{"id":1174,"date":"2015-05-18T13:10:14","date_gmt":"2015-05-18T12:10:14","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=1174"},"modified":"2015-05-18T13:10:14","modified_gmt":"2015-05-18T12:10:14","slug":"payasos-sanadores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2015\/05\/18\/payasos-sanadores\/","title":{"rendered":"Payasos sanadores"},"content":{"rendered":"<p>Fue Thomas Sydenham, eminente m\u00e9dico ingl\u00e9s que vivi\u00f3 en el siglo XVII, quien escribi\u00f3 aquello de que m\u00e1s val\u00eda, para la salud de una aldea, la llegada de un payaso genial que veinte asnos cargados de medicinas. Es evidente que la relaci\u00f3n entre payasos, en el fondo, del humor y la alegr\u00eda, con la salud viene de lejos y, adem\u00e1s, de la mano de gente ilustre. Hay quien asegura que ya Hip\u00f3crates recomendaba el humor como terapia curativa. En nuestros tiempos esta pr\u00e1ctica terap\u00e9utica con payasos se formaliz\u00f3 en 1986 cuando, de manera independiente, Karen Ridd, conocida como Robo el Payaso, en Canad\u00e1, y Michael Christensen, payaso del Circo de la Gran Manzana, de Nueva York, comenzaron a visitar hospitales, vestidos con sus disfraces y provocando carcajadas y alegr\u00eda. Ahora, la terapia con payasos se define como la adaptaci\u00f3n de las t\u00e9cnicas de los payasos t\u00edpicas del circo a un contexto de enfermedad, para mejorar el \u00e1nimo y el estado mental de los enfermos y, tambi\u00e9n, de quienes les visitan, acompa\u00f1an y cuidan.<\/p>\n<p>Como primer ejemplo de la relaci\u00f3n entre payasos y enfermos, sobre todo con ni\u00f1os, nos puede servir el caso de Nicol\u00e1s, un ni\u00f1o de seis a\u00f1os, que nos cuentan Alberto Dionigi y sus colegas, de la Universidad de Macerata, en Italia.<\/p>\n<p>Nicol\u00e1s ten\u00eda leucemia mieloide aguda y fue hospitalizado para un trasplante de m\u00e9dula. La estancia dur\u00f3 44 d\u00edas y, m\u00e1s adelante, volvi\u00f3 varias veces en estancias m\u00e1s cortas. En sus primeras visitas al m\u00e9dico estuvo serio y taciturno. Su madre explic\u00f3 que no sol\u00eda dar confianza a extra\u00f1os. En sucesivas visitas empez\u00f3 a estar enfadado, con lloros, gritos y culpando a su madre de todo lo que le ocurr\u00eda. El psic\u00f3logo del hospital decidi\u00f3 llamar a los payasos para distraer y calmar a Nicol\u00e1s.<\/p>\n<p>Nicol\u00e1s gust\u00f3 de la presencia de los payasos y era capaz de pasar m\u00e1s de dos horas con ellos, olvidando su enfermedad y el lugar donde se encontraba. Despu\u00e9s de la primera visita, era el mismo ni\u00f1o quien ped\u00eda que vinieran los payasos y estos se reun\u00edan con el chaval una vez por semana, lo que le permit\u00eda aliviar su estado emocional debido a su salud. Una vez dado de alta, en sus visitas posteriores de revisi\u00f3n siempre le acompa\u00f1aron los payasos. Despu\u00e9s de siete meses, Nicol\u00e1s empeor\u00f3 y el personal m\u00e9dico comunic\u00f3 a la familia que no pod\u00edan hacer m\u00e1s por \u00e9l.<\/p>\n<p>Durante su hospitalizaci\u00f3n, Nicol\u00e1s tuvo la oportunidad de sentir su enfermedad de una forma m\u00e1s evidente. Y los payasos, que no le pod\u00edan curar, le ayudaron a enfrentarse a la adversidad y a aliviar su estado emocional cuando comprendi\u00f3 lo que significaba su enfermedad. Nicol\u00e1s quer\u00eda tener la compa\u00f1\u00eda de las narices rojas durante su \u00faltimo viaje, as\u00ed a los educadores que le hab\u00edan ayudado.