{"id":100,"date":"2008-04-11T03:37:00","date_gmt":"2008-04-11T03:37:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/?p=100"},"modified":"2008-04-11T03:37:00","modified_gmt":"2008-04-11T03:37:00","slug":"ciencia-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/2008\/04\/11\/ciencia-iii\/","title":{"rendered":"Ciencia (III)"},"content":{"rendered":"<p>Uno se pregunta a menudo cu\u00e1nto de verdad tiene el famoso <em>\u00a1Eureka!<\/em> de  <A href=\"http:\/\/www.cs.drexel.edu\/%7Ecrorres\/Archimedes\/contents.html\">Arqu\u00edmedes  <\/a>en los descubrimientos cient\u00edficos. Seg\u00fan James Austin, veterano cient\u00edfico  del Centro M\u00e9dico de la Universidad de Colorado en Denver, hay cuatro tipos de  suerte que ayudan a los investigadores en sus hallazgos. En primer lugar, la  suerte ciega, sin m\u00e1s historias; uno est\u00e1 all\u00ed, en el tiempo y lugar oportuno y  el descubrimiento m\u00e1s bien le encuentra a uno que viceversa. Y otros tres tipos  que est\u00e1n influenciados en mayor o menor grado por alguna caracter\u00edstica de la  conducta del cient\u00edfico. Est\u00e1 lo que en ingl\u00e9s llaman <A href=\"http:\/\/www.ala.org\/ala\/acrl\/acrlevents\/george05.pdf\"><em>altamirage<\/em>  <\/a>(y que no s\u00e9 c\u00f3mo traducir) en el que la buena suerte aparece por la  conducta activa del investigador; por ejemplo, el arque\u00f3logo que estudia con  detalle y a menudo su excavaci\u00f3n y acaba relacionando los hallazgos de cer\u00e1mica  con su fabricaci\u00f3n y la econom\u00eda del lugar; es decir, salir del contexto y  entrar en la investigaci\u00f3n por otra puerta distinta. Quiz\u00e1 la traducci\u00f3n de  <em>altamirage<\/em> sea trabajo y creatividad.<br \/>\nPor el contrario, la <A href=\"http:\/\/www.cienciateca.com\/ctsserend.html\">serendipia <\/a>es un  descubrimiento hecho por una concatenaci\u00f3n de accidentes, sin intervenci\u00f3n  activa del cient\u00edfico. Es un t\u00e9rmino introducido en ingl\u00e9s en el siglo XVIII, y  en castellano a veces se considera sin\u00f3nimo de chiripa (\u00bfno les parece que en  ingles <em>serendipity<\/em> y chiripa en castellano suenan muy parecido?).<br \/>\nY,  finalmente, est\u00e1 el que descubre algo porque su conducta habitual y cont\u00ednua es  la b\u00fasqueda, y tanto buscar al final llega a alg\u00fan sitio m\u00e1s o menos interesante  o novedoso.<br \/>\nEn resumen, en el estudio de la historia de los mayores  descubrimientos cient\u00edficos siempre acaba apareciendo, all\u00ed en la base, m\u00e1s de  uno de estos tipos de suerte. Parece ser que, seg\u00fan Austin, con uno solo no se  llega muy lejos.<\/p>\n<p>*Austin, J.H. 1979. The varieties of chance in  scientific research. <em>Medical Hypotheses<\/em> 5: 737-741. <\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uno se pregunta a menudo cu\u00e1nto de verdad tiene el famoso \u00a1Eureka! de Arqu\u00edmedes en los descubrimientos cient\u00edficos. Seg\u00fan James Austin, veterano cient\u00edfico del Centro M\u00e9dico de la Universidad de Colorado en Denver, hay cuatro tipos de suerte que ayudan a los investigadores en sus hallazgos. En primer lugar, la suerte ciega, sin m\u00e1s historias; [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":32,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/100"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/users\/32"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=100"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/100\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=100"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=100"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/labiologiaestupenda\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=100"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}