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	<title>Pedo | La biología estupenda - Blog elcorreo.com</title>
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	<description>Por Eduardo Angulo</description>
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		<title>Pedo | La biología estupenda - Blog elcorreo.com</title>
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		<pubDate>Tue, 15 Jan 2008 15:58:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Eduardo Angulo Pinedo</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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		<description><![CDATA[Los pingüinos pasan la mayor parte de su vida en el agua y sólo permanecen en tierra para la reproducción. En esa época, los pingüinos Chinstrap (Pygoscelis antarctica) y Adélie (P. adelie) generan considerables presiones internas para propulsar sus heces fuera del nido. Cualquiera que haya visto, o le hayan contado, que un pingüino “dispara” [&#8230;]]]></description>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Los pingüinos pasan la mayor parte de su vida en el agua y sólo permanecen en  tierra para la reproducción. En esa época, los <a href="http://marinebio.org/species.asp?id=647">pingüinos Chinstrap  </a>(<em>Pygoscelis antarctica</em>) y <a href="http://animals.nationalgeographic.com/animals/birds/adelie-penguin.html">Adélie  </a>(<em>P. adelie</em>) generan considerables presiones internas para propulsar  sus heces fuera del nido. Cualquiera que haya visto, o le hayan contado, que un  pingüino “dispara” por su extremo inferior se habrá quedado con ganas de  investigar cómo lo hace. Este deseo empujó a <a href="http://www.meyer-rochow.com/">Benno Meyer-Rochow </a>y Jozsef Gal, de la  Universidad Internacional de Bremen, en Alemania, a contribuir a aclarar este  asunto, y en 2003 publicaron un artículo con los resultados obtenidos. Según  estos científicos, los pingüinos se acercan al borde del nido, le dan la espalda  al mundo exterior, se inclinan hacia el interior del nido, levantan la cola, y  disparan. El material expelido alcanza como mucho medio metro fuera del nido y  deja un rastro, como de un centímetro de ancho y de color blanco o rosa, que  empieza a pocos centímetros del borde del nido. El color, blanco o rosa, depende  del menú del pingüino, pescado o crustáceo, respectivamente.<br>
Los autores,  después de obtener las fotografías necesarias y hacer las medidas pertinentes,  nos informan de que el orificio por el que los pingüinos disparan tiene como  mucho unos ocho milímetros de diámetro. Entra en el rango habitual entre  pingüinos, según lo publicado hasta el momento, que va desde los 4,2 milímetros  en el <a href="http://www.pinguins.info/FRAMES/Soortenframe_eng.html">saltador  de rocas pequeño </a>hasta 13,8 milímetros en el <a href="http://www.pinguins.info/FRAMES/Soortenframe_eng.html">gran pingüino  gentoo</a>. Aunque el <em>orificium venti</em> (término de los autores) se abre  en los pingüinos como una ranura horizontal, en el momento del disparo es  circular.<br>
Conociendo la distancia que alcanzan las heces, la densidad y  viscosidad del material, el tamaño de la abertura por la que se dispara y la  altura sobre el suelo a la que se coloca el pingüino, podemos, dicen  Meyer-Rochow y Gal, calcular las presiones implicadas en el disparo. Después de  complicados cálculos, se llega a la conclusión de que, para disparar materiales  viscosos (por ejemplo, aceite de oliva), se necesitan hasta 450 milímetros de  mercurio de presión en el recto. Para hacernos una idea del significado de esta  cifra, en la especie humana la presión normal es de 20 milímetros de mercurio, a  los 30 milímetros los esfínteres se abren y el contenido del recto es expulsado;  en el estreñimiento, la presión puede alcanzar los 100 milímetros, pero ya hemos  visto que en los pingüinos es cuatro veces mayor.<br>
