{"id":286,"date":"2009-03-27T17:20:00","date_gmt":"2009-03-27T17:20:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=286"},"modified":"2009-03-27T17:20:00","modified_gmt":"2009-03-27T17:20:00","slug":"sopa-tomate","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2009\/03\/27\/sopa-tomate\/","title":{"rendered":"Sopa de tomate"},"content":{"rendered":"<p>Imaginen una mesa de restaurante de 1,9 por 1,2 metros, preparada para comer cuatro personas. Colocamos los cuatro platos y los llenamos con una nueva receta de sopa de tomate, e invitamos, por turnos, a 54 personas a probar la receta y les pedimos que nos comenten la calidad del plato, la cantidad que han comido y c\u00f3mo se sienten al acabar la comida. Los comensales tienen entre 18 y 47 a\u00f1os, con una media de \u00cdndice de Masa Corporal de 24,9, y proceden de un entorno universitario. Todo perfecto; parece un montaje pensado para ilustrar una futura campa\u00f1a de publicidad sobre las excelencias de la sopa de tomate. Pero no es lo que parece; hay trampa.<\/p>\n<p> Brian Wansink y sus colegas de la Universidad Cornell, de Ithaca, en Nueva York, plantearon el experimento con otras intenciones. Todos los platos est\u00e1n sujetos a la mesa, y dos de ellos, situados en diagonal, tienen un peque\u00f1o orificio en el fondo conectado a un tubo de goma y a un dep\u00f3sito de sopa de tomate. De esta forma, seg\u00fan el sujeto come, se le introduce m\u00e1s sopa de tomate en el plato; no tan r\u00e1pido como para que desborde, ni tan lento como para que acabe viendo el agujero de la base del plato. El ritmo es tal que el plato se llena en unos 20 minutos, y as\u00ed conseguimos que, seg\u00fan el sujeto come la sopa, el ritmo de vaciado del plato se reduce en un 60%. Para hacernos una idea, en cada plato cabe, m\u00e1s o menos, medio kilo de sopa de tomate.<\/p>\n<p> Los que comen de los platos sin fondo (como dice el t\u00edtulo del art\u00edculo) comen m\u00e1s sopa, casi el doble (un 73%), que los que comen en platos sin trampa y, sin embargo, no creen haber comido m\u00e1s de lo normal ni se sienten m\u00e1s saciados de lo habitual. Extraordinario; los psicol\u00f3gos acaban de descubrir otra manera de enga\u00f1arnos. Como dicen Wansink y sus colegas, es que acostumbramos a contar calor\u00edas con los ojos y no con los est\u00f3magos y, esto, claro, es un error de bulto. <\/p>\n<p> Me pregunto si este experimento puede ayudarnos a extraer alguna conclusi\u00f3n del hecho indiscutible de que, en la nueva cocina, cada vez ponen menos comida en el plato. \u00bfSer\u00e1 para que se termine con rapidez y sintamos siempre m\u00e1s hambre, hasta llegar a la rendici\u00f3n total, y acabemos comiendo cualquier cosa que nos den, incluso algunas que no sabemos ni qu\u00e9 son ni c\u00f3mo las han preparado?<\/p>\n<p> (Sospecho que este trabajo recibio un Premio IgNobel, pero no lo recuerdo con seguridad)<\/p>\n<p> *Wansink, B., J.E. Painter &#038; J. North. 2005. Bottomless bowls: Why visual cues of portion size may influence intake. <EM>Obesity Research <\/EM>13: 93-100.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Imaginen una mesa de restaurante de 1,9 por 1,2 metros, preparada para comer cuatro personas. 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