{"id":336,"date":"2009-07-15T15:40:00","date_gmt":"2009-07-15T15:40:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=336"},"modified":"2009-07-15T15:40:00","modified_gmt":"2009-07-15T15:40:00","slug":"obesidad-iv","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2009\/07\/15\/obesidad-iv\/","title":{"rendered":"Obesidad (IV)"},"content":{"rendered":"<p>La obesidad es dura para los adolescentes y, en el mundo en que vivimos, el Primer Mundo, tambi\u00e9n para los adultos. En un estudio, publicado por Brenda Lohman y sus colaboradores, con 1011 adolescentes de 10 a 15 a\u00f1os pertenecientes a familias de ingresos muy bajos, se demuestra que el 47% tienen sobrepeso o son obesos y que, si est\u00e1n sometidos a estr\u00e9s, el porcentaje aumenta hasta el 56,2. Los cinco factores medidos para detectar el estr\u00e9s son: problemas en los estudios, consumo de drogas o alcohol, depresi\u00f3n o problemas de salud mental, conducta agresiva y falta de perspectivas de futuro. Si aparecen juntos cuatro de estos indicadores, la obesidad alcanza a m\u00e1s de la mitad de los j\u00f3venes. <\/p>\n<p> Como tantas veces pasa en los estudios estad\u00edsticos, esta relaci\u00f3n entre obesidad y estr\u00e9s tambi\u00e9n se puede estudiar al rev\u00e9s, es decir, demostrar que la obesidad influye en la autoestima y el desarrollo intelectual de los j\u00f3venes. F. Wang y Paul Veugelers, de la Universidad de Alberta en Edmonton, Canad\u00e1, han estudiado la relaci\u00f3n entre peso, rendimiento acad\u00e9mico y autoestima en 4945 estudiantes de grado. En primer lugar, los estudiantes con buenas notas tienen alta autoestima, y si hay poca confianza en s\u00ed mismos afecta su aprendizaje. As\u00ed, el peso no afecta al rendimiento acad\u00e9mico, y la autoestima no afecta ni al peso ni al rendimiento acad\u00e9mico. El peso afecta a la autoestima pero tener baja autoestima no lleva obligatoriamente a la obesidad. Los estudiantes obesos, respecto a los delgados, son propensos a la autoestima baja, y los de buenas notas, con respecto a los de malas notas, son menos propensos a la autoestima baja. En resumen, de todo este trabalenguas estad\u00edstico saquen en claro que ser obeso disminuye, a menudo, la autoestima.<\/p>\n<p> Tambi\u00e9n es cierto que esta autoestima se basa, en gran parte, en la opini\u00f3n que los dem\u00e1s demuestran sobre nosotros, y Martin Tov\u00e9e y su grupo, de la Universidad de Newcastle, ya demostraron que nuestra opini\u00f3n sobre el peso de los dem\u00e1s depende, en gran parte, de nuestro propio peso y de la imagen que tenemos de nosotros mismos. En fin, que somos m\u00e1s indulgentes con quienes se parecen m\u00e1s a nosotros. Tov\u00e9e lo demostr\u00f3 despu\u00e9s de estudiar la opini\u00f3n sobre s\u00ed mismas y sobre las dem\u00e1s participantes en el estudio, de 31 anor\u00e9xicas, 30 bul\u00edmicas y 143 mujeres control. <\/p>\n<p> Es m\u00e1s, incluso podemos ser m\u00e1s indulgentes con nosotros mismos, a los obesos me refiero, pues el serlo no es s\u00f3lo culpa nuestra, como nos han hecho creer y sufrir durante a\u00f1os. O, por lo menos, parece que esta absoluci\u00f3n se comienza a vislumbrar entre multitud de estudios acusadores. Por ejemplo, Nathaniel Watson y su equipo, de la Universidad de Washington en Seattle, han encontrado, en un estudio con 1797 gemelos, que aquellos que duermen entre 7 y 8,9 horas cada noche son m\u00e1s delgados que los que duermen m\u00e1s o menos horas. es decir, son las horas de sue\u00f1o las culpables de la obesidad y no nuestra ingesta cal\u00f3rica diaria, o sea, lo que comemos.