Como incógnita a despejar  queda por saber cómo y por qué elige el pingüino hacia dónde dispara, pues no  parece haber una dirección preferente y todos los alrededores del nido están  disparados por igual. Quizá, en cada momento, influya la dirección del  viento.<br>
Un factor que Meyer-Rochow y Gal no tienen en cuenta es la  temperatura del recto y parece que la consideran invariable. Sin embargo, N.  Maruta y sus colaboradores, del Colegio Shukugawa, de Nishinomiya, en el Japón,  demostraron, en un trabajo publicado en 1987, que en la especie humana la  temperatura del recto variaba con un ritmo circadiano, es decir, de 24 horas.  Los autores midieron la temperatura en dos hombres y una mujer (que, nos  aclaran, pertenecen al equipo de investigación que firma el trabajo) de siete a  diez días en las cuatro estaciones del año. El mínimo siempre se obtiene de  madrugada y está cercano a 36ºC. El máximo, en cambio, se alcanza entre las 12 y  las 18 horas en primavera y otoño; en verano e invierno, el máximo se alarga  hasta la medianoche y puede llegar a los 38ºC.<br>
Es posible que los pingüinos  sean más sofisticados de lo que creemos, y utilicen sus lanzamientos a distancia  como un medio de comunicación, como un aviso de presencia, lo que no sería  extraño en animales muy gregarios que forman parte de enormes colonias. Quienes  puede que utilicen este sistema de comunicación son los arenques. La especie <a href="http://www.fishbase.org/Summary/SpeciesSummary.php?id=24"><em>Clupea  harengus</em> </a>tiene la <a href="http://www.drpez.com/diccionario/term/afaa5ca55eaeb1b0,,xhtml">vejiga  natatoria</a>, que le sirve para controlar la profundidad a la que se encuentra  al llenarla o vaciarla de gas, comunicada con el tubo digestivo. Y, de vez en  cuando, según asciende o desciende o es molestado, expele gas por el ano. Magnus  Wahlberg y Hakan Westerberg, del Instituto de Investigación Costera de Suecia,  investigaron estas flatulencias que, por lo que sabemos, no proceden del proceso  de la digestión sino de la vejiga natatoria. Los autores, en el laboratorio,  grabaron la salida del gas y descubrieron que era un gorgeo periódico, con una  duración de entre 32 y 133 milisegundos, y se emitía en series de 7 a 50  repeticiones. Sin embargo, poco después Ben Wilson y sus colegas, de la  Universidad Simon Fraser, en la Columbia Británica, en Canadá, estudiaron el  mismo fenómeno en la misma especie y en el arenque del Pacífico, <em><a href="http://filaman.ifm-geomar.de/Summary/SpeciesSummary.php?id=1520">Clupea  pallasii</a></em>, y llegaron a conclusiones diferentes. Los sonidos son los  mismos y coinciden con la salida del gas, pero no es este gas, sea de la vejiga  natatoria o del tubo digestivo, su origen. Wilson y sus colegas no saben cómo se  produce lo que llaman FRT (<em>Fast Repetitive Tick</em> o Repiqueteo Repetitivo  Rápido, RRR en español). Como es un sonido habitual en estas especies de  comportamiento social, consideran que es un medio de comunicación de los  arenques.<br>
Nunca se ha demostrado que las flatulencias sean un sistema de  comunicación en nuestra especie pero Louis Lippman, de la Universidad del Oeste  de Washington, en Bellingham, lo considera la hipótesis de partida para un  trabajo sobre la reacciópn de las personas ante la emisión de un pedo en un  contexto social. Curiosamente, los sujetos que sufren esta investigación definen  la flatulencia con adjetivos muy variados: gracioso, cortés, malicioso,  ofensivo,… Cuando se les pregunta por qué no se tirarían un pedo, siempre  teniendo en cuenta que es en un contexto social y no en soledad, responden que  depende de si les pueden pillar o no. Es obvio que, al escuchar un pedo, se  espera que huela y, por ello, los factores sensoriales implicados más  importantes son el auditivo y el olfatorio.<br>
