{"id":537,"date":"2010-10-15T15:20:00","date_gmt":"2010-10-15T15:20:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=537"},"modified":"2010-10-15T15:20:00","modified_gmt":"2010-10-15T15:20:00","slug":"dolor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2010\/10\/15\/dolor\/","title":{"rendered":"Dolor"},"content":{"rendered":"<p>Uno de los Premios IgNobel de este a\u00f1o ha sido concedido a Richard Stephens, John Atkins y Andrew Kingston, de la Universidad de Keele, en Inglaterra, por demostrar cient\u00edficamente que maldecir alivia el dolor. El experimento, como es habitual en estos premios, es fascinante. Participan 67 universitarios voluntarios y cada uno de ellos elige palabras que le son neutras o le valen como juramento A continuaci\u00f3n, meten su mano izquierda en agua a 25\u00baC por tres minutos para igualar temperaturas y, de inmediato, meten la misma mano en agua a 5\u00baC a la vez que repiten, sin levantar la voz, la mitad de ellos su palabra neutra y la otra mitad su juramento. Se mide el tiempo que aguantan en el agua fr\u00eda y se les pide que punt\u00faen el dolor que han sentido. Sistem\u00e1ticamente, los que maldicen aguantan m\u00e1s en agua fr\u00eda y sienten menos dolor.<\/p>\n<div>Hay, de hecho, una relaci\u00f3n entre lo que sentimos y el c\u00f3mo nos sentimos. Naomi Eisenberger, de la Universidad de California en Los Angeles, pertenece a un grupo de investigaci\u00f3n que lleva varios a\u00f1os estudiando esta relaci\u00f3n. Por ejemplo, sentirnos excluidos del grupo, es decir, sentir algo as\u00ed como &#8220;dolor social&#8221;, hace que resistamos mejor el dolor f\u00edsico; algo as\u00ed  a como hemos visto que funcionan las maldiciones en el trabajo de Stephens y sus colegas. Parece que las maldiciones nos hacen sentir mal y as\u00ed aguantamos mejor el dolor. <\/div>\n<div>Eisenberger plane\u00f3 un experimento en que participan tres personas que, a la vez que su cerebro est\u00e1 siendo escaneado por resonancia magn\u00e9tica, juegan, cada uno con un ordenador, a un juego de pasarse la pelota unos a otros. En realidad, est\u00e1n jugando, no entre s\u00ed, sino con el ordenador. Despu\u00e9s de una primera partida, se celebra una segunda en la que uno de los jugadores queda exclu\u00eddo y no se le lanza el bal\u00f3n. Por resonancia magn\u00e9tica se observa que, en su cerebro, se activan las mismas zonas que activa el dolor f\u00edsico. Por tanto, y realmente, ese jugador se siente &#8220;herido&#8221; por el comportamiento de sus compa\u00f1eros de juego.<\/div>\n<div>Este equipo de la Universidad de California ha demostrado tambi\u00e9n, despu\u00e9s de ver la relaci\u00f3n entre dolor social y dolor f\u00edsico, que las personas que son m\u00e1s sensibles al dolor f\u00edsico tambi\u00e9n lo son al dolor social o, viceversa, que si se toma un analg\u00e9sico como Tylenol durante tres semanas, al final se es menos sensible al rechazo social y, en la resonancia magn\u00e9tica, presentan menos actividad en las zonas relacionadas con el dolor f\u00edsico. <\/div>\n<div>Adem\u00e1s, este mismo grupo ha demostrado, como nos cuenta en otro trabajo encabezado por Sarah Master, que la mera presencia de otra persona junto al que mete la mano en agua fr\u00eda, disminuye el dolor. Tambi\u00e9n han hecho un experimento con 25 mujeres, a las que se somete a un poco de calor para provocar incomodidad. Se dividen en siete grupos: les coge de la mano su pareja, les coge de la mano un extra\u00f1o, cogen una pelota en la mano, ven la fotograf\u00eda de su pareja en el ordenador, ven la fotograf\u00eda de un extra\u00f1o, ven la fotograf\u00eda de una silla y ven un crucigrama. En los resultados queda claro que, para sentir menos dolor, es mejor la mano de la pareja que la de un extra\u00f1o o el tacto de un objeto. Ver la imagen de la pareja produce el mismo efecto y, es de resaltar, m\u00e1s fuerte que la mano de la pareja. <\/div>\n<div>En resumen, que, como es habitual, la evoluci\u00f3n, en su marcha en plan apisonadora y colocando las novedades por encima de lo ya existente, acaba creando confusiones como estas y conclusiones tan peregrinas como que, con paracetamol, podr\u00edamos aliviar el rechazo social.<\/p>\n<div>\n<\/div>\n<div>*Eisenberger, N. 2010. Rejection hurts: Exploring the shared neural mechanisms underlying physical and social plan. <em>Interpersonal Acceptance<\/em> 4: 1-3.\n<\/div>\n<div>*Master, S.L., N.I. Eisenberger, S.E. Taylor, B.D. naliboff, D. Shirinyan &#038; M.D. Lieberman. 2009. A picture&#8217;s worth. Partner photographs reduce experimentally induced pain. <em>Psychological Science<\/em> 20: 1316-1318.<\/div>\n<div><font class=\"Apple-style-span\" size=\"3\"><span class=\"Apple-style-span\" style=\"font-size: 11px; \"><big>*Stephens, R., J. Atkins &#038; A. Kingston. 2009. Swearing as a response to pain. <em>NeuroReport <\/em>20: 1056-1060.<\/big><\/span><span class=\"Apple-style-span\" style=\"font-size: 11px; \"><br \/>\n<\/span><\/span><\/div>\n<p><font class=\"Apple-style-span\" size=\"3\"><font class=\"Apple-style-span\" size=\"3\"><big><\/big><big><\/big><\/span><\/span><\/div>\n<p><font class=\"Apple-style-span\" size=\"3\"><font class=\"Apple-style-span\" size=\"3\"><font class=\"Apple-style-span\" size=\"3\"><\/span><\/span><\/span><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno de los Premios IgNobel de este a\u00f1o ha sido concedido a Richard Stephens, John Atkins y Andrew Kingston, de la Universidad de Keele, en Inglaterra, por demostrar cient\u00edficamente que maldecir alivia el dolor. El experimento, como es habitual en estos premios, es fascinante. 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