ha perdido su importancia.<\/p>\n<p>Pero, como siempre, la base biol\u00f3gica de nuestra conducta es fuerte y la preferencia por lo dulce en los ni\u00f1os sigue vigente. Por ejemplo, Julie Menella y sus colegas del Centro Monell de Sentidos Qu\u00edmicos de Philadelphia, han estudiado el gusto por el dulce y las grasas en ni\u00f1os y en sus madres. Son 84 ni\u00f1os, de5 a10 a\u00f1os, y sus 67 madres, los que eligen las concentraciones de az\u00facar y grasa en pasteles y de az\u00facar en agua por el m\u00e9todo de la elecci\u00f3n entre dos opciones. Adem\u00e1s, clasifican los pasteles por su textura, cremosidad y dulzura. Pues bien, los ni\u00f1os prefieren los pasteles m\u00e1s dulces y con menos grasa que sus madres. Ya ven, los ni\u00f1os gustan m\u00e1s del dulce que los adultos.<\/p>\n<p>Un segundo ejemplo sobre el dulce y los ni\u00f1os se puede extraer de los datos obtenidos por el IDEFICS (en ingl\u00e9s, IDentification and prevention of dietary and lifestyle induced health EFects In Children and infantS), un estudio financiado por la Comisi\u00f3n Europea. En la publicaci\u00f3n de Lauren Lissner y su grupo, de la Universidad de Gothenburg, en Suecia, nos cuentan que los datos de IDEFICS se obtuvieron entre septiembre de 2007 y junio de 2008 en Italia, Estonia, Chipre, B\u00e9lgica, Suecia, Alemania, Hungr\u00eda y Espa\u00f1a, con encuestas a ni\u00f1os de 2 a 9 a\u00f1os de edad. En total son 15144, con el 49% de chicas, y de Espa\u00f1a son 1467 ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Los autores relacionan dieta y tiempo ante la televisi\u00f3n. Tienen tres indicadores sobre la televisi\u00f3n: tiempo de los ni\u00f1os viendo la televisi\u00f3n; si ven la televisi\u00f3n durante las comidas; y, finalmente, si tienen televisi\u00f3n en el dormitorio. Cuando ven la tele, el 57.2% de los ni\u00f1os y el 56.5% de las ni\u00f1as comen algo y prefieren alimentos ricos en grasa y, sobre todo, ricos en az\u00facar, los dulces en definitiva. Tambi\u00e9n se demuestra que existe una relaci\u00f3n estrecha entre los alimentos ricos en az\u00facar y la obesidad. Ya ven, una conducta seleccionada por la evoluci\u00f3n para que nuestras indefensas cr\u00edas salgan adelante, en nuestra sociedad, se ha convertido en un posible peligro para su salud. Ni\u00f1os, ya sab\u00e9is, ver la tele, pero que sea sin dulces.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Drewnowski, A. y 3 colaboradores. 2012. Sweetness and food preferences. Journal of Nutrition 142: 1142S-1148S.<\/p>\n<p>*Lissner, L. y 16 colaboradores. 2012. Television habits in relation to overweight, diet and taste preferences in European children: the IDEFICS study. European Journal of Epidemiology DOI:10.1007\/s10654-012-9718-2<\/p>\n<p>*Menella, J:A., S. Finkbeiner &#038; D.R. Reed. 2012. The proof is in the pudding: children prefer lower fat but higher sugar than do mothers. International Journal of Obesity doi:10.1038\/ijo.2012.51<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para mi prima Claudia que el verano pasado afirm\u00f3 que lo dulce gusta a los ni\u00f1os, lo amargo a los mayores y que, si era necesario, presentar\u00eda pruebas cient\u00edficas para demostrarlo. Claudia, aqu\u00ed llega la ciencia para apoyarte. 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