{"id":152,"date":"2008-01-15T15:58:00","date_gmt":"2008-01-15T15:58:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=152"},"modified":"2008-01-15T15:58:00","modified_gmt":"2008-01-15T15:58:00","slug":"pedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2008\/01\/15\/pedo\/","title":{"rendered":"Pedo"},"content":{"rendered":"<p>Los ping\u00fcinos pasan la mayor parte de su vida en el agua y s\u00f3lo permanecen en  tierra para la reproducci\u00f3n. En esa \u00e9poca, los <A href=\"http:\/\/marinebio.org\/species.asp?id=647\">ping\u00fcinos Chinstrap  <\/a>(<em>Pygoscelis antarctica<\/em>) y <A href=\"http:\/\/animals.nationalgeographic.com\/animals\/birds\/adelie-penguin.html\">Ad\u00e9lie  <\/a>(<em>P. adelie<\/em>) generan considerables presiones internas para propulsar  sus heces fuera del nido. Cualquiera que haya visto, o le hayan contado, que un  ping\u00fcino &#8220;dispara&#8221; por su extremo inferior se habr\u00e1 quedado con ganas de  investigar c\u00f3mo lo hace. Este deseo empuj\u00f3 a <A href=\"http:\/\/www.meyer-rochow.com\/\">Benno Meyer-Rochow <\/a>y Jozsef Gal, de la  Universidad Internacional de Bremen, en Alemania, a contribuir a aclarar este  asunto, y en 2003 publicaron un art\u00edculo con los resultados obtenidos. Seg\u00fan  estos cient\u00edficos, los ping\u00fcinos se acercan al borde del nido, le dan la espalda  al mundo exterior, se inclinan hacia el interior del nido, levantan la cola, y  disparan. El material expelido alcanza como mucho medio metro fuera del nido y  deja un rastro, como de un cent\u00edmetro de ancho y de color blanco o rosa, que  empieza a pocos cent\u00edmetros del borde del nido. El color, blanco o rosa, depende  del men\u00fa del ping\u00fcino, pescado o crust\u00e1ceo, respectivamente.<br \/>\nLos autores,  despu\u00e9s de obtener las fotograf\u00edas necesarias y hacer las medidas pertinentes,  nos informan de que el orificio por el que los ping\u00fcinos disparan tiene como  mucho unos ocho mil\u00edmetros de di\u00e1metro. Entra en el rango habitual entre  ping\u00fcinos, seg\u00fan lo publicado hasta el momento, que va desde los 4,2 mil\u00edmetros  en el <A href=\"http:\/\/www.pinguins.info\/FRAMES\/Soortenframe_eng.html\">saltador  de rocas peque\u00f1o <\/a>hasta 13,8 mil\u00edmetros en el <A href=\"http:\/\/www.pinguins.info\/FRAMES\/Soortenframe_eng.html\">gran ping\u00fcino  gentoo<\/a>. Aunque el <em>orificium venti<\/em> (t\u00e9rmino de los autores) se abre  en los ping\u00fcinos como una ranura horizontal, en el momento del disparo es  circular.<br \/>\nConociendo la distancia que alcanzan las heces, la densidad y  viscosidad del material, el tama\u00f1o de la abertura por la que se dispara y la  altura sobre el suelo a la que se coloca el ping\u00fcino, podemos, dicen  Meyer-Rochow y Gal, calcular las presiones implicadas en el disparo. Despu\u00e9s de  complicados c\u00e1lculos, se llega a la conclusi\u00f3n de que, para disparar materiales  viscosos (por ejemplo, aceite de oliva), se necesitan hasta 450 mil\u00edmetros de  mercurio de presi\u00f3n en el recto. Para hacernos una idea del significado de esta  cifra, en la especie humana la presi\u00f3n normal es de 20 mil\u00edmetros de mercurio, a  los 30 mil\u00edmetros los esf\u00ednteres se abren y el contenido del recto es expulsado;  en el estre\u00f1imiento, la presi\u00f3n puede alcanzar los 100 mil\u00edmetros, pero ya hemos  visto que en los ping\u00fcinos es cuatro veces mayor.<br \/>\nComo inc\u00f3gnita a despejar  queda por saber c\u00f3mo y por qu\u00e9 elige el ping\u00fcino hacia d\u00f3nde dispara, pues no  parece haber una direcci\u00f3n preferente y todos los alrededores del nido est\u00e1n  disparados por igual. Quiz\u00e1, en cada momento, influya la direcci\u00f3n del  viento.