{"id":513,"date":"2010-07-28T15:20:00","date_gmt":"2010-07-28T15:20:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=513"},"modified":"2010-07-28T15:20:00","modified_gmt":"2010-07-28T15:20:00","slug":"ritmo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2010\/07\/28\/ritmo\/","title":{"rendered":"Ritmo"},"content":{"rendered":"<p>Uno de los m\u00e1s curiosos efectos que nos produce la m\u00fasica es como nos obliga a movernos seg\u00fan el ritmo que marca. Los humanos somos \u00fanicos en esta habilidad de coordinarnos con est\u00edmulos auditivos externos, o sea, que la m\u00fasica nos exige el baile. Comenzamos, quiz\u00e1, moviendo la cabeza al ritmo de la m\u00fasica, seguimos dando golpecitos en el suelo con el pie, damos palmadas, nos ponemos de pie y nos balanceamos, y acabamos bailando como locos a poco que nos dejemos llevar. Y lo hacemos con muchas ganas. Y Marcel Zentner y Tuomas Eerola, de la Universidad de York, en Inglaterra, y de la Universidad de Jyv\u00e4skyl\u00e4, en Finlandia, respectivamente, se preguntaron cu\u00e1ndo aparece, en nuestra vida, esta habilidad de seguir el ritmo de la m\u00fasica.<\/p>\n<p> Plantean varios experimentos en los que hacen escuchar a 120 beb\u00e9s, de entre 5 y 24 meses, dos fragmentos musicales, el \u00faltimo movimiento del <EM><A id=link_0 title=http:\/\/elcosmopolita.wordpress.com\/2007\/07\/26\/eine-kleine-nachtmusik\/ href=\"http:\/\/elcosmopolita.wordpress.com\/2007\/07\/26\/eine-kleine-nachtmusik\/\"><EM>Eine Kleine Nachtmusik <\/EM><\/A><\/EM>de Mozart y el <EM>Finale <\/EM>del <EM><A id=link_1 title=http:\/\/www.lastfm.es\/music\/Camille+Saint-Sa%C3%ABns\/Le+Carnaval+des+Animaux\/Finale href=\"http:\/\/www.lastfm.es\/music\/Camille+Saint-Sa%C3%ABns\/Le+Carnaval+des+Animaux\/Finale\"><EM>Carnaval des Animaux <\/EM><\/A><\/EM>de Saint-Sa\u00ebns, tanto en versi\u00f3n orquestal como en una versi\u00f3n r\u00edtmica, extra\u00edda por ordenador, interpretada con un tambor. Como control utilizan la voz humana hablando a los ni\u00f1os. Graban en video a los beb\u00e9s mientras escuchan y analizan sus movimientos por expertos y en el ordenador, por medio de un programa de captura de im\u00e1genes en tres dimensiones.<\/p>\n<p> Zentner y Eerola obtienen, con sus resultados, varias conclusiones. En primer lugar, los ni\u00f1os realizan m\u00e1s movimientos r\u00edtmicos con la m\u00fasica que cuando escuchan una voz que les habla. Adem\u00e1s, si la m\u00fasica cambia de velocidad (de tempo), los movimientos r\u00edtmicos de los beb\u00e9s siguen esos cambios. Y, por si fuera poco, el grado de coordinaci\u00f3n de los movimientos de los beb\u00e9s con la m\u00fasica que escuchan mejora cuanto m\u00e1s sonr\u00eden los ni\u00f1os, es decir, cuanto mejor se sienten, mejor bailan. Los autores creen que esta temprana habilidad de seguir un ritmo debe tener alg\u00fan efecto adaptativo, lo que quiere decir que, de alguma manera, consigue que los humanos se adapten mejor al entorno y alcancen un mayor \u00e9xito evolutivo. Sin embargo, no proponen ninguna hip\u00f3tesis sobre esa adaptaci\u00f3n.<\/p>\n<p> *Zentner, M. &#038; T. Eerola. 2010. Rhythmic engagement with music in infancy. <EM>Proceedings of the National Academy of Sciences USA <\/EM>107: 5768-5773.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno de los m\u00e1s curiosos efectos que nos produce la m\u00fasica es como nos obliga a movernos seg\u00fan el ritmo que marca. Los humanos somos \u00fanicos en esta habilidad de coordinarnos con est\u00edmulos auditivos externos, o sea, que la m\u00fasica nos exige el baile. 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