Aunque la leche de soja ya se usaba para alimentar bebés alérgicos a la leche de vaca desde la década de los 60, fue a partir de los 90 cuando su venta y consumo se popularizó hasta alcanzar niveles muy altos en los primeros años del siglo XXI. Sin embargo, la soja contiene, como muchas plantas, compuestos similares a los estrógenos, llamados fitoestrógenos, similares en su composición a las hormonas de la reproducción de muchos grupos animales. En la soja y por su alta concentración, destaca el fitoestrógeno llamado genisteína. Por su composición similar a las hormonas, pueden afectar su funcionamiento y entra dentro del grupo de los llamados disruptores endocrinos que tantos problemas están creando en el desarrollo sexual y reproductor de especies animales al interferir en su sistema hormonal.
En nuestra especie siempre se ha sospechado que puede suplantar hormonas estrógenicas en su sistema hormonal, sobre todo en niños y adolescentes, cuando se alcanza la madurez sexual. Ya en el 2001, Brian Strom y su grupo, de la Universidad de Pennsylvania en Philadelphia, estudiaron el efecto de la leche de soja sobre 248 jóvenes adultos, de 20 a 34 años, que, entre 1965 a 1978 se habían criado con leche de soja, frente a 563 que lo habían hecho con leche de vaca. Después del acostumbrado estudio estadístico, las diferencias fueron muy pequeñas entre ambos grupos centrándose en el mínimo aumento de duración de la regla en las mujeres. Parecía que el uso intensivo de la leche de soja para la cría en nuestra especie no representaba peligros importantes.
Sin embargo, en los últimos años, y en relación con el asunto de los disruptores endocrinos, se ha vuelto sobre el asunto de los efectos de la leche de soja. Estos estudios sobre la genisteína se han realizado en ratas y ratones de laboratorio y los ha dirigido Retha Newbold, del Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos en Research Triangle Park, en Carolina del Norte. En un rápido resumen, para no alargar mucho esta entrada, se puede destacar que la genisteína adelgaza a los roedores de laboratorio, altera la regla y provoca ciclos menstruales aberrantes, reduce el número de crías en cada camada, aumenta el tamaño de los pechos en las ratas macho y parece que sus efectos desaparecen en la descendencia si no se ve expuesta al fitoestrógeno. La misma autora ha relacionado la genisteína con el aumento de la obesidad y la aparición de diabetes. Y, para terminar, en un artículo publicado por Wen-Hsiung Chan, de la Universidad Cristiana de Chung Yuan, en Chung Li, Taiwan, se asegura que la ingestión de genisteína en el agua potable afecta a la maduración de los óvulos, a la eficacia de la fertilización in vitro y al desarrollo temprano de los embriones que, por cierto, son pasos esenciales en los tratamientos de fertilidad en mujeres.
Como ya he dicho, todo esto se ha estudiado en ratas y ratones de laboratorio; hay que averiguar los efectos de la genisteína de la soja en nuestra especie. No dudo, creo yo, en que los datos empezarán a llegar.
*Chan, W.-H. 2009. Impact of genistein on maturation of mouse oocytes, fertilization, and fetal development. Reproductive Toxicology 28: 52-58.
*Delclos, K.B., C.V. Weis, T.J. Bucci, G. Olson, P. Mellick, N. Sadovova, J.R. Latendresse, B. Thorn & R.R. Newbold. 2009. Overlapping but distinct effects of genistein and ethinyl estradiol (EE2) in female Sprague-Dawley rats in multigenerational reproductive and chronic toxicity studies. Reproductive Toxicology 27: 117-132.
*Latendresse, J.R., T.J. Bucci, G. Olson, P. Mellick, C.C. Weis, B. Thorn, R.R. Newbold & K.B Delclos. 2009. Genistein and ethinyl estradiol dietary exposure in multigenerational and chronic studies induce similar proliferative lesions in mammary gland of male Sprague-Dawley rats. Reproductive Toxicology 28: 342-353.
*Newbold, R.R., E. Padilla-Banks & W.N. Jefferson. 2009. Environmental estrogens and obesity. Molecular and Cellular Endocrinology 304: 84-89.
*Strom, B.L., R. Schinnar, E.E. Ziegler, K.T. Barnhart, M.D. Sammel, G.A. Macones, V.A. Stallings, J.M. Drulis, S.E. Nelson & S.A. Hanson. 2001. Exposure to soy-based formula in infancy and endocrinological and reproductive outcomes in young adulthood. Journal of American Medical Association 286: 807-814.