<br \/>\nUn factor que Meyer-Rochow y Gal no tienen en cuenta es la  temperatura del recto y parece que la consideran invariable. Sin embargo, N.  Maruta y sus colaboradores, del Colegio Shukugawa, de Nishinomiya, en el Jap\u00f3n,  demostraron, en un trabajo publicado en 1987, que en la especie humana la  temperatura del recto variaba con un ritmo circadiano, es decir, de 24 horas.  Los autores midieron la temperatura en dos hombres y una mujer (que, nos  aclaran, pertenecen al equipo de investigaci\u00f3n que firma el trabajo) de siete a  diez d\u00edas en las cuatro estaciones del a\u00f1o. El m\u00ednimo siempre se obtiene de  madrugada y est\u00e1 cercano a 36\u00baC. El m\u00e1ximo, en cambio, se alcanza entre las 12 y  las 18 horas en primavera y oto\u00f1o; en verano e invierno, el m\u00e1ximo se alarga  hasta la medianoche y puede llegar a los 38\u00baC.<br \/>\nEs posible que los ping\u00fcinos  sean m\u00e1s sofisticados de lo que creemos, y utilicen sus lanzamientos a distancia  como un medio de comunicaci\u00f3n, como un aviso de presencia, lo que no ser\u00eda  extra\u00f1o en animales muy gregarios que forman parte de enormes colonias. Quienes  puede que utilicen este sistema de comunicaci\u00f3n son los arenques. La especie <A href=\"http:\/\/www.fishbase.org\/Summary\/SpeciesSummary.php?id=24\"><em>Clupea  harengus<\/em> <\/a>tiene la <A href=\"http:\/\/www.drpez.com\/diccionario\/term\/afaa5ca55eaeb1b0,,xhtml\">vejiga  natatoria<\/a>, que le sirve para controlar la profundidad a la que se encuentra  al llenarla o vaciarla de gas, comunicada con el tubo digestivo. Y, de vez en  cuando, seg\u00fan asciende o desciende o es molestado, expele gas por el ano. Magnus  Wahlberg y Hakan Westerberg, del Instituto de Investigaci\u00f3n Costera de Suecia,  investigaron estas flatulencias que, por lo que sabemos, no proceden del proceso  de la digesti\u00f3n sino de la vejiga natatoria. Los autores, en el laboratorio,  grabaron la salida del gas y descubrieron que era un gorgeo peri\u00f3dico, con una  duraci\u00f3n de entre 32 y 133 milisegundos, y se emit\u00eda en series de 7 a 50  repeticiones. Sin embargo, poco despu\u00e9s Ben Wilson y sus colegas, de la  Universidad Simon Fraser, en la Columbia Brit\u00e1nica, en Canad\u00e1, estudiaron el  mismo fen\u00f3meno en la misma especie y en el arenque del Pac\u00edfico, <em><A href=\"http:\/\/filaman.ifm-geomar.de\/Summary\/SpeciesSummary.php?id=1520\">Clupea  pallasii<\/a><\/em>, y llegaron a conclusiones diferentes. Los sonidos son los  mismos y coinciden con la salida del gas, pero no es este gas, sea de la vejiga  natatoria o del tubo digestivo, su origen. Wilson y sus colegas no saben c\u00f3mo se  produce lo que llaman FRT (<em>Fast Repetitive Tick<\/em> o Repiqueteo Repetitivo  R\u00e1pido, RRR en espa\u00f1ol). Como es un sonido habitual en estas especies de  comportamiento social, consideran que es un medio de comunicaci\u00f3n de los  arenques.<br \/>\nNunca se ha demostrado que las flatulencias sean un sistema de  comunicaci\u00f3n en nuestra especie pero Louis Lippman, de la Universidad del Oeste  de Washington, en Bellingham, lo considera la hip\u00f3tesis de partida para un  trabajo sobre la reacci\u00f3pn de las personas ante la emisi\u00f3n de un pedo en un  contexto social. Curiosamente, los sujetos que sufren esta investigaci\u00f3n definen  la flatulencia con adjetivos muy variados: gracioso, cort\u00e9s, malicioso,  ofensivo,&#8230; Cuando se les pregunta por qu\u00e9 no se tirar\u00edan un pedo, siempre  teniendo en cuenta que es en un contexto social y no en soledad, responden que  depende de si les pueden pillar o no. Es obvio que, al escuchar un pedo, se  espera que huela y, por ello, los factores sensoriales implicados m\u00e1s  importantes son el auditivo y el olfatorio.