{"id":562,"date":"2010-11-30T08:43:00","date_gmt":"2010-11-30T08:43:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=562"},"modified":"2010-11-30T08:43:00","modified_gmt":"2010-11-30T08:43:00","slug":"pantalla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2010\/11\/30\/pantalla\/","title":{"rendered":"Pantalla"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\">Hace unos d\u00edas os present\u00e9 un trabajo en el que se provocaban s\u00edntomas de depresi\u00f3n en hamsters por medio de una luz tenue en la parte nocturna de su ciclo de vigilia y sue\u00f1o. A partir de la nota de prensa publicada por la universidad de los autores del estudio, en la que se mencionaba de pasada que la luz nocturna era similar a la de una televisi\u00f3n encendida, los medios proclamaron que dormir con la televisi\u00f3n encendida provocaba depresi\u00f3n en humanos. Una audaz extrapolaci\u00f3n que, ante la mala fama y los peores contenidos de la mayor\u00eda de las cadenas de televisi\u00f3n, fue ampliamente aceptada sin mayores objeciones. En adelante, ser\u00e1 una nueva leyenda urbana. Sin embargo, hay una amplia bibliograf\u00eda que apoya conclusiones parecidas, aunque no exactamente las mismas. Veamos.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\">Es l\u00f3gico: la televisi\u00f3n, por sus contenidos, noticias, morbo y personajillos, o por c\u00f3mo se ve, sin discriminar, con el volumen alto, encendida a todas horas, sierre impidiendo cualquier tipo de conversaci\u00f3n, puede llevar a problemas psicol\u00f3gicos o psiqui\u00e1tricos, sobre todo en el crecimiento, en ni\u00f1os y adolescentes. As\u00ed, Brian Primack y su grupo de la Universidad de Pittsburg, han estudiado la relaci\u00f3n entre la exposici\u00f3n a la televisi\u00f3n y los s\u00edntomas de depresi\u00f3n en 4142 adolescentes de entre siete y doce a\u00f1os, desde <st1:metricconverter productid=\"1994 a\" w:st=\"on\">1994 a<\/st1:metricconverter> 2002, con un control posterior siete a\u00f1os despu\u00e9s. De ellos, 308 (el 7.4%) fueron diagnosticados de depresi\u00f3n durante el seguimiento. Un a vez analizada la relaci\u00f3n entre televisi\u00f3n y depresi\u00f3n, Primack y sus colegas encontraron que, entre los que ven la televisi\u00f3n, la probabilidad de enfermar es de un 8% m\u00e1s por cada hora diaria ante la pantalla. Los que, adem\u00e1s de ver la televisi\u00f3n, utilizan el video (entonces en plena expansi\u00f3n), los videojuegos y escuchan la radio, todo ello sumado, tambi\u00e9n tienen un 5% m\u00e1s de probabilidad de depresi\u00f3n por cada hora diaria de uso de los medios. Sin embargo, estos tres \u00faltimos por s\u00ed solos no tienen ninguna relaci\u00f3n con los s\u00edntomas de depresi\u00f3n.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\">Pero no crean, estos asuntos de la tele no se detienen en la adolescencia, podemos ir hacia atr\u00e1s, hacia la tierna infancia. Jennifer Manganello y Catherine Taylor, de las universidades del Estado de Nueva York y de la Tulane de Nueva Orle\u00e1ns, han relacionado la conducta agresiva, seg\u00fan declaran sus madres, en 3128 ni\u00f1os de tres a\u00f1os con el tiempo que pasan ante la televisi\u00f3n y con el n\u00famero total de horas que el aparato est\u00e1 encendido en su hogar. Los autores relacionan la conducta agresiva del ni\u00f1o con tener una madre con depresi\u00f3n, padres con ansiedad, vivir en un hogar desestructurado o haber sufrido malos tratos en el \u00faltimo mes. Estos ni\u00f1os est\u00e1n ante la televisi\u00f3n una media de 3.2 horas al d\u00eda, aunque hay alg\u00fan caso de 24 horas al d\u00eda, m\u00e1s otras 5.2 horas al d\u00eda que la televisi\u00f3n est\u00e1 encendida. La agresividad del ni\u00f1o es puntuada por la madre, y la puntuaci\u00f3n sube 0.16 por cada hora diaria de televisi\u00f3n vista y 0.09 por cada hora de televisi\u00f3n encendida. <o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\">A pesar