<\/p>\n<p>Durante su tratamiento, Nicol\u00e1s trat\u00f3 de montar un dinosaurio que, por piezas, ven\u00eda con una revista semanal. Desafortunadamente, en los \u00faltimos d\u00edas de su vida, Nicol\u00e1s no lo logr\u00f3 terminar ya que le falt\u00f3 la \u00faltima pieza que faltaba. Era la piel del dinosaurio. Nicholas sab\u00eda que nunca podr\u00eda completar el juguete, y se sinti\u00f3 disgustado, ansioso y enojado. Debido a la situaci\u00f3n, los m\u00e9dicos payasos decidieron hacer un juego con Nicol\u00e1s Entre todos crearon una nueva piel utilizando la arcilla. Los payasos, la familia de Nicol\u00e1s y otros ni\u00f1os del se dedicaron, durante un par de d\u00edas, a la b\u00fasqueda de la arcilla, a manipularla, colorearla y de montarla en el dinosaurio. El \u00faltimo de la vida de Nicol\u00e1s cerr\u00f3 los ojos mientras abraza el dinosaurio completo. En ese momento, el juguete se convirti\u00f3 en una representaci\u00f3n amplia y significativa para la familia en su proceso de duelo. Para la familia, el dinosaurio se convirti\u00f3 (y a\u00fan lo es hoy) el recuerdo de Nicol\u00e1s.<\/p>\n<p>El papel de los payasos, como se ilustra con este ejemplo, no era curar o tratar al ni\u00f1o. El trabajo de las narices rojas consist\u00eda en convertir la enfermedad en m\u00e1s aceptable y cambiar el estado emocional del ni\u00f1o y de su familia. Los payasos no son m\u00e9dicos, son int\u00e9rpretes de emociones.<\/p>\n<p>Unos meses despu\u00e9s, el mismo grupo de Alberto Dionigi trabaj\u00f3 con un grupo de 77 ni\u00f1os, de ellos 41 son chicos, con una edad media de 5.8 a\u00f1os y un rango de 2.1 a 12.5 a\u00f1os. Todos son ellos pasan por cirug\u00eda de otorrinolaringolog\u00eda. Se dividen en dos grupos, unos con payasos y otros sin payasos, siempre acompa\u00f1ados de sus padres, en la habitaci\u00f3n en la que esperan antes de ir al quir\u00f3fano. Antes y despu\u00e9s de la operaci\u00f3n pasan un examen sobre su estado de ansiedad, con datos de expresividad de emociones, vocalizaci\u00f3n, recurso a los padres y otros apartados. De los 77 ni\u00f1os, 52 est\u00e1n con los payasos y con sus padres y 25 solo con sus padres.<\/p>\n<p>Los resultados demuestran que los ni\u00f1os sufren menos ansiedad, tanto antes como despu\u00e9s de la operaci\u00f3n, si han estado con los payasos. En cambio, en los ni\u00f1os sin payasos la ansiedad crece durante todo el proceso, incluyendo despu\u00e9s de la operaci\u00f3n. Por cierto, incluso m\u00e1s ansiosas que sus hijos est\u00e1n sus madres tanto antes como despu\u00e9s de la operaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>*Dionigi, A., R. Flangini &#038; P. Gremigni. 2012. Clowns in hospitals. En \u201cHumor and Health Promotion\u201d, p. 213-228. Ed. por P. Gremigni. Nova Science Publ. New York.<\/p>\n<p>*Dionigi, A., D. Sangiorgi &#038; R. Flangini. 2013. Clown intervention to reduce preoperative anxiety in children and parents: A randomized controlled trial. Journal of Health Psychology DOI: 10.1177\/1359105312471567<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fue Thomas Sydenham, eminente m\u00e9dico ingl\u00e9s que vivi\u00f3 en el siglo XVII, quien escribi\u00f3 aquello de que m\u00e1s val\u00eda, para la salud de una aldea, la llegada de un payaso genial que veinte asnos cargados de medicinas. Es evidente que la relaci\u00f3n entre payasos, en el fondo, del humor y la alegr\u00eda, con la salud [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":32,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1174"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/users\/32"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1174"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1174\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1174"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1174"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1174"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}