{"id":1203,"date":"2016-01-29T11:25:45","date_gmt":"2016-01-29T10:25:45","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=1203"},"modified":"2016-01-29T11:25:45","modified_gmt":"2016-01-29T10:25:45","slug":"vida-en-chernobyl","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2016\/01\/29\/vida-en-chernobyl\/","title":{"rendered":"Vida en Chernobyl"},"content":{"rendered":"<p>Ya hemos comentado algunos estudios sobre la fauna en la zona de exclusi\u00f3n de Chernobyl, creada despu\u00e9s del accidente de 1986. En general, no parece haber un impacto significativo en la fauna, por lo menos en aves y mam\u00edferos. Por ejemplo, la poblaci\u00f3n de lobos es ahora siete veces mayor que antes del accidente. T.G. Deryabina y su grupo, de la Reserva Radioecol\u00f3gica de Polessye en Choiniki, Bielorusia, han estudiado la fauna de mam\u00edferos en la secci\u00f3n bielorrusa de la zona de exclusi\u00f3n de Chernobyl.<\/p>\n<p>Para conocer la fauna y su abundancia, localizan y cuantifican los rastros invernales en la nieve del alce, lobo, oso, corzo, zorro y otros mam\u00edferos. Se plantean tres hip\u00f3tesis que relacionan esta abundancia con la radiaci\u00f3n del entorno producida por el accidente de la central: que la abundancia disminuye\u00a0 seg\u00fan aumenta la radiaci\u00f3n; que hay especies que han desaparecido con la radiaci\u00f3n; y que la abundancia de las especies en los diez a\u00f1os siguientes al accidente y, despu\u00e9s, se recupera.<\/p>\n<p>La primera hip\u00f3tesis no es cierta pues los rastros que se cuantifican son similares (alrededor de 10 rastros por cada 10 kil\u00f3metros) aunque la radiaci\u00f3n medida sea 100 veces mayor, tal como ocurre con el alce o el lobo.<\/p>\n<p>Tampoco se prueba la segunda hip\u00f3tesis pues la abundancia en la zona de exclusi\u00f3n no es menor sino mayor respecto a otras zona de Bielorusia. La abundancia del lobo, como dec\u00eda antes, es siete veces mayor. Incluso hay, lejos de Chernobyl, una reserva natural en Bielorusia con una abundancia del lobo 19 veces menor. Algo parecido ocurre con el alce, el corzo o el oso.<\/p>\n<p>En cuanto a la tercera hip\u00f3tesis, la abundancia no disminuye despu\u00e9s del accidente y, a\u00f1os m\u00e1s tarde, aumenta pues m\u00e1s bien crece constantemente. Lo demuestran las poblaciones de osos, corzos, alces o lobos. El alce dobla su poblaci\u00f3n entre 1988 y 1996, el corzo aumenta 10 veces, y el oso aumenta cinco veces.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que, para la naturaleza, nuestra especie es peor que un desastre nuclear.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Deryabina, T.G. y 6 colaboradores. 2015. Long-term census data reveal abundant wildlife populations at Chernobyl. Current Biology 25: R811-R826.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ya hemos comentado algunos estudios sobre la fauna en la zona de exclusi\u00f3n de Chernobyl, creada despu\u00e9s del accidente de 1986. En general, no parece haber un impacto significativo en la fauna, por lo menos en aves y mam\u00edferos. Por ejemplo, la poblaci\u00f3n de lobos es ahora siete veces mayor que antes del accidente. T.G. [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":32,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1203"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/users\/32"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1203"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1203\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1203"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1203"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1203"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}