{"id":393,"date":"2009-12-02T16:23:00","date_gmt":"2009-12-02T16:23:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=393"},"modified":"2009-12-02T16:23:00","modified_gmt":"2009-12-02T16:23:00","slug":"flechazo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2009\/12\/02\/flechazo\/","title":{"rendered":"Flechazo"},"content":{"rendered":"<p><IMG id=img_0 class=imgcen src=\"\/labiologiaestupenda\/wp-content\/uploads\/sites\/23\">Volvamos a la mosca de la fruta, la famosa <EM>Drosophila melanogaster<\/EM>. Lisa McGraw y su grupo, de la Universidad Cornell de Ithaca, en Nueva York, intentan demostrar, nada menos, si en estas moscas existe el amor a primera vista. Ya hemos visto que la c\u00f3pula cambia la conducta de la hembra; en el genoma, estos cambios post-c\u00f3pula suponen variaciones en la actividad de unos 1700 genes. Para estudiar este fen\u00f3meno, McGraw pone en marcha un experimento en el que cruza machos y hembras de dos linajes de moscas, los llamados Canton-S y Oregon-S. Realmente no hay diferencias en los genes expresados (esos 1700) y en las conductas de las hembras de ambos linajes sea cual sea el linaje de machos con el que se crucen. Sin embargo, los investigadores obtienen otro resultado quiz\u00e1 no esperado: las hembras de ambos linajes prefieren cruzarse con los machos Canton-S o, alternativamente, no lo sabemos con seguridad, son estos machos Canton-S m\u00e1s h\u00e1biles en convencer a las hembras de ambos linajes para que sean su pareja. Y como los genes que se expresan no cambian en las hembras a causa de la c\u00f3pula, de haber alguna diferencia para atraer a los machos Canton-S y, viceversa, para ser atra\u00eddas las hembras por esos machos, este cambio deb\u00eda existir previamente al inicio de la conducta para la reproducci\u00f3n. Y, se supone, esas caracter\u00edsticas gen\u00e9ticas previas ser\u00e1n las causantes del &#8220;flechazo&#8221; de las hembras de ambos linajes con los machos Canton-S y, a la vez, de los machos Canton-S por los dos linajes de hembras. Y los machos del otro linaje, los Oregon-S, se quedan a dos velas; no tienen la expresi\u00f3n de los genes apropiados. En resumen, el amor a primera vista (o al primer olor, qui\u00e9n sabe) existe en las moscas de la fruta.<\/p>\n<p>El &#8220;flechazo&#8221; de las moscas es el equivalente a nuestro amor rom\u00e1ntico a primera vista. Un intenso amor existe, casi con toda seguridad, en todas las sociedades que forman nuestra especie: cuando los antrop\u00f3logos han preguntado por este amor en 166 culturas actuales, han encontrado pruebas de su existencia en 147 de ellas y, en las que no hay pruebas, es m\u00e1s bien porque los encuestadores no han sabido hacer las preguntas apropiadas, es decir, porque existe un problema de comunicaci\u00f3n. <\/p>\n<p> Hace unos a\u00f1os, Arthur Aron y su grupo, de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook, averiguaron la respuesta del cerebro a la presencia del ser amado. A 10 hombres y 7 mujeres, que se declaran intensamente enamorados, les ense\u00f1an im\u00e1genes del ser amado y de otra persona conocida sin m\u00e1s y, a la vez, les miden la actividad cerebral. Los autores encuentran que, en el cerebro de los enamorados cuando ven la imagen de la persona amada, se activan zonas del cerebro ricas en el neurotransmisor dopamina (recordad que es una de las sustancias qu\u00edmicas que act\u00faa para comunicar unas neuronas con otras) y que son conocidas por estar relacionadas con la motivaci\u00f3n y la recompensa placentera; en concreto son el \u00e1rea tegmental ventral derecha y el n\u00facleo caudado derecho, m\u00e1s o menos situados en el centro del cerebro, como se ve en la imagen superior. Son \u00e1reas por debajo, m\u00e1s dentro del cerebro, que la corteza, siendo \u00e9sta la que nos distingue como primates y como humanos; es decir, las \u00e1reas implicadas en el enamoramiento son antiguas en la evoluci\u00f3n y, seguramente, existen en otros mam\u00edferos. Es el enamoramiento, el amor rom\u00e1ntico, el flechazo, algo que nos llega de nuestra base biol\u00f3gica; quiz\u00e1 el amor que viene despu\u00e9s de la pasi\u00f3n est\u00e9 m\u00e1s relacionado con la inteligencia o la moral; no lo s\u00e9, tengo que buscar datos para averiguarlo.<\/p>\n<p> Por ello, y para terminar, Dan Stein y Bavanisha Vythilingum, de la Universidad de Ciudad del Cabo, en Sud\u00e1frica, en una breve y contundente revisi\u00f3n de lo que hasta ahora se sabe sobre el amor rom\u00e1ntico, terminan su texto asegurando que las parejas entre humanas, aunque m\u00e1s complejas que en los animales, se basan en la qu\u00edmica y en los circuitos del cerebro que hemos conservado evolutivamente de nuestros antecesores. Conceptos abstractos, como belleza y amor, est\u00e1n incluidos en estructuras m\u00e1s b\u00e1sicas y m\u00e1s antiguas. Pero debemos ser conscientes de que las elecciones sexuales en nuestra especie contribuyen esencialmente al andamiaje de la naturaleza humana. Por ello, a\u00f1aden los autores, esta es una l\u00ednea de investigaci\u00f3n que debe continuar con tes\u00f3n y apoyo.<\/p>\n<p>*Aron, A., H. Fisher, D.J. Mashek, G. Strong, H. Li &#038; L.L. Brown. 2005. Reward, motivation, and emotion systems associated with early-stage intense romantic love. <EM>Journal of Neurophysiology <\/EM>94: 327-337.<br \/>\n*McGraw, L.A., G. Gibson, A.G. Clark &#038; M.F. Wolfner. 2009. Strain-dependent differences in several reproductive traits are not accompanied by early postmating transcriptome changes in female <EM>Drosophila melanogaster<\/EM>. <EM>Genetics <\/EM>181: 1273-1280.<\/p>\n<p> *Stein, D.J. &#038; B. Vythilingum. 2009. Love and attachment: The psychobiology of social bonding. <EM>CNS Spectrum <\/EM>14: 239-242.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Volvamos a la mosca de la fruta, la famosa Drosophila melanogaster. Lisa McGraw y su grupo, de la Universidad Cornell de Ithaca, en Nueva York, intentan demostrar, nada menos, si en estas moscas existe el amor a primera vista. 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