Dedicado a Novalis y a Rackham the Red, por plantear cuestiones tan interesantes que me llevan a buscar respuestas a menudo sorprendentes.
Las propiedades de la adormidera (Papaver somniferum) se conocen desde hace al menos 6.000 años, según los escritos encontrados en tablillas de arcilla que datan de la época sumeria. Las referencias escritas que indican que es el jugo de la amapola (conjunto de varias especies del género Papaver, entre ellas la adormidera), el opio, el responsable de calmar o mitigar el dolor se hallan en múltiples escritos: desde textos del imperio chino (Huang Ti Nei Ching,
Una vez conocidos sus efectos, los investigadores identificaron los compuestos que, mayoritariamente, actuaban como analgésicos. Para el opio, fue la morfina, aislada por Sertürner en 1805, llamada así en honor a Morfeo, el dios griego del sueño. Mientras tanto, fue necesario esperar hasta siglo y medio más tarde, en 1964, para que los bioquímicos israelíes Gaoni y Mechoulam, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, identificaran al D9-Tetrahidrocannabinol (THC) como el principal alcaloide del hachís.
Una vez que tenemos los compuestos más importantes de estas plantas que calman el dolor (o nos transportan a otro mundo; Paracelso llamaba al opio la piedra de la inmortalidad), podemos comenzar a investigar sobre cómo y dónde actúan. Nos centramos en el THC, y seguimos con los enigmas que nos dejó el post sobre la marihuana. Se estudia dónde actúa el THC, y es en el cerebro (aunque también en otras zonas del cuerpo que, por ahora, dejaremos de lado), y cómo actúa, y encuentran en las neuronas los receptores de los cannabinoides, es decir, no sólo del THC sino, además de otros compuestos similares; se les denomina CB1 y CB2, como ya vimos en el post anterior. Y ahora nos queda el enigma que mencionaban mis amigos, a los que he dedicado este post, ¿por qué el cerebro humano tiene, en sus neuronas, receptores de compuestos que son propios de las plantas?
Respuesta: pues porque el THC se parece lo suficientemente a alguna sustancia que tenemos en nuestro organismo, sintetizada por nosotros, y así es capaz de engañar a los CB1 y CB2 y unirse a ellos. Pero, esto implica que, si cuando el THC se une al CB1 nos entra la risa tonta, medio perdemos la memoria y nos calma el dolor, hay en nuestro organismo alguna sustancia que produce los mismos efectos. O sea, debe ser una sustancia que nos haga sentir bien, relajados y sin dolor. En resumen, los CB1 y CB2 no son para detectar la marihuana y similares que tienen THC, son receptores de un cannabinoide interno que realiza funciones parecidas; con la marihuana lo sustituimos, engañamos a los receptores y ponemos en marcha un proceso que, en ese momento, no es necesario para el organismo pero, quién lo niega, es agradable. Nos queda la pregunta: ¿cuál es esa sustancia?
Respuesta: los péptidos opioides, es decir, cadenas cortas de aminoácidos, sintetizados en la hipófisis y en el hipotálamo, es decir, en el cerebro, y que actúan en el caso de ejercicio físico fuerte o violento, en momentos de excitación o durante el orgasmo y, claro está, producen sensación de bienestar y eliminan el dolor. Los péptidos opioides más conocidos son las endorfinas que se unen a los receptores de la morfina y no lo hacen con el CB 1 y CB2, que son receptores del THC. Por ejemplo, el muy utilizado analgésico paracetamol se une a los receptores CB1 y así dispara el mecanismo que vimos al hablar de a marihuana y el dolor se calma. Sin embargo, seguiremos con las endorfinas, ya que son las más conocidas, para explicar la función de estas sustancias.
Por ejemplo, comencemos con el orgasmo. Piénsenlo fríamente, sin prejuicios, ¿quién narices quisiera hacer un ejercicio físico tan violento y sudoroso si no fuese porque tiene su recompensa? Placer por una parte y, al acabar, relax (así dicen los anuncios clasificados), y este relax viene de qué, al finalizar el orgasmo, estamos a tope de endorfinas. Otro ejemplo: la guerra. Pues hay chalados a los que les gusta y se preguntarán que cómo puede ser. Es fácil, el ejercicio violento, el esfuerzo físico, el miedo y el terror, y no olviden el dolor, nos llenan de endorfinas. Y el resultado es que, para algunos, la guerra o las situaciones de estrés les crean adicción. Ahora vuelvo sobre la adicción. Otra pregunta: ¿por qué necesitamos un mecanismo así, si lo analizamos desde el punto de vista evolutivo? Veamos, la evolución siempre premia el éxito en la reproducción; el que más y mejor se reproduce, ese gana. Y quién creen que gana más, el que en la guerra o en medio de la violencia se queda paralizado o huye o aquel que se lanza en medio del follón, cargándose a quien se ponga por delante. Está claro. Quizá recuerden una de las primeras escenas de Gladiator: la primera vez que los sacan a luchar en aquel circo de provincias donde el protagonista comienza su carrera, al que luego será su amigo negro lo encadenan con otro que no para de llorar y está muy asustado. Y lo primero que hace el negro en cuanto empieza la lucha es librarse de él cortándole el brazo. Al negro le van las endorfinas, al otro me temo que no tiene la suficiente recompensa como para luchar. Incluso es cierto ese dicho popular de que un dolor mata otro dolor. Si uno tiene la pierna rota y le duele, lo mejor que puede hacer es agarrarse un buen pellizco pues provocará una buena descarga de endorfinas que calmará también el dolor en la pierna. Lo malo es que no dura mucho tiempo.
Y mencionaba la adicción. Si la morfina o la marihuana crean adicción, y las endorfinas cumplen las mismas funciones, aunque las sinteticemos nosotros, ¿también crean adicción? Pues sí. Puede que conozcan a alguien que hace footing y cuando no puede hacerlo, no se siente bien. O a algún adicto a los gimnasios; en este caso, ya tiene hasta nombre la adicción, es la vigorexia. O las personas que sólo trabajan bien, o eso dicen, cuando están bajo presión; suelen decir que necesitan adrenalina para rendir pero, en realidad, lo que buscan son endorfinas.
Bueno, queridos Novalis y Rackham, por hoy ya vale, incluso creo que me he pasado de lo que suelo escribir habitualmente, y eso cansa al lector. Pues que se ponga una de miedo en la tele y así se relajará con un baño de sus propias endorfinas.
*Aragón-Poce, F., E. Martínez-Fernández, C. Márquez-Espinós, A. Pérez, R. Mora & L.M. Torres. 2002. History of opium. International Congress Series 1242: 19-21.
*Goicoechea García, C. & M.I. Martín Fontelles. 2009. Sistemas cannabinoide y opioide en los mecanismos y el control del dolor. Reumatología Clínica 5: 5-8.
*Ottani, A., S. Leone, M. Sandrini, A. Ferrari & A. Bertolini. 2006. The analgesic activity of paracetamol is prevented by the blockade of cannabinoid CB1 receptors. European Journal of Pharmacology 531: 280-281.