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Eduardo Angulo Pinedo

La biología estupenda

e-Salud

Hay, en muchos países ricos, un gran interés por la utilización de metodologías informáticas para la mejora de la calidad, fiabilidad y seguridad de sus sistemas de salud públicos: es la llamada e-Salud. Los costos de implantación pueden alcanzar cifras impresionantes: 12.800 millones de euros en Gran Bretaña, 38.000 millones de dólares, o, creo, 100 millones en la Comunidad Autónoma Vasca. En estas metodologías entran los historiales clínicos electrónicos, el propio sistema de comunicaciones, la receta electrónica con su conexión al médico y al farmacéutico, la asistencia personalizada telemática, y la toma de decisiones a través del ordenador. Todo esto, y en muchos países, se acepta sin mayores críticas como un gran necesario adelanto del servicio público de salud. Sin embargo, Ashly Black y su equipo, del Colegio Imperial de Londres, nos avisan de que la base científica de todo lo dicho casi no existe.

Seguir adelante con este programa requiere perspectiva científica clara ya que existen discrepancias entre los principios habituales sobre el cuidado público de la salud y los intereses pragmáticos, políticos y comerciales que guían a quienes suelen tomar la decisión de implantar un sistema de e-Salud. En realidad, tener una perspectiva científica de todo este asunto es ventajoso pues evitará, por ejemplo, las expectativas quizá exageradas que se ponen en los métodos informáticos; además, la perspectiva científica ayudará a detectar las áreas menos desarrolladas y que, por tanto, necesitarán mayor estudio y apoyo para implantarse con eficacia.

Para informar a los que toman las decisiones, Black y su grupo han revisado sistemáticamente todo lo publicado, entre 1997 y 2010, sobre esta metodología, sobre todo en relación con la calidad, la fiabilidad y la seguridad del sistema. Después de revisar más de 45000 artículos e informes, solamente 53 cumplen las condiciones estrictas que se marca el equipo de investigación; otros 55 trabajos son metodológicamente impecables aunque sólo informan de aspectos parciales del sistema de e-Salud. Para el análisis, dividen el sistema en tres grandes apartados: el primero trata del archivo, manejo y transmisión de datos: el segundo se centra en la toma de decisiones clínicas; y el tercero en la atención telemática personalizada del paciente.

Son escasas las evidencias empíricas que apoyen las afirmaciones, a menudo entusiastas, que se hacen sobre esta tecnología. En general, son escasos los éxitos completos. Además, no hay estudios sobre si continuará el éxito si la misma metodología se implanta en otro lugar, sacándola del entorno en que se desarrolló. Por otra parte, es sorprendente que no existan protocolos de directrices generales sobre la práctica real de la e-Salud.

Por centrarnos en dos apartados concretos de los resultados de Black y su grupo, podemos hacerlo en la receta electrónica y en el historial médico informatizado. En cuanto a la primera, el médico, para emitirlas, debe introducir datos, modificarlos, revisarlos y comunicar la prescripción tanto al paciente como a la farmacia. Obviamente, debe ser un sistema sin errores, o con los menores posibles, por el peligro directo que supone para la salud del paciente. Es un asunto muy estudiado. Mejora el rendimiento del servicio farmacéutico, aunque la información que llega a la farmacia es más bien pobre; el fármaco a entregar y poco más. También hay pruebas de una mejora en el trabajo del médico, con menos errores y mejor atención al paciente. Sin embargo, también hay casos de interrupciones en la comunicación, costes adicionales para corregir errores informáticos, riesgos para el paciente por la fatiga de los operadores, y estrategias poco eficaces para corregir los errores.

En cuanto al historial médico, su manejo debe permitir la introducción de datos, almacenarlos, abrirlos, imprimirlos y compartir la información. De nuevo los estudios son escasos y se refieren, ante todo, a la protección de datos y a tener en cuenta que muchos desearían compartirlos. En general, el historial supone mucho tiempo en la introducción de datos pues quien lo hace no suele ser personal entrenado para ello (médico, enfermera, el propio paciente) y, además, los formularios de introducción suelen ser excesivamente rígidos. Suponen mucho gasto y frecuentemente desplazan al paciente como figura central del sistema.

En conclusión, hay bastante distancia entre los supuestos beneficios de estas tecnologías y lo que está probado con evidencias científicas. Se suele dar como hecho el estudio, que debía ser previo, sobre la relación coste-beneficio cuando en la mayoría de los casos no existe. Tampoco hay pruebas suficientes sobre el beneficio que suponen para los pacientes. Antes de implantar el sistema e-Salud, hay que desarrollar protocolos de implantación que evalúen todos los pasos de su puesta en marcha, teniendo en cuenta no sólo los aspectos económicos y políticos sino también los tecnológicos (y su futuro) y sociales. Los métodos e-Salud crecen y se multiplican y, sin embargo, no sabemos por qué a veces su implantación funciona y en otras falla. En resumen, falta más estudio previo, más evaluación de la puesta en marcha y más control en el funcionamiento. Y todo ello debe tener un enfoque riguroso, multidisciplinar e independiente.

*Black, A.D. y 9 colaboradores. 2011. The impact of e-Health on the quality and safety of health care: A systematic overview. PLoS Medicine 8: e1000387

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Por Eduardo Angulo

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