{"id":231,"date":"2008-12-09T15:22:00","date_gmt":"2008-12-09T15:22:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=231"},"modified":"2008-12-09T15:22:00","modified_gmt":"2008-12-09T15:22:00","slug":"rubor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2008\/12\/09\/rubor\/","title":{"rendered":"Rubor"},"content":{"rendered":"<p>El cuerpo responde cuando se siente inc\u00f3modo, por ejemplo, por la ansiedad ante los contactos con nuestros semejantes en nuestra vida social. Esa incomodidad se traduce en rubor, sudor excesivo, temblores en la voz,&#8230; El rubor es uno de los s\u00edntomas m\u00e1s dif\u00edciles de controlar ya que es observado antes por los dem\u00e1s que por quien se ruboriza, lo que se traduce en m\u00e1s ansiedad y m\u00e1s rubor. Incluso el mismo miedo a ruborizarse ruboriza. Tan importante puede ser el rubor en la vida de quien lo sufre que Mark Twain defini\u00f3 al <EM>hombre como el \u00fanico animal que se ruboriza<\/EM>. Desde el punto de vista psiqui\u00e1trico, el rubor puede ser un s\u00edntoma de fobia social. Por tanto, conocer mejor el rubor es necesario para controlarlo, tanto en situaciones normales como en las patol\u00f3gicas. <\/p>\n<p> Si alguien quiere iniciarse en el estudio del rubor, seg\u00fan D.J. Stein y C. Bouwer, de la Universidad de Stellenbosch, en Tygerberg (Sud\u00e1frica), debe comenzar por Charles Darwin y su libro <EM>La expresi\u00f3n de las emociones en los animales y en el hombre<\/EM>, publicado en 1872. El rubor, seg\u00fan Darwin, es un fen\u00f3meno universal, presente en todas las razas y culturas, y m\u00e1s com\u00fan en las mujeres que en los hombres. Se inicia en la infancia, aunque no en los beb\u00e9s pues es un proceso social que necesita la presencia y el conocimiento de la existencia del otro. Hay m\u00faltiples causas que pueden causar el enrojecimiento de la piel, incluso el miedo al propio enrojecimiento o la acusaci\u00f3n de estar ruborizado aunque en ese preciso momento no lo est\u00e9 el sujeto. Es muy habitual que el rubor se acompa\u00f1e de una sonrisa muy poco sincera y m\u00e1s bien apurada.<\/p>\n<p> La causa es siempre una dilataci\u00f3n de los vasos sangu\u00edneos superficiales controlada por el sistema nervioso simp\u00e1tico. Por ello, hay muchos agentes que, si provocan esa vasodilataci\u00f3n, conseguir\u00e1n igualmente el enrojecimiento de la piel. Uno de esos agentes es el alcohol que se transforma en acetaldehido que act\u00faa como vasodilatador. <\/p>\n<p> El rubor se produce incluso aunque la situaci\u00f3n embarazosa no est\u00e9 en contacto directo con el sujeto. Peter Drummond y su equipo, de la Universidad Murdoch, en Australia, plantearon un experimento con 16 individuos y 16 controles a los que, en una habitaci\u00f3n aislada, entrevistaron brevemente para resumir un peque\u00f1o curriculum de cada uno y, despu\u00e9s de un peque\u00f1o descanso, les invitaron a dar una charla de unos tres minutos sobre su propio trabajo. Para calcular cuanto enrojecen, Drummond y su grupo miden la temperatura de la cara y el flujo sangu\u00edneo en la frente. Los individuos que declaran tener miedo a enrojecer, se ruborizan antes, m\u00e1s r\u00e1pido y vuelven al color normal m\u00e1s lentamente que los individuos del grupo control, que declaran no tener miedo a ruborizarse. Y, seg\u00fan los autores, si se ruborizan antes, m\u00e1s y por m\u00e1s tiempo, y tienen miedo a ruborizarse, la \u00fanica conclusi\u00f3n es que el enrojecimiento se autoalimenta en cada episodio embarazoso.