{"id":695,"date":"2011-11-15T13:33:45","date_gmt":"2011-11-15T12:33:45","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=695"},"modified":"2011-11-15T13:33:45","modified_gmt":"2011-11-15T12:33:45","slug":"miradas-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2011\/11\/15\/miradas-2\/","title":{"rendered":"Miradas"},"content":{"rendered":"<p>Cuando hablamos con otro, cara a cara, nuestros gestos son bastante previsibles y, en general, le miramos el rostro y buscamos sus ojos, aunque siempre hay, como dijo alguien que no recuerdo y lo siento, quien a ese loro que no tenemos en el hombro. Nuestra interacci\u00f3n con los otros, nuestra integraci\u00f3n en el grupo, nos obliga a seguir la mirada de nuestro interlocutor, a conocer que le interesa y a iniciar, si es necesario, una acci\u00f3n conjunta. O sea, que miramos hacia donde mira aquel con quien hablamos. Ya lo hacen los beb\u00e9s de tres meses y ayuda a su relaci\u00f3n con sus padres y con los otros miembros del grupo. Sin embargo, no todas las personas siguen de la\u00a0 misma manera y con la misma intensidad la mirada del otro. Por ejemplo, lo hacen menos los que presentan s\u00edntomas de autismo o, en general, los hombres menos que las mujeres. Y Michael Dodd y su grupo, dela Universidadde Nebraska en Lincoln, han publicado un estudio experimental sobre esta variabilidad en seguir la mirada de la persona con quien hablamos.<\/p>\n<p>Trabajan con 72 voluntarios, todos estudiantes universitarios, entre ellos 44 mujeres. Se colocan ante la pantalla de un ordenador en la que aparece un rostro esquem\u00e1tico, similar a un emotic\u00f3n, con ojos pero sin pupilas. Permanece as\u00ed durante 750 milisegundos y entonces aparecen las pupilas dirigidas hacia la izquierda o hacia la derecha y, finalmente, aparece un peque\u00f1o c\u00edrculo negro a la izquierda o a la derecha del emotic\u00f3n. En ese momento, tan r\u00e1pido como sean capaces, los voluntarios deben apretar la barra de espacio del teclado del ordenador. As\u00ed se mide su velocidad de respuesta y esa velocidad ser\u00e1 mayor o menor si el voluntario mira a la derecha o a la izquierda del emotic\u00f3n. Por ejemplo, si el emotic\u00f3n mira a la izquierda y el voluntario sigue su mirada y el c\u00edrculo negro aparece a tambi\u00e9n a la izquierda, la velocidad de respuesta ser\u00e1 baja (siempre a nivel de milisegundos. En cambio, si el voluntario no sigue las pupilas del emotic\u00f3n y mira a otra parte, la velocidad de respuesta ser\u00e1 mayor. De esta manera se puede cuantificar cu\u00e1ntos de los voluntarios siguen la mirada del emotic\u00f3n, o lo que es lo mismo, de su interlocutor.<\/p>\n<p>En su af\u00e1n por relacionar las diferentes respuestas que encuentran, Dodd y sus colegas hacen varias encuestas a los voluntarios sobre su ideolog\u00eda pol\u00edtica e, incluso, les preguntan directamente sobre ello. Y, cuando relacionan la ideolog\u00eda pol\u00edtica con sus respuestas a la mirada del emotic\u00f3n, encuentran que los liberales (en el sentido de Estados Unidos, algo as\u00ed como centro progresista muy tenue, me parece) siguen la mirada del emotic\u00f3n mucho m\u00e1s que los que se declaran conservadores (\u00eddem a la anterior, algo as\u00ed como muy derechas para los europeos). Para los autores es evidente que la ideolog\u00eda pol\u00edtica condiciona la respuesta a la mirada del otro. Esto es un hecho que han medido en el experimento y han relacionado despu\u00e9s por m\u00e9todos estad\u00edsticos aceptados. Pero ahora vienen las interpretaciones sobre la raz\u00f3n de estos resultados.<\/p>\n<p>Los autores sugieren que los liberales, por su propia ideolog\u00eda, son m\u00e1s sensibles, m\u00e1s emp\u00e1ticos, m\u00e1s atentos a la conducta de los dem\u00e1s y a sus necesidades. Y eso les hace seguir su mirada con m\u00e1s facilidad. Por el contrario, los conservadores, que defienden ante todo la autonom\u00eda personal, no se dejan influenciar f\u00e1cilmente por los dem\u00e1s y, en consecuencia, no hacen caso de su mirada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Dodd, M:D:; J.R. Hibbing &#038; K.B. Smith. 2011. The politics of attention: gaze-cuing effects are moderated by political temperamento. Attention, Perception, &#038; Psychophysics 73: 24-29.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando hablamos con otro, cara a cara, nuestros gestos son bastante previsibles y, en general, le miramos el rostro y buscamos sus ojos, aunque siempre hay, como dijo alguien que no recuerdo y lo siento, quien a ese loro que no tenemos en el hombro. 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