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Eduardo Angulo Pinedo

La biología estupenda

Amigos

Los amigos dan la vida; la familia, también. No es una afirmación gratuita, uno de esos lugares comunes repetidos y aceptados si más, es un hecho según afirman Julianne Holt-Lunstad y su grupo, de la Universidad Brigham Young de Provo, en Utah, después de un riguroso meta-análisis de 148 trabajos publicados sobre este asunto entre 1900 y 2007. Parece que los amigos aumentan la longevidad y disminuyen la posibilidad de enfermar; en resumen, son causa de buena salud y de feliz y larga vida. Nos proporcionan recursos para luchar contra la enfermedad y el dolor y nos empujan y dan ejemplo de conductas saludables, y el resultado es que aumenta nuestra autoestima y nos dan un propósito, un objetivo para vivir.

Según los autores, la familia y los amigos, las redes sociales de las que formamos parte, nos contienen y nos envuelven. Los beneficios que nos dan dependen de nuestro grado de integración en el grupo, de la ayuda directa que nos aportan y de la ayuda que el propio individuo percibe que le dan.

En fin, los autores revisan los 148 trabajos seleccionados que, en conjunto, tratan de las relaciones sociales y la mortalidad de 308.849 personas, que son el 51% de Norteamérica, el 37% de Europa (hay un estudio en España que luego trataré en detalle), el 11% de Asia y el 1% de Australia. La edad media es de 63.9 años y son el 51% hombres y el 49% mujeres.

El resultado es que unas relaciones sociales adecuadas proporcionan un 50% más de posibilidades de supervivencia frente a aquellos que tienen unas relaciones sociales pobres o insuficientes. Este resultado se puede traducir como que tener malas relaciones es como fumar 15 cigarrillos al día, ser alcohólico o no hacer ejercicio, y es el doble de peligroso que ser obeso. Y ese 50% no depende del sexo, la edad o la salud que tenía con anterioridad. Es una proporción tan alta que los autores sugieren que no depende de la edad, es decir, que no se debe aplicar sólo a ancianos sino que concierne a toda la población, sea cual sea su edad.

Por tanto, la falta de relaciones sociales es un factor de riesgo de mortalidad. Alcanza el 50% y queda por conocer si se puede mejorar este porcentaje puesto que, en este meta-análisis, no se ha podido relacionar a fondo la mortalidad con la calidad de las relaciones sociales. Las conclusiones son evidentes: las relaciones sociales son una barrera ante la muerte; y, en segundo lugar, nunca se debe aislar a los ancianos.

El único artículo revisado en este meta-análisis que procede de nuestro país se debe a Fernando Rodríguez-Artalejo y su grupo de la Universidad Autónoma de Madrid. Estudia los reingresos y la mortalidad de 371 pacientes de enfermedades cardiovasculares, de 65 años o más, ingresados en urgencias de cuatro hospitales. Sus relaciones sociales básicas se deducen de las respuestas a estas cuatro preguntas: si están casados, si viven solos, si hablan por teléfono con su familia por lo menos una vez al día y si están solos en su casa más de dos horas al día.

El 55% de los pacientes tienen relaciones sociales fuertes o moderadas. En los siguientes 6 meses, el 36.4% deben reingresar, y el 18.3% mueren. El estudio estadístico demuestra que ingresan más los pacientes que tienen moderadas o pocas relaciones sociales frente a aquellos que las tienen fuertes. No aparece ninguna relación con la mortalidad; solamente con los reingresos.

*Holt-Lunstad, J., T.B. Smith & J.B. Layton. 2010. Social relationships and mortality risk: A meta-analytic review. PLoS Medicine 7: e1000316.

*Rodríguez-Artalejo, F. y 7 colaboradores. 2006. Social network as a predictor of hospital readmission and mortality among older patients with heart failure. Journal of Cardiac Failure 12: DOI:10.1016/j.cardfail.2006.06.471

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Por Eduardo Angulo

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