{"id":601,"date":"2013-03-20T17:16:43","date_gmt":"2013-03-20T17:16:43","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/?p=601"},"modified":"2013-03-20T17:16:43","modified_gmt":"2013-03-20T17:16:43","slug":"el-pacto-de-las-catacumbas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/2013\/03\/20\/el-pacto-de-las-catacumbas\/","title":{"rendered":"El Pacto de las Catacumbas"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2013\/03\/1363199720_662224_1363205426_album_normal1.jpg\"><img loading=\"lazy\" src=\"\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2013\/03\/1363199720_662224_1363205426_album_normal1.jpg\" alt=\"\" title=\"1363199720_662224_1363205426_album_normal\" width=\"150\" height=\"150\" class=\"alignright size-thumbnail wp-image-602\" \/><\/a><\/p>\n<p>Por otra parte estamos celebrando el cincuentenario del Concilio Vaticano II, donde a pesar del deseo de Juan XXIII y aunque la idea se trat\u00f3 de forma tangencial en varios documentos, no se expres\u00f3 de forma expl\u00edcita el tema de una Iglesia pobre y al servicio de los pobres. Por ello al final del Concilio un grupo de padres conciliares reunidos en la Catacumba de Santa Domitila suscribi\u00f3 lo que se llam\u00f3 el Pacto de las Catacumbas. Creo que es \u00fatil recordar este documento que nos puede servir tanto para recordar el Concilio como para abrir nuevas expectativas para la renovaci\u00f3n de la Iglesia.<br \/>\nEl pacto de las catacumbas: una Iglesia servidora y pobre*<br \/>\n\u201cNosotros, obispos, reunidos en el Concilio Vaticano II, conscientes de las deficiencias de nuestra vida de pobreza seg\u00fan el evangelio; motivados los unos por los otros en una iniciativa en la que cada uno de nosotros ha evitado el sobresalir y la presunci\u00f3n; unidos a todos nuestros hermanos en el episcopado; contando, sobre todo, con la gracia y la fuerza de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, con la oraci\u00f3n de los fieles y de los sacerdotes de nuestras respectivas di\u00f3cesis; poni\u00e9ndonos con el pensamiento y con la oraci\u00f3n ante la Trinidad, ante la Iglesia de Cristo y ante los sacerdotes y los fieles de nuestras di\u00f3cesis, con humildad y con conciencia de nuestra flaqueza, pero tambi\u00e9n con toda la determinaci\u00f3n y toda la fuerza que Dios nos quiere dar como gracia suya, nos comprometemos a lo que sigue:<br \/>\n1. Procuraremos vivir seg\u00fan el modo ordinario de nuestra poblaci\u00f3n en lo que toca a casa, comida, medios de locomoci\u00f3n, y a todo lo que de ah\u00ed se desprende. Cfr. Mt 5, 3; 6, 33s; 8-20.<br \/>\n2. Renunciamos para siempre a la apariencia y la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (ricas vestimentas, colores llamativos) y en s\u00edmbolos de metales preciosos (esos signos deben ser, ciertamente, evang\u00e9licos). Cfr. Mc 6, 9; Mt 10, 9s; Hech 3, 6. Ni oro ni plata.<br \/>\n3. No poseeremos bienes muebles ni inmuebles, ni tendremos cuentas en el banco, etc., a nombre propio; y, si es necesario poseer algo, pondremos todo a nombre de la di\u00f3cesis, o de las obras sociales o caritativas. Cfr. Mt 6, 19-21; Lc 12, 33s.<br \/>\n4. En cuanto sea posible confiaremos la gesti\u00f3n financiera y material de nuestra di\u00f3cesis a una comisi\u00f3n de laicos competentes y conscientes de su papel apost\u00f3lico, para ser menos administradores y m\u00e1s pastores y ap\u00f3stoles. Cfr. Mt 10, 8; Hech 6, 1-7.<br \/>\n5. Rechazamos que verbalmente o por escrito nos llamen con nombres y t\u00edtulos que expresen grandeza y poder (Eminencia, Excelencia, Monse\u00f1or\u2026). Preferimos que nos llamen con el nombre evang\u00e9lico de Padre. Cfr. Mt 20, 25-28; 23, 6-11; Jn 13, 12-15.<br \/>\n6. En nuestro comportamiento y relaciones sociales evitaremos todo lo que pueda parecer concesi\u00f3n de privilegios, primac\u00eda o incluso preferencia a los ricos y a los poderosos (por ejemplo en banquetes ofrecidos o aceptados, en servicios religiosos). Cfr. Lc 13, 12-14; 1 Cor 9, 14-19.