{"id":572,"date":"2010-12-22T12:39:00","date_gmt":"2010-12-22T12:39:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=572"},"modified":"2010-12-22T12:39:00","modified_gmt":"2010-12-22T12:39:00","slug":"microbios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2010\/12\/22\/microbios\/","title":{"rendered":"Microbios"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\">Hace unas semanas, al comentar la a veces dif\u00edcil digesti\u00f3n del sushi, escrib\u00eda sobre nuestra microflora intestinal, sobre esa multitud de especies y miles de millones de microbios que, embutidos en nuestro tubo digestivo, viajan con nosotros sin importar el destino. Por ejemplo, miren la palma de su mano, s\u00f3lo de su mano derecha. No los ven, pero ah\u00ed est\u00e1n, miles de millones de bacterias, m\u00e1s que individuos de nuestra especie hay sobre la superficie de la Tierra. Son, en n\u00famero, 10 veces m\u00e1s que el n\u00famero de c\u00e9lulas de nuestro cuerpo; llevamos encima 100 veces m\u00e1s de genes de microbios que nuestros propios genes. Y s\u00f3lo en la palma de la mano derecha. Vamos, que son muchos.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\">Nos acompa\u00f1an desde siempre. Como especie, como especie pues coevolucionan con nosotros, y, como individuos, desde que nacemos hasta que morimos. Nos protegen de otros microbios, los pat\u00f3genos que nos pueden perjudicar; nos proveen de vitaminas; con sus enzimas nos ayudan en la digesti\u00f3n (recordad el sushi); hacen que nuestra piel sea seca o grasa e influyen en el aroma, m\u00e1s o menos agradable, con que nos damos a conocer a nuestros vecinos.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\">Aunque, en general, nuestros microbios simbiontes son parecidos en todos los individuos de nuestra especie, Rob Knight, de la Universidad de Colorado en Boulder, asegura que, con un buen estudio estad\u00edstico de los genomas de nuestros microbios, se puede demostrar que el n\u00famero de especies de microbios y el n\u00famero de individuos de cada especie var\u00eda entre individuos e, incluso, entre zonas del cuerpo de cada uno de nosotros. Por tanto, las comunidades bacterianas permiten identificar individuos y partes de individuos como, por ejemplo, los dedos de la mano entre s\u00ed. De aqu\u00ed a proponer esta t\u00e9cnica de identificaci\u00f3n a la medicina forense, es decir, al CSI, queda un paso que Rob Knight da de inmediato: consigue identificar el individuo y el dedo del individuo que ha tocado el teclado o el rat\u00f3n de un ordenador hasta 14 d\u00edas antes, por el an\u00e1lisis del genoma de sus comunidades bacterianas. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\">Pero nuestras bacterias, nuestra flora bacteriana, nuestro microbioma no s\u00f3lo sirven de herramienta forense sino que influyen en muchos otros aspectos de nuestra vida. Como ejemplo nos sirve el trabajo de Jeffrey Gordon y su grupo de <st1:personname productid=\"la Universidad Washington\" w:st=\"on\">la Universidad Washington<\/st1:personname> de St. Louis, que proponen que nuestras bacterias intestinales influyen en el sobrepeso y la obesidad. Estos investigadores han encontrado, en nuestra especie y en ratones, que, sistem\u00e1ticamente, hay grupos de especies de bacterias que diferencias obesos y delgados. Parece que las bacterias t\u00edpicas de obesos son capaces de digerir m\u00e1s polisac\u00e1ridos de plantas y, por tanto, extraer m\u00e1s energ\u00eda para el hu\u00e9sped. No s\u00f3lo eso sino que Jeffrey Gordon ha encontrado que en los obesos que siguen una dieta adelgazante aumenta el n\u00famero de esas bacterias que obtienen m\u00e1s energ\u00eda, quiz\u00e1 para compensar.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\">De lo descubierto por Gordon a una dieta basada en la manipulaci\u00f3n de las poblaciones bacterianas hay un paso, y a \u00e9l han contribuido Andrew Gewirtz y su equipo de <st1:personname productid=\"la Universidad Emory\" w:st=\"on\"><st1:personname productid=\"la Universidad\" w:st=\"on\">la Universidad<\/st1:personname> Emory<\/st1:personname> de Atlanta con sus estudios en ratones. El s\u00edndrome metab\u00f3lico es un grupo de cambios metab\u00f3licos anormales relacionados con la obesidad. Gewirtz ha descubierto que en ratones con s\u00edndrome metab\u00f3lico falta un receptor (TLR5) en la membrana de las c\u00e9lulas intestinales. Este receptor est\u00e1 relacionado con el sistema inmune y, de alguna manera, controla las poblaciones bacterianas del intestino. Pues bien, si las bacterias intestinales de uno de estos ratones obesos con s\u00edndrome metab\u00f3lico y sin receptor TLR5 son transferidas a un rat\u00f3n sano, de inmediato \u00e9ste empieza a comer m\u00e1s con m\u00e1s apetito y en mayor cantidad y, claro est\u00e1, tienden a la obesidad. Como ven, el cambio de flora intestinal puede llevar a la obesidad aunque, me temo, lo que ahora mola es justo lo contrario.