{"id":159,"date":"2012-02-23T16:51:56","date_gmt":"2012-02-23T16:51:56","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/?p=159"},"modified":"2012-02-23T16:51:56","modified_gmt":"2012-02-23T16:51:56","slug":"la-iglesia-vasca-y-la-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/2012\/02\/23\/la-iglesia-vasca-y-la-paz\/","title":{"rendered":"La Iglesia vasca y la paz"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong><em><\/em><\/strong>\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<a href=\"\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2012\/02\/1325896715_862818_1325897167_album_normal2.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignright size-medium wp-image-160\" title=\"1325896715_862818_1325897167_album_normal\" src=\"\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2012\/02\/1325896715_862818_1325897167_album_normal2.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"207\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2012\/02\/1325896715_862818_1325897167_album_normal2.jpg 980w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2012\/02\/1325896715_862818_1325897167_album_normal2-300x207.jpg 300w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2012\/02\/1325896715_862818_1325897167_album_normal2-768x531.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <strong>No por casualidad<\/strong>, en estos d\u00edas de <em>Febrero del 2012<\/em>, y en la <em>Iglesia vasca<\/em>, todos nos hemos puesto manos a la obra en <em>el empe\u00f1o por la paz y la reconciliaci\u00f3n social<\/em>. Las iglesias diocesanas del Pa\u00eds Vasco, sus Obispos en primer lugar, nos convocan a la <em>oraci\u00f3n<\/em> por al paz y es l\u00f3gico que esto mismo provoque preguntas por las condiciones justas de la paz y la reconciliaci\u00f3n social. Mucha gente puede pensar que tama\u00f1o prop\u00f3sito ha de ser f\u00e1cil entre quienes participamos de la fe en Jesucristo, y desde luego que es un ventaja espiritual y moral, pero entre humanos, humano es todo, y a esa medida estamos tambi\u00e9n \u201csometidos\u201d los cristianos. Dios mismo, decimos en la fe, trajina su salvaci\u00f3n con los ingredientes de la historia: por la \u201c<em>encarnaci\u00f3n<\/em>\u201d. Adem\u00e1s, la Iglesia aspira a desarrollar su acci\u00f3n reconciliadora no s\u00f3lo en su interior, sino en medio de toda la sociedad en que ella convive. As\u00ed que de f\u00e1cil, nada. Por fin, esta tarea social y moral tan loable, y sin duda espiritual, es percibida por buena parte de la sociedad espa\u00f1ola y, menos, pero tambi\u00e9n de la vasca, como mucha \u201cpol\u00edtica\u201d y poca \u201creligi\u00f3n\u201d. Yo encuentro que este reproche es fundamentalmente equivocado; y de hecho, salvo errores ocasionales, para m\u00ed se trata de la <em>justicia<\/em> y esto s\u00ed que no puede evitarse ni en la fe ni fuera de ella. La <em>justicia<\/em> nunca ha de cansarnos como preocupaci\u00f3n social y eclesial, por m\u00e1s que nuestras diferencias sobre ella nos tienten al silencio. La <em>justicia<\/em> nunca es s\u00f3lo \u201c<em>pol\u00edtica<\/em>\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0<strong>De lo que llevo escuchado y repensado<\/strong>, la cuesti\u00f3n primera y m\u00e1s delicada es el significado que damos a varias palabras; tales son paz, justicia, memoria, dignidad, relato, reconciliaci\u00f3n y perd\u00f3n. Hace tiempo que habl\u00e1bamos de <em>paz<\/em> y a su lado surgi\u00f3 la determinaci\u00f3n de que fuese <em>justa<\/em>. Es evidente que la paz es el <em>camino<\/em> y la paz es el <em>fruto<\/em> de un proceso de convivencia en justicia. Esta relaci\u00f3n <em>interdependiente<\/em> es el quicio de las valoraciones morales. Por eso se ha dicho mil veces, \u00a1con no pocas incomprensiones desde el realismo pol\u00edtico!, que la paz no es el mero orden p\u00fablico, sino el orden p\u00fablico justo en los medios y en los fines.