{"id":690,"date":"2011-11-03T09:49:28","date_gmt":"2011-11-03T08:49:28","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=690"},"modified":"2011-11-03T09:49:28","modified_gmt":"2011-11-03T08:49:28","slug":"la-mano-de-goma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2011\/11\/03\/la-mano-de-goma\/","title":{"rendered":"La mano de goma"},"content":{"rendered":"<p>Comenz\u00f3 como un juego de sal\u00f3n y ha terminado como una t\u00e9cnica eficaz, aunque curiosa, de conocer c\u00f3mo funciona nuestro cerebro y c\u00f3mo integra informaciones de diferentes fuentes para conocer nuestro cuerpo y su posici\u00f3n en el espacio. Todos, si cerramos los ojos, y hay que recordar que somos ante todo animales visuales, sabemos d\u00f3nde est\u00e1n las diferentes partes de nuestro cuerpo; si quieren probar, cierren los ojos y localicen, por ejemplo, sus manos y sus pies. Todos, en alg\u00fan momento, hemos realizado tareas, incluso algunas muy complejas, en la m\u00e1s completa oscuridad, sin ayuda de nuestros ojos. Sin embargo, no se f\u00eden tanto de su vista; a veces nos enga\u00f1a.<\/p>\n<p>Para conocer la posici\u00f3n del cuerpo y de sus partes, el cerebro integra datos de la visi\u00f3n, del tacto y de lo que se llama sistema de propiocepci\u00f3n, formado por c\u00e9lulas sensoriales distribuidas por el interior del cuerpo, sobre todo en relaci\u00f3n con los m\u00fasculos, indicando al cerebro si est\u00e1n y cu\u00e1nto lo est\u00e1n contra\u00eddos o relajados. Estos tres sistemas sensoriales, integrados en el cerebro, ayudan a situar el cuerpo y sus partes en relaci\u00f3n al entorno.<\/p>\n<p>Ahora veamos en detalle lo que se denomina \u201cla ilusi\u00f3n de la mano de goma\u201d, tal como lo cuentan quienes primero lo utilizaron en investigaci\u00f3n, Matthew Botvinick y Jonathan Cohen, de la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh. Trabajan con 10 voluntarios, cada uno de ellos sentado ante una mesa y con la mano izquierda oculta a su vista por una peque\u00f1a tabla vertical. Junto a la tabla, visible para el voluntario, se coloca sobre la mesa una mano de goma de tama\u00f1o natural. Con dos peque\u00f1os pinceles, mientras el sujeto mira la mano de goma (es la que ve), se acarician, a la vez, las mismas zonas de su mano izquierda oculta y de la mano de goma visible, durante 10 minutos. A continuaci\u00f3n, los voluntarios rellenan un cuestionario sobre sus sensaciones durante el experimento. Hay tres preguntas que pr\u00e1cticamente todos los sujetos contestan igual: han sentido que les tocaban en su mano izquierda cuando ve\u00edan que tocaban la mano de goma (lo que es cierto, aunque no lo saben pues no ven su mano); han cre\u00eddo que la caricia que sent\u00edan en su mano real era provocada por la caricia en la mano de goma (en la respuesta anterior sent\u00edan la caricia en su mano, en esta respuesta creen que la caricia en una induce la caricia en la otra); y, por \u00faltimo, casi todos los voluntarios han sentido que la mano de goma era su propia mano. Tanto es as\u00ed que en otro experimento, despu\u00e9s de las caricias simult\u00e1neas, se ha golpeado la mano de goma con un martillo o de le ha clavado un cuchillo, y el voluntario ha sentido un momento intenso de angustia y dolor y ha retirado de la mesa su mano izquierda real con rapidez.<\/p>\n<p>Esta ilusi\u00f3n dura una media hora y los autores encontraron un m\u00e9todo de cuantificar su desaparici\u00f3n. Para ello pidieron a los voluntarios que, despu\u00e9s de las caricias, acercar\u00e1n por debajo de la mesa el dedo \u00edndice de su mano derecha hasta alinearlo con el dedo \u00edndice de su mano izquierda. Seg\u00fan va desapareciendo la ilusi\u00f3n, el dedo \u00edndice derecho va quedando cada vez m\u00e1s cerca del dedo \u00edndice de la mano izquierda real. O sea, m\u00e1s cerca de la mano de goma, m\u00e1s ilusi\u00f3n; m\u00e1s cerca de la meno real, menos ilusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Un experimento similar al del martillo o el cuchillo, pero menos bestia, que nos informa de las consecuencias fisiol\u00f3gicas de esta ilusi\u00f3n es el planteado por Lorimer Moseley y su grupo de la Universidad de Oxford. Han encontrado que la ilusi\u00f3n de la mano de goma provoca una leve bajada de la temperatura, m\u00e1s o menos un cuarto de grado cent\u00edgrado de media, en la mano real de 11 voluntarios. Cuando los sujetos declaran que sienten que la mano de goma es su mano comienza la bajada de temperatura, m\u00e1s o menos al minuto de empezar las caricias simult\u00e1neas, y vuelve a subir la temperatura unos minutos m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>Parece evidente que la ilusi\u00f3n de la mano de goma demuestra, de nuevo, que somos animales visuales. Sentimos la caricia en la mano real y vemos c\u00f3mo acarician la mano de goma. Gana el sentido de la visi\u00f3n y creemos que la mano de goma es nuestra propia mano. Somos lo que vemos, quiz\u00e1.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Botvinick, M. &#038; J. Cohen. 1998. Rubber hands \u201cfeel\u201d couch that eyes see. Nature 391-756.<\/p>\n<p>*Moseley, G.L. y 6 colaboradores. 2008. Psychologically induced cooling of a specific body part caused by the illusiory ownership o fan artificial counterpart. Proceedings of the NationalAcademy of SciencesUSA105: 13169-13173.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Comenz\u00f3 como un juego de sal\u00f3n y ha terminado como una t\u00e9cnica eficaz, aunque curiosa, de conocer c\u00f3mo funciona nuestro cerebro y c\u00f3mo integra informaciones de diferentes fuentes para conocer nuestro cuerpo y su posici\u00f3n en el espacio. 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