{"id":639,"date":"2013-05-13T20:46:48","date_gmt":"2013-05-13T20:46:48","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/?p=639"},"modified":"2013-05-13T20:46:48","modified_gmt":"2013-05-13T20:46:48","slug":"contra-la-crisis-personas-buenas-y-estructuras-justas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/2013\/05\/13\/contra-la-crisis-personas-buenas-y-estructuras-justas\/","title":{"rendered":"Contra la crisis, personas buenas y estructuras justas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2013\/05\/1368033351_668494_1368034079_portada_normal.jpg\"><img loading=\"lazy\" src=\"\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2013\/05\/1368033351_668494_1368034079_portada_normal.jpg\" alt=\"\" title=\"1368033351_668494_1368034079_portada_normal\" width=\"300\" height=\"165\" class=\"alignright size-medium wp-image-640\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2013\/05\/1368033351_668494_1368034079_portada_normal.jpg 418w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2013\/05\/1368033351_668494_1368034079_portada_normal-300x165.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><br \/>\nDesde que Carlos Marx escribiera que los fil\u00f3sofos hasta el presente s\u00f3lo hab\u00edan interpretado el mundo y \u201clo que importa es transformarlo\u201d, parece in\u00fatil volver a discusiones sobre lo social. A su modo, mucha gente que se implica con ganas contra las peores consecuencias de la crisis, piensa lo mismo que ese fil\u00f3sofo. Sucede, sin embargo, que el combate por la interpretaci\u00f3n de una realidad social tan convulsa como la nuestra, &#8211; la espa\u00f1ola, por ejemplo -, es feroz y con efectos tangibles sobre la vida cotidiana. Cuando el debate alcanza a las referencias de sentido y a los valores que caracterizan a una cultura, la interpretaci\u00f3n de su significado en el pasado y de si subsisten en el presente es una cuesti\u00f3n muy importante. Mucha gente cree que si se soluciona su caso o problema material, el mundo ya se ha arreglado, pero cualquiera puede saber que esto no es as\u00ed. Ni \u00e9ticamente resulta aceptable mirar s\u00f3lo por uno mismo, ni en la pr\u00e1ctica puede durar esa respuesta mucho tiempo sin violencia.<br \/>\n\tEsta sencilla observaci\u00f3n de la vida cotidiana, en un momento de desconcierto social tan extendido y denso, nos hace sentir a muchos que todas las voces son pocas para comprender qu\u00e9 nos pasa y c\u00f3mo podemos escapar con bien. Y entre todas esas voces, no faltan las que subrayan de mil modos que la crisis de Europa, o de Espa\u00f1a, es de referencias morales fuertes y de objetivos culturales en com\u00fan; de pr\u00e1cticas c\u00edvicas sanas y de instituciones pol\u00edticas democr\u00e1ticas; de respeto, al cabo, a las tradiciones humanistas y religiosas que nos caracterizaron. Las variantes son muchas y todas ellas apuntan con ganas a factores inmateriales. Como yo me muevo dentro de este mundo de pensamiento social, a fe que lo atiendo con celo no exento de afecto. A veces cobra perfiles antropol\u00f3gicos o hist\u00f3ricos de mucha vistosidad en sus explicaciones, pero, en el fondo, repite con convicci\u00f3n algo muy sencillo: nos hemos perdido como sociedad porque en ella vivir es consumir y poder hacerlo yo es lo \u00fanico absoluto. As\u00ed, el relativismo es inevitable y el Absoluto no tiene resquicio por el que llegarnos. La penumbra lo inunda finalmente todo. Volvamos a tradiciones religiosas y humanistas, empero, que nos han de librar de esta ruina de sentido.<br \/>\n\tYo no puedo negar este punto de vista y su importancia, pero lo cuestiono profundamente en su articulaci\u00f3n sesgada. Si pensamos en la realidad social, no me equivoco si digo que la mayor\u00eda de las personas y colectivos que se sit\u00faan en ese camino, no est\u00e1n especialmente afectados por lo peor de la crisis material. Es decir, que los ciudadanos m\u00e1s metaf\u00edsicos en sus lecturas de la crisis social, son la poblaci\u00f3n que antes y ahora, mantiene un estatus econ\u00f3mico y profesional m\u00e1s seguro. No digo que libre de todo peligro y sacrificio, digo razonablemente seguro. Y por esa raz\u00f3n me pregunto si pueden en serio mantener una visi\u00f3n intensamente culturalista de la crisis social, cuando no est\u00e1n viviendo en carne propia las consecuencias m\u00e1s dram\u00e1ticas de la falaz estructura pol\u00edtica y econ\u00f3mica de Espa\u00f1a. Esto es muy importante. No se acierta en la visi\u00f3n de una crisis social si no se asume el cambio de estructuras que las pobrezas m\u00e1s injustas exigen. No vale pensar la crisis social bajo el prisma cultural o espiritual, y estar personalmente a cubierto de los grandes dramas del paro o la pobreza. (Por supuesto, hay otros grupos sociales que no entran siquiera en estos debates. Callan y encargan a otros que ofrezcan las explicaciones m\u00e1s acordes con su gesti\u00f3n neoliberal de la sociedad que viene. Siempre me he preguntado de qu\u00e9 viven aquellos medios de informaci\u00f3n, &#8211; y sus profesionales -, cuya visi\u00f3n del problema social y la crisis es liberalizar, recortar, expulsar, exigir, ajustar, y caridad). Por tanto, &#8211; y con todo el equilibrio de causas que el an\u00e1lisis de los problemas sociales reclama -, mantengo que tenemos un problema de estructuras sociales, econ\u00f3micas y pol\u00edticas muy injustas. Y que si todos fu\u00e9ramos santos, el mundo mejorar\u00eda mucho, pero la injusticia social no tanto; las mejores personas en las peores estructuras son muy buenas personas, pero llegan hasta donde llegan; si el Estado, la Propiedad y los Mercados han alcanzado este nivel de determinaci\u00f3n alienante sobre la vida de millones de personas, &#8211; mientras no los controlemos socialmente en serio -, las mejores almas ser\u00e1n m\u00e1s benditas que justas. Es evidente que el cambio de conciencia de las personas es fundamental, pero las estructuras en que se inserta nuestra vida personal y familiar tambi\u00e9n son vitales para hacernos buenos. Y la prueba de nuestro atrevimiento con la verdad social, es si elegimos gestionar la crisis, &#8211; como crisis moral y material -, desde experiencias de p\u00e9rdida de empleo, de necesidad y de exclusi\u00f3n, o m\u00e1s bien, desde posiciones sociales, pol\u00edticas y culturales de grupos a cubierto. Porque entonces, &#8211; aun reconociendo que la crisis es para casi todos -, la percepci\u00f3n moralista de ella es un s\u00edntoma de resistencia a sus exigencias pol\u00edticas. En sencillo, a sus exigencias sobre hasta d\u00f3nde llevaremos la justicia del cambio social en cuanto a la Propiedad, los Mercados y el Estado.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Ignacio Calleja<br \/>\nProfesor de Moral Social Cristiana<br \/>\nVitoria-Gasteiz<br \/>\nEn El Correo, Opini\u00f3n, 29 de Abril de 2013<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Desde que Carlos Marx escribiera que los fil\u00f3sofos hasta el presente s\u00f3lo hab\u00edan interpretado el mundo y \u201clo que importa es transformarlo\u201d, parece in\u00fatil volver a discusiones sobre lo social. 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