<\/p>\n<p> Drummond y sus colaboradores tambi\u00e9n se preguntaron si exist\u00eda alg\u00fan cambio en el enrojecimiento seg\u00fan el color de la piel del sujeto. Para ello, experimentaron con 16 caucasianos y 16 indios y les hiceron realizar c\u00e1lculos mentales matem\u00e1ticos y cantar una canci\u00f3n popular (<EM>El viejo MacDonald ten\u00eda una granja<\/EM>, con ruido de fondo de vacas, patos y perros). La temperatura de la piel y el flujo sangu\u00edneo result\u00f3 ser similar en ambos grupos. Sin embargo, los autores consideran que el tono m\u00e1s oscuro de la piel disminuye el miedo al rubor puesto que el sujeto es consciente de ser menos visible durante los contactos sociales embarazosos. El rubor no cambia; su percepci\u00f3n, s\u00ed.<\/p>\n<p> Tan serio puede llegar a ser el rubor para la vida social de algunas personas que se han propuesto m\u00e9todos quir\u00fargicos para eliminarlo, seccionando los cordones nerviosos del sistema simp\u00e1tico que lo controlan. Sin embargo, seg\u00fan Corine Dijk y Peter de Jong, de la Universidad de Groningen, en Holanda, su eficacia no est\u00e1 demostrada, hay pocas pruebas todav\u00eda y, en algunos casos, se producen desagradables efectos secundarios, como una excesiva sudoraci\u00f3n. Adem\u00e1s, \u00bfpor qu\u00e9 debemos eliminar uno de los m\u00e9todos m\u00e1s evidentes que la especie humana tiene para comunicarse entre s\u00ed?<\/p>\n<p> Desde un enfoque biol\u00f3gico y evolutivo, hay diferentes hip\u00f3tesis sobre la raz\u00f3n de existencia del rubor: avisar al grupo de que se ha violado alguna de sus reglas, de que se est\u00e1 siendo observado por alg\u00fan individuo hostil, de que los otros te juzgan como socialmente inaceptable o de que se ha perdido la autoestima y se pide a los otros miembros del grupo ayuda para recuperarla. De hecho, el rubor mitiga las reacciones negativas de los otros. Seguramente, desde el punto de vista evolutivo, el rubor deriva de los diferentes sistemas de apaciguamiento que se observan en muchas especies de mam\u00edferos. Y tambi\u00e9n de busca de pareja, pues el rubor tiene un cierto significado sexual sobre todo en las mujeres.<\/p>\n<p> *Darwin, C. 1872 (1984). <EM>La expresi\u00f3n de las emociones en los animales y en el hombre<\/EM>. Alianza Ed. Madrid.<\/p>\n<p> *Dijk, C. &#038; P.J. de Jong. 2006. Surgical treatment for blushing. <EM>Lancet <\/EM>367 2059.<\/p>\n<p> *Drummond, P.D., K. Back, J. Harrison, F.D. Helgadottir, B. Lange, C. Lee, K. Leavy, C. Novatscou, A. Orner, H. Pham, J. Prance, D. Radford &#038; L. Wheatley. 2007. Blushing during social interactions in people with a fear of blushing. <EM>Behaviour Research and Therapy<\/EM> 45: 1601-1608.<\/p>\n<p> *Drummond, P.D. &#038; H.K. Lim. 2000. The significance of blushing for fair- and dark-skinned people. <EM>Personality and Individual Differences <\/EM>29: 1123-1132. <\/p>\n<p> *Stein, D.J. &#038; C. Bouwer. 1997. Blushing and social phobia: a neuroethological speculation. <EM>Medical Hypotheses <\/EM>49: 101-108.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El cuerpo responde cuando se siente inc\u00f3modo, por ejemplo, por la ansiedad ante los contactos con nuestros semejantes en nuestra vida social. 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