<br \/>\n7. Igualmente evitaremos propiciar o adular la vanidad de quien quiera que sea, al recompensar o solicitar ayudas, o por cualquier otra raz\u00f3n. Invitaremos a nuestros fieles a que consideren sus d\u00e1divas como una participaci\u00f3n normal en el culto, en el apostolado y en la acci\u00f3n social. Cfr. Mt 6, 2-4; Lc 15, 9-13; 2 Cor 12, 4.<br \/>\n8. Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexi\u00f3n, coraz\u00f3n, medios, etc. al servicio apost\u00f3lico y pastoral de las personas y de los grupos trabajadores y econ\u00f3micamente d\u00e9biles y subdesarrollados, sin que eso perjudique a otras personas y grupos de la di\u00f3cesis. Apoyaremos a los laicos, religiosos, di\u00e1conos o sacerdotes que el Se\u00f1or llama a evangelizar a los pobres y trabajadores, compartiendo su vida y el trabajo. Cfr. Lc 4, 18s; Mc 6, 4; Mt 11, 4s; Hech 18, 3s; 20, 33-35; 1 Cor 4, 12 y 9, 1-27.<br \/>\n9. Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus mutuas relaciones, procuraremos transformar las obras de beneficencia en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos y a todas, como un humilde servicio a los organismos p\u00fablicos competentes. Cfr. Mt 25, 31-46; Lc 13, 12-14 y 33s.<br \/>\n10. Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios p\u00fablicos decidan y pongan en pr\u00e1ctica las leyes, estructuras e instituciones sociales que son necesarias para la justicia, la igualdad y el desarrollo arm\u00f3nico y total de todo el hombre y de todos los hombres, y, as\u00ed, para el advenimiento de un orden social, nuevo, digno de hijos de hombres y de hijos de Dios. Cfr. Hech 2, 44s; 4, 32-35; 5, 4; 2 Cor 8 y 9; 1 Tim 5, 16.<br \/>\n11. Porque la colegialidad de los obispos encuentra su m\u00e1s plena realizaci\u00f3n evang\u00e9lica en el servicio en com\u00fan a las mayor\u00edas en miseria f\u00edsica cultural y moral -dos tercios de la humanidad- nos comprometemos:<br \/>\n\u2022\ta compartir, seg\u00fan nuestras posibilidades, en los proyectos urgentes de los episcopados de las naciones pobres;<br \/>\n\u2022\ta pedir juntos, al nivel de organismos internacionales, dando siempre testimonio del evangelio, como lo hizo el papa Pablo VI en las Naciones Unidas, la adopci\u00f3n de estructuras econ\u00f3micas y culturales que no fabriquen naciones pobres en un mundo cada vez m\u00e1s rico, sino que permitan que las mayor\u00edas pobres salgan de su miseria.<br \/>\n12. Nos comprometemos a compartir nuestra vida, en caridad pastoral, con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos, para que nuestro ministerio constituya un verdadero servicio. As\u00ed,<br \/>\n\u2022\tnos esforzaremos para \u201crevisar nuestra vida\u201d con ellos;<br \/>\n\u2022\tbuscaremos colaboradores para poder ser m\u00e1s animadores seg\u00fan el Esp\u00edritu que jefes seg\u00fan el mundo;<br \/>\n\u2022\tprocuraremos hacernos lo m\u00e1s humanamente posible presentes, ser acogedores;<br \/>\n\u2022\tnos mostraremos abiertos a todos, sea cual fuere su religi\u00f3n. Cfr. Mc 8, 34s; Hech 6, 1-7; 1 Tim 3, 8-10.<br \/>\n13. Cuando regresemos a nuestras di\u00f3cesis daremos a conocer estas resoluciones a nuestros diocesanos, pidi\u00e9ndoles que nos ayuden con su comprensi\u00f3n, su colaboraci\u00f3n y sus oraciones.<br \/>\nQue Dios nos ayude a ser fieles\u201d (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusi\u00f3n de sus art\u00edculos, indicando su procedencia).<br \/>\n*Pacto suscrito pocos d\u00edas antes de la finalizaci\u00f3n del Concilio Vaticano II -Diciembre de 1965- por cuarenta Padres Conciliares encabezados por Dom Helder Camara, obispo de Olinda Recife en la eucarist\u00eda celebrada en la Catacumba de Santa Domitila, Roma.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por otra parte estamos celebrando el cincuentenario del Concilio Vaticano II, donde a pesar del deseo de Juan XXIII y aunque la idea se trat\u00f3 de forma tangencial en varios documentos, no se expres\u00f3 de forma expl\u00edcita el tema de una Iglesia pobre y al servicio de los pobres. 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