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <strong>Al proclamar ETA<\/strong>, por fin, el ya famoso alto el fuego definitivo del mes de octubre pasado, han adquirido mucha fuerza <em>dos<\/em> <em>conceptos<\/em> que afinan en la naturaleza <em>justa<\/em> de la <em>paz<\/em>, y tambi\u00e9n correlativos. Son los de <em>memoria<\/em> de las v\u00edctimas del terrorismo y la <em>reconciliaci\u00f3n<\/em> social. La memoria sin <em>justicia<\/em> no es memoria, y la memoria, para ello, tiene que serlo de todas las <em>v\u00edctimas del terrorismo<\/em> y de todas las v\u00edctimas <em>injustas<\/em> que la persecuci\u00f3n del terror ha provocado. No hay que comparar n\u00fameros sino personas. Yo creo que hay que aceptar este concepto de <em>v\u00edctima<\/em> y hablar de este tiempo hist\u00f3rico democr\u00e1tico, para no mezclar todos los agravios de cualquier tiempo, (ni prejuzgar su legitimidad), ni sumarle al concepto <em>v\u00edctimas <\/em>todos los sufrimientos que en torno a ETA se han generado, (sin culpa o con culpa). Esto ser\u00eda muy injusto.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <strong>Creo<\/strong>, por tanto, que esta distinci\u00f3n entre <em>v\u00edctimas<\/em> del terrorismo, en el sentido de sufrimiento radicalmente injusto, y, de otro lado, el <em>sufrimiento<\/em> inevitable que la persecuci\u00f3n leg\u00edtima del delito genera, es fundamental. A la vez, creo que la Iglesia est\u00e1 en condiciones de acercarse <em>amorosamente<\/em> a todas las personas que han sufrido y sufren, porque es capaz, como nadie, y debe hacerlo, de <em>diferenciar<\/em> la persona que sufre, y proyecto social y pol\u00edtico que esa persona defiende o ama. Esto no suele ser entendido. Todo el mundo queremos que nos amen a nosotros y a nuestras causas, pero en el amor cristiano, no tiene por qu\u00e9 ser as\u00ed. Para la <em>Iglesia<\/em>, tambi\u00e9n en el amor cristiano, se trata de dignificar a las personas, hacerles justicia y acogerlas en la memoria colectiva; sin duda, esto es lo que se les debe a las v\u00edctimas del terrorismo por parte de todos los ciudadanos; pero en el cristianismo concurren otras exigencias m\u00e1s de fe que morales o \u00e9ticas: amamos siempre a todos y no lo condicionamos a una cercan\u00eda pol\u00edtica y nacional; amamos siempre a todos, y no lo condicionamos a que el otro sea inocente; amamos siempre a todos, y a nadie tenemos por enemigo; amamos siempre a todos y no damos un cheque ideol\u00f3gico en blanco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <strong>Es muy dif\u00edcil traducir<\/strong> esto a vida p\u00fablica para todos, \u00a1quiz\u00e1 imposible!, por eso decimos que son \u201c<em>especificidades de la vida cristiana<\/em>\u201d y en ella nos lo reclamamos y a su luz nos juzgamos. La Iglesia, por tanto, tiene que acercarse <em>amorosamente<\/em> a todos lo que ha sufrido por cualquier causa, si bien, he dicho y repito, el reconocimiento de qui\u00e9nes son las <em>v\u00edctimas<\/em> tiene su significado preciso, y no se compensan entre s\u00ed, ni en una persona ni entre los distintos grupos. Creo de todos modos que la verificaci\u00f3n de esa memoria de las v\u00edctimas, y por supuesto, de la justicia debida, es una tarea de la sociedad civil, y de la Iglesia en ella, m\u00e1s que de la Iglesia en solitario. La tarea propia de la Iglesia la veo m\u00e1s bien en reclamar ese compromiso de la sociedad civil por la <em>verdad<\/em>, y sumar al proceso de paz y reconciliaci\u00f3n las peculiaridades evang\u00e9licas de que hablaba, y sobre las que volver\u00e9 al final.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <strong>Los otros grandes conceptos<\/strong>, estos m\u00e1s eclesiales si cabe, son la <em>reconciliaci\u00f3n<\/em> y el <em>perd\u00f3n<\/em>. Tambi\u00e9n a la sociedad le importan y sabe de esto, pero la Iglesia halla en ellos su espacio natural m\u00e1s propio. Estos conceptos y los buenos prop\u00f3sitos sociales que en ellos operan, no tienen id\u00e9ntico <em>significado<\/em> en la fe y en la vida civil, pero tampoco lo tienen contrario. La fe prolonga su fundamento y sus <em>consecuencias<\/em> para la vida hasta l\u00edmites humanamente imposibles. El <em>perd\u00f3n<\/em> y la <em>reconciliaci\u00f3n<\/em> es una experiencia social que, al darse, llena a las personas y, en su medida a los pueblos, de gozo y paz. Tambi\u00e9n en la vida civil sabemos que esos valores y experiencias trascienden lo que es debido en derecho y hasta en justicia, y entran en el \u00e1mbito del <em>don<\/em> y el afecto <em>gratuito<\/em>. Por eso no pueden exigirse <em>legalmente<\/em>. Yo no veo forma de dar a la <em>ley penitencia com\u00fan<\/em> una concreci\u00f3n moral tan precisa que exija de los <em>terroristas<\/em> la solicitud de <em>perd\u00f3n<\/em>. Entiendo el <em>arrepentimiento<\/em> del terrorista como