{"id":730,"date":"2012-02-01T13:28:36","date_gmt":"2012-02-01T12:28:36","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=730"},"modified":"2012-02-01T13:28:36","modified_gmt":"2012-02-01T12:28:36","slug":"regalos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2012\/02\/01\/regalos\/","title":{"rendered":"Regalos"},"content":{"rendered":"<p>La carta a los Reyes Magos, al Olentzero o a Santa Claus, seg\u00fan tradici\u00f3n familiar o preferencia particular, tienen su raz\u00f3n de ser que, por otra parte, es evidente: notificar a quien nos va a regalar algo cu\u00e1les son nuestros deseos. Es algo que hacemos habitualmente en las fiestas navide\u00f1as o en las listas de bodas pero que es m\u00e1s raro en los cumplea\u00f1os y aniversarios de todo tipo. Hay quien dice que parece feo eso de decir qu\u00e9 es lo que uno quiere. En fin, ahora Francesca Gino y Francis Flynn, de las universidades de Harvard y Stanford respectivamente, nos van a demostrar que revelar nuestros deseos es bueno para todos, tanto para el que regala como para el regalado.<\/p>\n<p>En su experimento primero preguntan a los novios que tienen listas de boda sobre los regalos recibidos, tanto los que estaban en la lista como las sorpresas. Participan 198 voluntarios, 50 de ellos hombres. La media del valor de los regalos recibidos es de 125,60 euros, aunque este dato no afecta a la aceptaci\u00f3n por los novios. Cuando se punt\u00faan los regalos de1 a7, los que regalan seg\u00fan la lista de bodas y los que sorprenden lo hacen todos alrededor de 5. En cambio, los que reciben el regalo, o sea, los novios, punt\u00faan el regalo seg\u00fan la lista con un 6.5 y el regalo sorpresa un punto menos, con un 5.4. Como ven, se aprecia m\u00e1s el regalo deseado.<\/p>\n<p>Su segundo estudio es sobre los cumplea\u00f1os. Participan 160 personas, casi la mitad hombres. Los voluntarios deben imaginar que dan un regalo de cumplea\u00f1os a una persona que es importante para ellos, o reciben un regalo de cumplea\u00f1os de una persona tambi\u00e9n importante. Y tenemos un resultado calcado al anterior; de nuevo, el regalo m\u00e1s apreciado es el que ha pedido el cumplea\u00f1ero.<\/p>\n<p>Amazon y sus listas de deseos (\u201cWish Lists\u201d) intervienen en el tercer experimento. Los 90 universitarios, casi la mitad hombres, forman dos grupos, uno de ellos recibe regalos y el otro grupo los da. El grupo que los recibe redacta su lista de deseos en Amazon; el grupo que regala, a su vez, se divide en dos, los que regalan seg\u00fan la lista de Amazon y los que sorprenden. No nos alarguemos, los resultados se repiten y lo m\u00e1s apreciado es seguir la lista de Amazon.<\/p>\n<p>Los autores se preguntan c\u00f3mo reaccionar\u00e1 el regalado si lo que propone no es una lista de posibles regalos sino \u00fanicamente uno solo, concreto y expl\u00edcito. Lo estudian con 208 voluntarios y, como antes, se aprecia m\u00e1s recibir el regalo pedido pero ocurre que en este caso hay menos personas que se atreven a regalar otra cosa, diferente al \u00fanico regalo deseado. En este caso, con una indicaci\u00f3n tan clara de lo que quiere el que va a recibir el regalo, sorprender es casi ganas de fastidiar.<\/p>\n<p>Hay un \u00faltimo tipo de regalo que provoca pol\u00e9mica: es aquel t\u00edpico de quien no sabe o no quiere saber qu\u00e9 regalar y se decide por una cantidad de dinero. Seg\u00fan el experimento de Gino y Flynn con 170 universitarios, casi la mitad hombres, si existe una lista extensa de posibles regalos, por ejemplo, una lista de bodas, a quienes reciben el regalo no les importa recibir dinero. Sin embargo, en un trabajo de Carole Burgoyne y David Routh, de las universidades de Bath y Bristol respectivamente, nos aclaran que esto de regalar dinero no es tan sencillo. Trabajan con 92 universitarios a los que piden que redacten un diario, durantela Navidad, con sus opiniones y sensaciones sobre los regalos que reciben. Las conclusiones son reveladoras sobre el significado de los regalos: adem\u00e1s del propio regalo en s\u00ed, lo regalado es un mensajero que incluye el grado de intimidad entre quien da y quien recibe y. adem\u00e1s, la jerarqu\u00eda entre ellos. Y, de esta manera, el dinero es mudo; vale lo mismo para quien no se conoce y para quien es \u00edntimo, no dice nada. Y, encima, seg\u00fan de quien y a quien, hasta puede transmitir ideas equivocadas sobre la jerarqu\u00eda entre las personas. Por ello, mejor dejarlo en la cartera y esforzarse m\u00e1s en encontrar algo que tenga un significado, a ser posible adecuado a la persona y a la ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Burgoyne, C.B. &#038; D.A. Routh. 1991. Constraints on the use of money as a gift at Christmas: the role of status and intimacy. Journal of Economic Psychology 12: 47-69.<\/p>\n<p>*Gino, F. &#038; F.J. Flynn. 2011. Give them what they want: The benefits of explicitness in gift exchange. Journal of Experimental Social Psychology 47: 915-922.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La carta a los Reyes Magos, al Olentzero o a Santa Claus, seg\u00fan tradici\u00f3n familiar o preferencia particular, tienen su raz\u00f3n de ser que, por otra parte, es evidente: notificar a quien nos va a regalar algo cu\u00e1les son nuestros deseos. 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