<br \/>\nPero una atm\u00f3sfera cargada de  olor puede ser incluso protectora. La psiquiatra Mena Sidoli relat\u00f3 en 1996 el  caso de un ni\u00f1o con una vida muy dif\u00edcil: nacido prematuro, abandonado por su  madre, dado en acogida con problemas en las familias de acogida y, finalmente,  adoptado. Cuando este ni\u00f1o siente que est\u00e1 en peligro, se envuelve a s\u00ed mismo en  una conocida, protectora y acogedora nube de olor construida con sus propias  flatulencias.<br \/>\nEl equipo de Michael Levitt, del centro M\u00e9dico para Veteranos  de Minneapolis, lleva muchos a\u00f1os estudiando las flatulencias humanas. Han  llegado a la conclusi\u00f3n de que el n\u00famero medio de pedos por d\u00eda en la especie  humana es de veinte. La edad o el sexo no influyen en esta cifra, y las  variaciones se deben a la habilidad de la flora bacteriana intestinal en  producir m\u00e1s o menos gases a partir de una cantidad dada de alimento ingerido.  Sin embargo, hay personas extremadamente flatulentas: el doctor Levitt relata  como un paciente, agobiado porque alcanzaba los cuarenta pedos diarios, bajo a  veintitr\u00e9s con un estricto control de la dieta, eliminando l\u00e1cteos y derivados  de los cereales. Por cierto, los gases emitidos son, sobre todo, di\u00f3xido de  carbono, hidr\u00f3geno y metano, aunque Levitt notifica el caso de un paciente que,  sorprendentemente, pedorreaba nitr\u00f3geno. Tras concienzudos an\u00e1lisis y posterior  discusi\u00f3n de los resultados se lleg\u00f3 a la conclusi\u00f3n de que el nitr\u00f3geno  proced\u00eda del aire absorbido. El equipo del doctor Levitt no aclara por d\u00f3nde se  absorbe el aire.<br \/>\nLevitt aconseja que, al tratar a un paciente que se queja de  excesiva flatulencia, primero se deben contar los pedos emitidos por d\u00eda, para  decidir si su emisi\u00f3n de gases es normal o se sale del rango habitual; en  segundo lugar, hay que analizar los gases emitidos y, si hay di\u00f3xido de carbono,  hidr\u00f3geno y metano, son de origen intestinal, y si es nitr\u00f3geno, es aire  absorbido.<\/p>\n<p>*Furne, J.K. &#038; M.D. Levitt. 1996. Factors influencing  frequency of flatus emission by healthy subjects. <em>Digestive Diseases and  Sciences<\/em> 41: 1631-1635.<br \/>\n*Levitt, M.D., J. Furne, M.R. Aeolus &#038; F.L.  Suarez. 1998. Evaluation of an extremely flatulent patient. Case report and  proposed diagnostic and therapeutic approach. <em>American Journal of  Gastroenterology<\/em> 93: 2276-2281.<br \/>\n*Lippman, L.G. 1980. Toward a social  psychology of flatulence: The interpersonal regulation of natural gas.  <em>Psychology<\/em> 17: 41-50.<br \/>\n*Maruta, N., K. Natsume, H. Tokura, K.  Kawakami &#038; N. Isoda. 1987. Seasonal changes of circadian pattern in human  rectal temperature rhythm under semi-natural conditions. <em>Experientia<\/em>  43: 294-296.<br \/>\n*Meyer-Rochow, V.B. &#038; J. Gal. 2003. Pressures produced when  penguins pooh- calculations on avian defaecation. <em>Polar Biology<\/em> 27:  56-58.<br \/>\n*Sidoli, M. 1996. Farting as a defence against unspeakable dread.  <em>Journal of Analytical Psychology<\/em> 41: 165-178.<br \/>\n*Sutcalf, L.O. &#038;  M.D. Levitt. 1979. Follow-up of a flatulent patient. <em>Digestive Diseases and  Sciences<\/em> 24: 652-654.<br \/>\n*Wahlberg, M. &#038; M. Westerberg. 2003. Sounds  produced by herring (<em>Clupea harengus<\/em>) bubble release. <em>Aquatic  Living Resources<\/em> 16: 271-275.<br \/>\n*Wilson, B., R.S. Batty &#038; L.M. Dill.  2004. Pacific and Atlantic herring produce burst pulse sounds. <em>Biology  Letters<\/em> 271: S95-S97. <\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los ping\u00fcinos pasan la mayor parte de su vida en el agua y s\u00f3lo permanecen en tierra para la reproducci\u00f3n. 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