{"id":842,"date":"2012-12-28T14:42:51","date_gmt":"2012-12-28T13:42:51","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=842"},"modified":"2012-12-28T14:42:51","modified_gmt":"2012-12-28T13:42:51","slug":"lactosa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2012\/12\/28\/lactosa\/","title":{"rendered":"Lactosa"},"content":{"rendered":"<p>Somos mam\u00edferos. Nos criamos con la leche de nuestras madres. La mayor fuente de energ\u00eda en la leche de mam\u00edferos es el hidrato de carbono lactosa. Su mol\u00e9cula est\u00e1 formada por dos az\u00facares, glucosa y galactosa, que no podemos aprovechar mientras se mantengan unidos. Primero debemos romper la mol\u00e9cula de lactosa en sus dos az\u00facares y, una vez est\u00e9n libres, los podemos absorber por el intestino. Para fragmentar la lactosa tenemos, tambi\u00e9n en el intestino, una enzima llamada lactasa. Estos son los hechos.<\/p>\n<p>Mientras nuestras cr\u00edas se alimentan de la leche materna, la lactasa ejerce su funci\u00f3n y digiere la lactosa en glucosa y galactosa. Pero, cuando la cr\u00eda crece y va ampliando su dieta, la lactasa va desapareciendo hasta que llega el destete. Sin embargo, algunos adultos de nuestra especie siguen teniendo lactasa y, por tanto, se pueden alimentar de leche fresca aunque hayan dejado atr\u00e1s la infancia. M\u00e1s o menos, el 35% de los adultos de nuestra especie que viven en la actualidad siguen teniendo lactasa. Pero este porcentaje var\u00eda extraordinariamente entre poblaciones humanas, entre continentes y, tambi\u00e9n, dentro de los continentes.<\/p>\n<p>En general, la presencia de lactasa es mayor en el norte de Europa. En el este y el sur de Europa aparece en el 15% al 54% de los adultos, y en el centro y el oeste va del 62% al 86%, y en las Islas Brit\u00e1nicas y Escandinavia el porcentaje est\u00e1 entre el 89% y el 96% (En Espa\u00f1a, entre el 15% y el 40%, seg\u00fan las fuentes). En la India, por ejemplo, se da la diferencia entre el norte, con 63%, y el sur, con el 23%. En \u00c1frica, las diferencias aparecen entre las culturas ganaderas y las que no lo son, aunque vivan en \u00e1reas cercanas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, como ya saben, en culturas en que abunda la lactasa en adultos, la falta de la enzima, que impide el aprovechamiento de la leche fresca y su ingesti\u00f3n produce molestias, supone la llamada intolerancia a la lactosa, un problema de salud que parece que se est\u00e1 extendiendo.<\/p>\n<p>Pascale Gerboult y su grupo, del Colegio Universitario de Londres, han estudiado la aparici\u00f3n, en el Neol\u00edtico,\u00a0 de la persistencia de la lactasa en adultos. En primer lugar, hay por lo menos dos variaciones en los genes, una de ellas muy extendida, que se relacionan con la persistencia de la lactasa en adultos y que aparecieron hace unos 7000 a 12000 a\u00f1os a la vez, como es l\u00f3gico, que nuestra especie comenz\u00f3 a domesticar animales y se desarrollan las culturas ganaderas con un suministro abundante de leche fresca. Seg\u00fan el trabajo de Gerboult, este cambio ocurri\u00f3 en el centro de Europa, en concreto, en el noroeste de Hungr\u00eda y en el sudoeste de Eslovaquia.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, nuestra especie viene de \u00c1frica, tierra de mucho sol y mucho ultravioleta que provoca la s\u00edntesis de vitamina D en la piel que, a su vez, ayuda a la absorci\u00f3n de calcio para nuestro esqueleto. Y, por otra parte, ese sol, beneficioso en cuanto a la s\u00edntesis de vitamina D, es peligroso, tambi\u00e9n, por los ultravioleta, para nuestras c\u00e9lulas de la piel en las que puede, con el exceso, provocar c\u00e1ncer. Por eso, nuestra piel, en \u00c1frica, es oscura. Pero nuestra especie, siempre migrando y buscando nuevas zonas para ocupar, llega a Eurasia, un continente situado m\u00e1s al norte, con estaciones y un duro invierno, menos sol y, por tanto, menos ultravioleta para la s\u00edntesis de la vitamina D y, en consecuencia, falta de calcio para los huesos. Bien, por una parte, la piel se aclara y, por otra, domestica animales (quiz\u00e1 al principio lo hace con animales salvajes) que le proporcionan lecha fresca. Y la leche fresca tiene mucho calcio y una dosis no muy alta, pero suficiente (vale con un vaso diario), de vitamina D. Y, ya se sabe, en tiempo de crisis, todo ayuda.<\/p>\n<p>Como ven, la persistencia de la lactasa en adultos, m\u00e1s all\u00e1 de la infancia, permiti\u00f3 a nuestra especie colonizar Eurasia, con sus reservas de calcio y vitamina D y supuso, tambi\u00e9n, el desarrollo de la ganader\u00eda.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Gerbault, P. y 7 colaboradores. 2011. Evolution of lactase persistence: an example of human niche construction. Philosophical Transactions of the Royal Society B 366: 863-877.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Somos mam\u00edferos. Nos criamos con la leche de nuestras madres. La mayor fuente de energ\u00eda en la leche de mam\u00edferos es el hidrato de carbono lactosa. Su mol\u00e9cula est\u00e1 formada por dos az\u00facares, glucosa y galactosa, que no podemos aprovechar mientras se mantengan unidos. Primero debemos romper la mol\u00e9cula de lactosa en sus dos az\u00facares [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":32,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/842"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/users\/32"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=842"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/842\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=842"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=842"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=842"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}