{"id":361,"date":"2009-10-05T17:21:00","date_gmt":"2009-10-05T17:21:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=361"},"modified":"2009-10-05T17:21:00","modified_gmt":"2009-10-05T17:21:00","slug":"crujir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2009\/10\/05\/crujir\/","title":{"rendered":"Crujir"},"content":{"rendered":"<p>Se han concedido hoy los Premios Nobel de Medicina de 2009. Estupendo. Pero ya se pueden figurar ustedes, mis amables lectores, que, despu\u00e9s de felicitar efusivamente a los ganadores, a m\u00ed lo que me interesa es que tambi\u00e9n se han concedido, en la noble sede de la Universidad de Harvard, los Ig Nobel igualmente correspondientes al a\u00f1o en curso. Trataremos de ellos de vez en cuando, pero aqu\u00ed va el primero. Me ha interesado profundamente ya que es el trabajo de toda la vida de un solo investigador. Se llama Donald Unger, es de Thousand Oaks, en California, y calculo que, cuando escribi\u00f3 el art\u00edculo, en 1998, tendr\u00eda unos 70 a\u00f1os. Se bas\u00f3 en un art\u00edculo anterior, nada menos que de 1975, que parece lo \u00fanico publicado sobre asunto tan importante (y denteroso) como es el crujir de los nudillos de los dedos de las manos. <\/p>\n<p>El art\u00edculo de 1973 est\u00e1 firmado por Robert y Stuart Swezey, de la Universidad del Sur de California en Los Angeles, y trata del estudio, en 28 pacientes de un asilo jud\u00edo de Los Angeles, de la frecuencia de crujir los dedos con la aparici\u00f3n de enfermedades en las articulaciones, sobre todo de artritis. No encuentran ninguna relaci\u00f3n; es m\u00e1s, Robert Swezey, en un comentario al art\u00edculo de Unger, asegura que su coautor, Stuart Swezey, ten\u00eda 12 a\u00f1os en 1975, y que lleva, por tanto, 22 a\u00f1os crujiendo los dedos y, al parecer, sin ninguna consecuencia.<\/p>\n<p>Sin embargo, Donald Unger, que desde ni\u00f1o cruj\u00eda sus dedos a modo, estaba harto de que su madre, varios y t\u00edos y, el no va m\u00e1s, hasta su suegra, le aseguraban que era una costumbre peligrosa que le llevar\u00eda a padecer alg\u00fan tipo de enfermedad, seguramente artritis, en su vejez. Unger decidi\u00f3 entonces hacer un experimento consigo mismo: durante los siguientes 50 a\u00f1os s\u00f3lo se cruji\u00f3 los dedos de su mano izquierda por lo menos dos veces al d\u00eda, y utiliz\u00f3 su mano derecha como control, o sea, que aguant\u00f3 50 a\u00f1os sin crujirse los dedos de la mano derecha. Nuestro autor calcul\u00f3 que se hab\u00eda crujido los dedos de la mano izquierda unas 36500 veces. Como conclusi\u00f3n, y supongo que despu\u00e9s de una atenta observaci\u00f3n de sus manos, tanto la derecha no crujida como la izquierda crujiente, fue de que no padec\u00eda artritis en ninguna de las dos y que, adem\u00e1s, no se diferenciaban en nada, excepto que una era la mano derecha y la otra la mano izquierda (en un par\u00e9ntesis: seg\u00fan Swezey en su comentario a este art\u00edculo, el 31% de los m\u00e9dicos de atenci\u00f3n primaria no distinguen su mano derecha de la mano izquierda; no dice cu\u00e1l es la fuente de este dato, a m\u00ed me encantar\u00eda leer ese art\u00edculo). El autor termina el art\u00edculo asegurando que este resultado le lleva a proponer que se deben investigar otras afirmaciones, que supone gratuitas, y que se dan en muchas familias. Pone como ejemplo, y quiz\u00e1 como propuesta de una nueva l\u00ednea de investigaci\u00f3n, el comer espinacas. Quiz\u00e1 no le gusten, y si lleva 70 a\u00f1os comi\u00e9ndolas&#8230;<\/p>\n<p>*Swezey, R.L. &#038; S.E. Swezey. 1975. The consequences of habitual knuckle cracking. West Journal of Medicine 122: 377-379.<\/p>\n<p>*Unger, D.L. 1998. Does knuckle cracking lead to arthritis of the fingers? <EM>Arthritis and Rheumatism <\/EM>41: 949-950.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se han concedido hoy los Premios Nobel de Medicina de 2009. Estupendo. 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