de los antecedentes y de muchos m\u00e1s estudios publicados, sigue sin haber una contenci\u00f3n en las horas en que ni\u00f1os y adolescentes ven la televisi\u00f3n. Seg\u00fan el meta-an\u00e1lisis de 78 trabajos previos que ha realizado Dimitri Christakis, de la Universidad de Washington en Seattle, las horas diarias de un ni\u00f1o estadounidense ante la televisi\u00f3n eran 5.50 en la d\u00e9cada de los sesenta y en los dos mil son 7.1. A estos ni\u00f1os no les queda tiempo para nada en su tiempo libre. Es m\u00e1s, en una encuesta de 2007, el 29% de los padres justificaba que sus hijos vieran la televisi\u00f3n porque \u201ces bueno para su cerebro\u201d. De esta manera, a los dos a\u00f1os, el 70% de los ni\u00f1os ya ven la televisi\u00f3n.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\">Adem\u00e1s, la televisi\u00f3n afecta al ni\u00f1o a trav\u00e9s del deterioro que produce en la relaci\u00f3n entre padres e hijos. Heather Kirkorian y sus colegas de la Universidad de Massachussets en Amherst, ponen al padre o la madre junto con su hijo de uno a tres a\u00f1os en una sala simulada en el laboratorio, durante una hora, estando media hora con la televisi\u00f3n encendida y la otra media con el aparato apagado. Con la televisi\u00f3n encendida, los padres dedican un<span style=\"mso-spacerun:yes\">  <\/span>20% menos de tiempo a conversar o jugar con el hijo. Es evidente que, incluso como ruido de fondo, la televisi\u00f3n distrae la atenci\u00f3n lo suficiente como para que se rompa la relaci\u00f3n padre-hijo.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language:ES\"><o:p> <\/o:p><\/span><span class=\"Apple-style-span\" style=\"font-family: Arial; \"> <\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"EN-GB\" style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language: EN-GB\">*Christakis, D.A. 2009. The effects of infant media usage: what do we know and what should we learn? Acta Paediatrica 98: 8-16.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"EN-GB\" style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language: EN-GB\">*Kirkorian, H.L., T.A. Pempek, <st1:city w:st=\"on\"><st1:place w:st=\"on\">L.A.<\/st1:place><\/st1:city> Murphy, M.E. Schmidt &#038; D.R. Anderson. 2009. The impact of background television on parent-child interaction. Child Development 80: DOI:10.1111\/j.1467-8624.2009.01337.x<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"EN-GB\" style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language: EN-GB\">*Manganello, J.A. &#038; C.A. Taylor. 2009. Televisi\u00f3n exposure as a risk factor for aggressive behavior among 3-year-old children. Archive of Pediatrics &#038; Adolescent Medicine 163: 1037-1045.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><span lang=\"EN-GB\" style=\"font-family:Arial;mso-ansi-language: EN-GB\">*Primack, B.A., B. Swanier, A.M. Gaorgiopoulos, S.R. Land &#038; M.J. Fine. 2009. Association between media use in adolescence and depression in young adulthood. Archives of General Psychiatry 66: 181-188.<o:p><\/o:p><\/span><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace unos d\u00edas os present\u00e9 un trabajo en el que se provocaban s\u00edntomas de depresi\u00f3n en hamsters por medio de una luz tenue en la parte nocturna de su ciclo de vigilia y sue\u00f1o. A partir de la nota de prensa publicada por la universidad de los autores del estudio, en la que se mencionaba [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":32,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/562"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/users\/32"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=562"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/562\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=562"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=562"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=562"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}