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\">Pero desde la misma universidad, <st1:personname productid=\"la Emory\" w:st=\"on\">la  Emory<\/st1:personname> de Atlanta, nos llega una propuesta m\u00e1s respecto a nuestras bacterias. Son Charles Raison y su grupo quienes sugieren que nuestro microbioma no s\u00f3lo cuida nuestra salud sino que tambi\u00e9n influye en nuestro estado de \u00e1nimo. Los autores lo resumen en el t\u00edtulo del art\u00edculo que, traducido, dice \u201cInflamaci\u00f3n, Higiene y Consternaci\u00f3n\u201d.<span style=\"mso-spacerun:yes\">  <\/span>O sea, existe una relaci\u00f3n entre higiene, inflamaci\u00f3n y depresi\u00f3n.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\">Raison llama \u201cviejos amigos\u201d a nuestra flora bacteriana, pues nos acompa\u00f1an desde antiguo y coevolucionan con nuestra especie. Han aprendido a tolerar y a hacerse tolerar por nuestro sistema de defensa, el sistema inmune, y lo entrenan desde la infancia para que responda al ataque de microbios m\u00e1s peligrosos. Pero nuestra civilizada y desarrollada sociedad es en exceso limpia, y la higiene, a veces mani\u00e1tica, acaba tambi\u00e9n con nuestros \u201cviejos amigos\u201d. Y sin entrenamiento, el sistema inmune comete errores y provoca inflamaciones como las alergias, el asma o las irritaciones de la piel. Pero ya se sospechaba que la inflamaci\u00f3n, por lo menos en parte, est\u00e1 en el desarrollo de la depresi\u00f3n. As\u00ed, el camino parte de la higiene, sigue por la inflamaci\u00f3n y acaba en la depresi\u00f3n. El exceso de higiene deprime, seg\u00fan Raison.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\">Aquel refr\u00e1n antiguo ya nos avisa que \u201cDime con qui\u00e9n andas, y te dir\u00e9 qui\u00e9n eres\u201d, y nunca mejor dicho cuando se refiere a nuestra especie y a los viejos amigos que nos acompa\u00f1an.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\"><o:p> <\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"EN-GB\" style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language: EN-GB\">*Everts, S. 2010. Our microbial selves. Chemical &#038; Engineering News 88: 32-35.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"EN-GB\" style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language: EN-GB\">*Fierer, N., C.L. Lauber, N. Zhou, D. McDonald, E.K. Costello &#038; R. Knight. 2010. Forensic identification using skin bacterial communities. Proceedings of the National <st1:place w:st=\"on\"><st1:city w:st=\"on\">Academy of   Sciences<\/st1:city> <st1:country-region w:st=\"on\">USA<\/st1:country-region><\/st1:place> 107: 6477-6481.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"EN-GB\" style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language: EN-GB\">*Ley, R.E., P.J. Turnbaugh, S. Klein &#038; J.I. Gordon. 2006. Human gut microbes associated with obesity. Nature 444: 1022-1023.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"EN-GB\" style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language: EN-GB\">*Raison, <st1:place w:st=\"on\"><st1:city w:st=\"on\">C.L.<\/st1:city>, <st1:country-region w:st=\"on\">C.A.<\/st1:country-region><\/st1:place> Lowry &#038; G.A.W. Rock. 2010. Inflammation, sanitation, and consternation. Loss of contact with coevolved, tolerogenic microorganisms and the pathophysiology and treatment of major depression. Archives of General Psychiatry 67: 1211-1224.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\">*Vijay-Kumar, M. y 9 colaboradores. <\/span><span lang=\"EN-GB\" style=\"font-family:Arial; mso-ansi-language:EN-GB\">2010. Metabolic syndrome and altered gut microbiota in mice lacking Toll-like receptor 5. Science 328: 228-231.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace unas semanas, al comentar la a veces dif\u00edcil digesti\u00f3n del sushi, escrib\u00eda sobre nuestra microflora intestinal, sobre esa multitud de especies y miles de millones de microbios que, embutidos en nuestro tubo digestivo, viajan con nosotros sin importar el destino. Por ejemplo, miren la palma de su mano, s\u00f3lo de su mano derecha. 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