<\/p>\n<p> Y es m\u00e1s, de nuevo, quiz\u00e1 sea nuestro propio sistema inmune, como argumentan A. Mart\u00ed y sus colegas, de la Universidad de Navarra, pues existe una relaci\u00f3n entre las c\u00e9lulas de este sistema y los adipocitos que son las c\u00e9lulas en las que almacenamos la grasa, y que tan alegremente nos extirpamos con la liposucci\u00f3n. Aunque, quiz\u00e1 y por lo que hasta ahora sabemos, parece que existe m\u00e1s influencia negativa de la obesidad sobre el sistema inmune que al contrario. Pero, obcec\u00e1ndonos un poco, tambi\u00e9n podemos echar la culpa al sistema inmune antes que a nuestra ingesta cal\u00f3rica.<\/p>\n<p> Y, por fin, la excusa perfecta, la que nos exonera de cualquier culpa de nuestra obesidad que, adem\u00e1s, no es una excusa sino dos: son virus y son bacterias quienes provocan nuestra ganancia de peso. Por ejemplo, A. Vasilakopoulou y C.W. le Roux, del Colegio Imperial de Londres, revisan lo publicado hasta el momento y concluyen que, entre los virus, son los adenovirus los candidatos mejor colocados para ser quienes provocan la obesidad. Por otra parte, es el doctor Max Goodson y su grupo, del Instituto Forsyth, de Boston, quienes encuentran que la poblaci\u00f3n bacteriana, aislada de la boca de 313 mujeres, es diferente en las obesas que en las que tienen menos peso. Despu\u00e9s de aislar las bacterias de estas poblaciones, llegan a la conclusi\u00f3n de que es la bacteria <EM>Selenomonas noxia<\/EM>, con niveles superiores al 1,05% de la poblaci\u00f3n bacteriana, la que parece responsable de la obesidad. <\/p>\n<p> Como dicen Vasilakopoulou y le Roux, la obesidad se considera un problema derivado de un determinado estilo de vida, pero lo mismo se pensaba de las \u00falceras de est\u00f3mago antes de descubrirse la bacteria <EM>Helicobacter pylori<\/EM>. Y se preguntan por qu\u00e9 no puede ocurrir lo mismo con la obesidad. Proponen que es una enfermedad provocada por bacterias o virus o ambos a la vez, no por el estilo de vida de los obesos. Es la excusa perfecta. Mediten sobre ello. Y piensen desde ya en qu\u00e9 reconvertir toda la industria farmace\u00fatica, parafarmace\u00fatica, gimn\u00e1stica y deportiva que se basa en la obesidad culpable de los obesos.<\/p>\n<p> *Goodson, J.M., D. Groppo, S. Halem &#038; E. Carpino. 2009. Is obesity an oral bacterial disease? <EM>Journal of Dental Research <\/EM>88: 519-523.<\/p>\n<p> *Lohman, B.J., S. Stewart, C. Gundersen, S. Garasky &#038; J.C. Eisenmann. 2009. Adolescent overweight and obesity: Links to food insecurity and individual, maternal, and family stressors. <EM>Journal of Adolescent Health <\/EM>DOI:10.1016\/j.jadohealth.2009.01.003<\/p>\n<p> *Mart\u00ed, A., A. Marcos &#038; J.A. Mart\u00ednez. 2001. Obesity and immune function relationships. <EM>Obesity Reviews <\/EM>2: 131-140.<\/p>\n<p> *Tov\u00e9e, M.J., J.L. Emery &#038; E.M. Cohen-Tov\u00e9e. 2000. The estimation of body mass index and physical attractiveness is dependent on the observer&#8217;s own body mass index. <EM>Proceedings of the Royal Society London B<\/EM> 267: 1987-1997.<\/p>\n<p> *Vasilakopoulou, A. &#038; C.W. le Roux. 2007. Could a virus contribute to weight gain? <EM>International Journal of Obesity<\/EM> 31: 1350-1356.<\/p>\n<p> *Wang, F. &#038; P. Veugelers. 2008. Self-esteem and cognitive development in the era of the childhood obesity epidemic. <EM>Obesity Reviews <\/EM>9: 615-623.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La obesidad es dura para los adolescentes y, en el mundo en que vivimos, el Primer Mundo, tambi\u00e9n para los adultos. 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