{"id":774,"date":"2012-06-26T17:21:13","date_gmt":"2012-06-26T16:21:13","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=774"},"modified":"2012-06-26T17:21:13","modified_gmt":"2012-06-26T16:21:13","slug":"gallina-empatica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2012\/06\/26\/gallina-empatica\/","title":{"rendered":"Gallina emp\u00e1tica"},"content":{"rendered":"<p>En la conducta humana es esencial la empat\u00eda, esa capacidad de ponernos en el lugar del otro y, de esta manera, sentir la necesidad de apoyarle y ayudarle. Somos una especie social, tribal si se quiere, y la empat\u00eda es, a menudo, el cemento que une el grupo. Y dicho con lenguaje m\u00e1s t\u00e9cnico, en general, la capacidad de verse afectado por el estr\u00e9s de individuos de la misma especie es importante para el bienestar del grupo y de los individuos que lo forman. Por tanto, la empat\u00eda se puede definir como la habilidad en sentirse afectado y compartir el estado emocional de otro. No solo se da en la especie humana, tambi\u00e9n se ha descrito en otros mam\u00edferos y, como nos cuentan Jo Edgar y sus colegas de la Universidad de Bristol, incluso en las gallinas.<\/p>\n<p>Trabajan con 32 gallinas, 22 de ellas de la raza Light Sussex y las otras 10 son Wold Legbar. Tienen entre 50 y 60 semanas de edad y se mantienen, al inicio del proceso, agrupadas en un corral de 4&#215;4 metros, con \u00a05 cent\u00edmetrosde serr\u00edn en el suelo. La temperatura es de 17\u00baCy el fotoperiodo de 12 horas de luz y 12 de oscuridad y comida y bebida la que quieran. Se cruza a las gallinas con dos gallos Light Sussex y se separan a corrales individuales m\u00e1s peque\u00f1os las 14 gallinas que tienen entre 4 y 8 pollos. Y ahora comienza el experimento.<\/p>\n<p>En la primera semana, gallinas y pollos se hacen al ambiente de los corrales\u00a0 en la segunda se acostumbran a las pruebas y a los aparatos de medida del ritmo cardiaco, la temperatura y el an\u00e1lisis del comportamiento. Las pruebas colocan a gallinas y pollos en cuatro situaciones. Control, en la que no pasa nada; chorro de aire durante 1 segundo de cada 30 a los pollos durante 10 minutos para estresarlos; lo mismo, pero a las gallinas; y, como segundo control, se les somete al ruido de la bomba que impulsa el chorro de aire pero sin aire.<\/p>\n<p>Las gallinas reaccionan al chorro de aire a s\u00ed mismas y a los pollos con un mayor nivel de alerta, menos conducta de acicalar las plumas y bajada de la temperatura corporal. En los controles no hay cambios. Y cuando el aire afecta solo a los pollos, la madre tambi\u00e9n reacciona con m\u00e1s vocalizaci\u00f3n maternal y aumento del ritmo cardiaco. O sea, que las gallinas se ven afectadas por el estr\u00e9s de los pollos y cambia su fisiolog\u00eda y su conducta en consecuencia.\u00a0 Es, por lo tanto, un signo de empat\u00eda: el estr\u00e9s de otro individuo de la\u00a0 misma especie afecta al sujeto del experimento. En realidad, tambi\u00e9n se demuestra que la empat\u00eda es un rasgo caracter\u00edstico y esencial de la relaci\u00f3n madre-hijo, y as\u00ed lo ha seleccionado la evoluci\u00f3n puesto que presenta una ventaja en relaci\u00f3n al \u00e9xito reproductor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*J.L.Edgar y 3 colaboradores. 2011. Avian maternal response to chick distress. Proceedings of the Royal Society B doi:10.1098\/rspb.2010.2701<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En la conducta humana es esencial la empat\u00eda, esa capacidad de ponernos en el lugar del otro y, de esta manera, sentir la necesidad de apoyarle y ayudarle. Somos una especie social, tribal si se quiere, y la empat\u00eda es, a menudo, el cemento que une el grupo. Y dicho con lenguaje m\u00e1s t\u00e9cnico, en [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":32,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/774"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/users\/32"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=774"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/774\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=774"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=774"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=774"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}