Pero una atmósfera cargada de  olor puede ser incluso protectora. La psiquiatra Mena Sidoli relató en 1996 el  caso de un niño con una vida muy difícil: nacido prematuro, abandonado por su  madre, dado en acogida con problemas en las familias de acogida y, finalmente,  adoptado. Cuando este niño siente que está en peligro, se envuelve a sí mismo en  una conocida, protectora y acogedora nube de olor construida con sus propias  flatulencias.<br>
El equipo de Michael Levitt, del centro Médico para Veteranos  de Minneapolis, lleva muchos años estudiando las flatulencias humanas. Han  llegado a la conclusión de que el número medio de pedos por día en la especie  humana es de veinte. La edad o el sexo no influyen en esta cifra, y las  variaciones se deben a la habilidad de la flora bacteriana intestinal en  producir más o menos gases a partir de una cantidad dada de alimento ingerido.  Sin embargo, hay personas extremadamente flatulentas: el doctor Levitt relata  como un paciente, agobiado porque alcanzaba los cuarenta pedos diarios, bajo a  veintitrés con un estricto control de la dieta, eliminando lácteos y derivados  de los cereales. Por cierto, los gases emitidos son, sobre todo, dióxido de  carbono, hidrógeno y metano, aunque Levitt notifica el caso de un paciente que,  sorprendentemente, pedorreaba nitrógeno. Tras concienzudos análisis y posterior  discusión de los resultados se llegó a la conclusión de que el nitrógeno  procedía del aire absorbido. El equipo del doctor Levitt no aclara por dónde se  absorbe el aire.<br>
Levitt aconseja que, al tratar a un paciente que se queja de  excesiva flatulencia, primero se deben contar los pedos emitidos por día, para  decidir si su emisión de gases es normal o se sale del rango habitual; en  segundo lugar, hay que analizar los gases emitidos y, si hay dióxido de carbono,  hidrógeno y metano, son de origen intestinal, y si es nitrógeno, es aire  absorbido.</p>
<p>*Furne, J.K. &amp; M.D. Levitt. 1996. Factors influencing  frequency of flatus emission by healthy subjects. <em>Digestive Diseases and  Sciences</em> 41: 1631-1635.<br>
*Levitt, M.D., J. Furne, M.R. Aeolus &amp; F.L.  Suarez. 1998. Evaluation of an extremely flatulent patient. Case report and  proposed diagnostic and therapeutic approach. <em>American Journal of  Gastroenterology</em> 93: 2276-2281.<br>
*Lippman, L.G. 1980. Toward a social  psychology of flatulence: The interpersonal regulation of natural gas.  <em>Psychology</em> 17: 41-50.<br>
*Maruta, N., K. Natsume, H. Tokura, K.  Kawakami &amp; N. Isoda. 1987. Seasonal changes of circadian pattern in human  rectal temperature rhythm under semi-natural conditions. <em>Experientia</em>  43: 294-296.<br>
*Meyer-Rochow, V.B. &amp; J. Gal. 2003. Pressures produced when  penguins pooh- calculations on avian defaecation. <em>Polar Biology</em> 27:  56-58.<br>
*Sidoli, M. 1996. Farting as a defence against unspeakable dread.  <em>Journal of Analytical Psychology</em> 41: 165-178.<br>
*Sutcalf, L.O. &amp;  M.D. Levitt. 1979. Follow-up of a flatulent patient. <em>Digestive Diseases and  Sciences</em> 24: 652-654.<br>
*Wahlberg, M. &amp; M. Westerberg. 2003. Sounds  produced by herring (<em>Clupea harengus</em>) bubble release. <em>Aquatic  Living Resources</em> 16: 271-275.<br>
*Wilson, B., R.S. Batty &amp; L.M. Dill.  2004. Pacific and Atlantic herring produce burst pulse sounds. <em>Biology  Letters</em> 271: S95-S97. </p>
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