{"id":689,"date":"2011-11-02T16:13:46","date_gmt":"2011-11-02T15:13:46","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=689"},"modified":"2011-11-02T16:13:46","modified_gmt":"2011-11-02T15:13:46","slug":"olores-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2011\/11\/02\/olores-2\/","title":{"rendered":"Olores"},"content":{"rendered":"<p>Olemos lo que olemos y cada uno es lo que es y hasta donde le alcanza la nariz y sus habilidades olfativas. Somos primates y, por lo tanto, animales sobre todo visuales. El olfato lo hemos dejado algo de lado en la evoluci\u00f3n de nuestra especie y, por ello, no hay dos personas que olfateen igual. Nunca mejor aplicado que en este caso lo que afirmaba Ortega de cada uno es cada uno y sus circunstancias. Esta extrema individualidad olfativa tiene un interesante trasfondo evolutivo. Tenemos, por lo que sabemos, 423 receptores olfativos, es decir, 423 prote\u00ednas en las membranas de nuestras c\u00e9lulas sensoriales olfativas que se encuentran en la nariz. Cada uno de esos receptores se activa con una mol\u00e9cula, la que huele, y pasa la informaci\u00f3n a la zona correspondiente del cerebro. Pero nuestro olfato no es importante para nuestra supervivencia o nuestro \u00e9xito reproductor y, si se producen mutaciones en los genes que codifican esos receptores, no se eliminan en la evoluci\u00f3n sino que se van acumulando. Incluso alguno de esos genes ha mutado hasta el extremo de que el receptor no funciona y, de esta manera, hemos perdido un olor. Y el resto, m\u00e1s o menos mutado, funciona m\u00e1s o menos bien, y como esto ocurre en cada individuo, en funci\u00f3n de los genes que ha heredado o de las mutaciones que ha tenido, pues cada uno huele lo que puede. En fin, la individualidad olfativa.<\/p>\n<p>Por ejemplo, Andreas Keller y su grupo de la Universidad Rockefeller de Nueva York, han trabajado con el receptor OR7D4 que detecta la androstenona, un derivado de la testosterona. Pues bien, cuando este compuesto se ha dado a oler a un grupo de voluntarios resulta que para unos tiene un buen olor (dulce, a flores), para otros es asqueroso (huele a sudor, a orina), y un tercer grupo ni siquiera lo huele. Lo cual es curioso puesto que la androstenona se usa en la composici\u00f3n de algunos perfumes masculinos.<\/p>\n<p>Pero Keller y su grupo han averiguado que dos mutaciones del gen que codifica el receptor y cambian dos amino\u00e1cidos, consigue que OR7D4, en vez de oler la androstenona, huela la androstenediona, otro derivado de la testosterona, que era conocido por oler a sudor masculino. La androstenona, en cambio, gusta a las mujeres en la fase f\u00e9rtil del ciclo menstrual (aunque tambi\u00e9n huele a sudor).<\/p>\n<p>Ya ven, el cambio de dos amino\u00e1cidos cambia lo que huele el receptor olfativo y explica porque diferentes personas huelen diferente la misma sustancia. Y ya hemos dicho que estas mutaciones de los genes que codifican los receptores se acumulan por no suponer un peligro para la supervivencia o la reproducci\u00f3n. Es como si cada uno de nosotros tuviera en la nariz un c\u00f3digo de barras olfativo formado por 423 l\u00edneas. Nuestra individualidad olfativa est\u00e1 asegurada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Keller, A. y 4 colaboradores. 2007. Genetic variation in a human odorante receptor alters odour perception. Nature 449: 468-472.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Olemos lo que olemos y cada uno es lo que es y hasta donde le alcanza la nariz y sus habilidades olfativas. Somos primates y, por lo tanto, animales sobre todo visuales. 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