{"id":184,"date":"2007-12-09T16:54:00","date_gmt":"2007-12-09T16:54:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=184"},"modified":"2007-12-09T16:54:00","modified_gmt":"2007-12-09T16:54:00","slug":"cocos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2007\/12\/09\/cocos\/","title":{"rendered":"Cocos"},"content":{"rendered":"<p>Los <A href=\"http:\/\/articulos.infojardin.com\/Frutales\/fichas\/coco-cocos-cocotero-cocoteros.htm\">cocoteros  <\/a>(<em>Cocos nucifera<\/em>) tienen un importante papel en la vida rural de  muchos pa\u00edses del tr\u00f3pico; crecen en las playas arenosas de las islas del  Pac\u00edfico, y su cultivo se ha extendido al Caribe, Centroam\u00e9rica y \u00c1frica  tropical. Pero la ca\u00edda de los frutos, pesados y de gran dureza, provoca  accidentes inevitables. Peter Barss, del Hospital Provincial de <A href=\"http:\/\/www.abc.net.au\/widebay\/stories\/s504695.htm\">Alotau<\/a>, en Papua  Nueva Guinea, ha declarado que el 2,5% de los ingresados en Urgencias de su  Hospital durante los \u00faltimos cuatro a\u00f1os ten\u00edan heridas producidas por los cocos  en la cabeza, la espalda o los hombros. Detalla que un cocotero puede alcanzar  una altura de entre 24 y 35 metros, y que el peso del fruto maduro llega hasta  los 4 kilogramos. En su art\u00edculo, Barss describe el estado de cuatro pacientes:  dos de ellos necesitaron <A href=\"http:\/\/www.nlm.nih.gov\/medlineplus\/spanish\/ency\/article\/003018.htm\">craneotom\u00eda  <\/a>y los otros dos murieron a causa de las heridas producidas.<br \/>\nA\u00f1os despu\u00e9s,  el doctor J.S. Mulford y su equipo, del <A href=\"http:\/\/www.hermannoberli.ch\/general_e.htm\">Hospital Central Referral<\/a>,  de Honiara, en las islas Solomon, no muy lejos de Papua Nueva Guinea, nos revela  que el mismo problema aparece en el Departamento de Cirug\u00eda del hospital. El  3,4% de los ingresados tienen heridas causadas por los cocoteros y, en concreto,  di\u00e9ciseis de ellos por la ca\u00edda de cocos. Adem\u00e1s, varios de estos pacientes  tienen fractura de cr\u00e1neo y todos los que presentan esta lesi\u00f3n tienen menos de  diez a\u00f1os de edad.<br \/>\nPor cierto, a tres pacientes se les derrumb\u00f3 el \u00e1rbol  completo encima, y otro de los heridos se caus\u00f3 da\u00f1os al patear un  cocotero.<\/p>\n<p>*Barss, P. 1984. Injuries due to falling coconuts. <em>Journal  of Trauma<\/em> 24: 990-991.<br \/>\n*Barss, P. 1984. Falls from trees and tree  associated injuries in rural Melanesians. <em>British Madical Journal <\/em>289:  1717-1720.<br \/>\n*Mulford, J.S., H. Oberli &#038; S. Tovosia. 2001. Coconut  palm-related injuries in the pacific islands. <em>ANZ Journal of Surgery<\/em>  71: 32-34. <\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los cocoteros (Cocos nucifera) tienen un importante papel en la vida rural de muchos pa\u00edses del tr\u00f3pico; crecen en las playas arenosas de las islas del Pac\u00edfico, y su cultivo se ha extendido al Caribe, Centroam\u00e9rica y \u00c1frica tropical. Pero la ca\u00edda de los frutos, pesados y de gran dureza, provoca accidentes inevitables. Peter Barss, [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":32,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/184"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/users\/32"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=184"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/184\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=184"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=184"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=184"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}