un factor moral que le exijo, y legalmente puedo y quiero considerarlo como factor decisivo para aliviar las penas y adelantar la libertad condicional, pero m\u00e1s all\u00e1, no veo c\u00f3mo la ley podr\u00eda exigir lo que sucede en la conciencia de las personas. Es un factor de discriminaci\u00f3n positiva frente al delito, y que opera aliviando el tratamiento del penado, pero no puede ser parte intr\u00ednseca de una pena civil. Evidentemente, s\u00e9 que el reconocimiento del mal causado por los militantes de ETA, el arrepentimiento, es un factor moral decisivo para la vida pol\u00edtica justamente pacificada de nuestra sociedad y, por tanto, para el relato final de lo que ha pasado. Porque el <em>relato<\/em> <em>veraz<\/em> es hoy el lugar por excelencia de la lucha pol\u00edtica de Euskadi.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <strong>Sin duda<\/strong>, prosigo, la <em>Iglesia<\/em> con la sociedad civil, y ella misma en su particularidad como instituci\u00f3n moral y espiritual, puede aportar mucho a este proceso de pacificaci\u00f3n y reconciliaci\u00f3n social, primero, y de reconciliaci\u00f3n moral y perd\u00f3n \u00e9tico-religioso, tambi\u00e9n. El proceso pol\u00edtico que pueda subseguir, no es cosa que a la Iglesia le incumba en primer lugar, salvo que se haga al margen de derechos humanos fundamentales; pero esto mismo, le compete a toda la sociedad y por las mismas razones. Sin embargo ella puede aportar algo muy importante, despu\u00e9s de reconocer los errores y olvidos que le lleguen desde <em>un pasado discutido<\/em>, en lo que tengan de verdad, pues no todo es lo que parece. Ese <em>servicio<\/em> extraordinario puede ser y es la exigencia y el cuidado de un <strong><em>relato<\/em><\/strong> lo m\u00e1s veraz posible; que cuide no ser selectivo en sus fuentes e intenciones, y que sin mezclarlo todo y borrar todas las diferencias, desde la memoria y la justicia para con las <em>v\u00edctimas<\/em>, no deje por el camino ning\u00fan sufrimiento humano, incluso cuando es por la aplicaci\u00f3n de la ley com\u00fan, y m\u00e1s si es un efecto derivado sobre terceros inocentes (las familias); y este servicio extraordinario puede ser, tambi\u00e9n, un especial cuidado para que no termine todo en un apa\u00f1o moral, &#8211; se ha dicho -, que cierre con prisas y en falso tanta injusticia y sufrimiento; y ha de ser, sin duda, un servicio peculiar en el <strong><em>humus<\/em><\/strong> <em>moral<\/em> y <em>espiritual<\/em> de la sociedad vasca, a mi juicio, con dificultades para respetar al absolutamente distinto en cuanto a la \u201cconciencia nacional\u201d, y con clara tendencia a absolutizar las identidades nacionales frente a las personas; (siempre he dicho que en este mal, los vascos no est\u00e1n solos, y que tiene mucho ver con si un nacionalismo es emergente o ya no necesita serlo; a cada uno lo suyo); porque <em>ETA no es una casualidad hist\u00f3rica entre nosotros<\/em>, ni su ideolog\u00eda nacional absolutizada, o <em>totalitaria<\/em> como gustamos decir, una perversi\u00f3n pasajera, sino <em>\u201calgo ideol\u00f3gico\u201d, <\/em>fuertemente enraizado en la mentalidad de muchos vascos, <em>estrat\u00e9gicamente<\/em> vehiculado ahora por los cauces de la democracia, llamada en sus c\u00edrculos, \u201cformal y aparente\u201d, pero eso, \u201c<em>estrat\u00e9gicamente<\/em>\u201d <em>en no pocos<\/em>. No hay una convicci\u00f3n firme y \u00faltima de que una cosa es la causa pol\u00edtica del \u201cpueblo\u201d, (la que sea en justicia), y otra la vida y la dignidad indisponible de cada persona.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Luego la conversi\u00f3n moral de la nuestra sociedad a la \u201cdignidad incuestionable de todos en la sociedad y en el pueblo\u201d, es vital, cuando, por otro lado, nuestra sociedad es profundamente amistosa y solidaria en tantos otros aspectos de la vida que no son el de la identidad nacional: hay muy buena materia prima; y la <strong><em>Iglesia<\/em><\/strong>, &#8211; seg\u00fan dec\u00eda -,\u00a0 puede ofrecer una palabra de sincera solidaridad, \u00a1qu\u00e9 no equidistante, sino justa y veraz!, con las v\u00edctimas del terrorismo, y con todos los que han sufrido, no exenta de libertad en cuanto a los proyectos pol\u00edticos partidistas y nacionales; una situaci\u00f3n, por lo dem\u00e1s, repetida en los grandes conflictos; en ellos, cada grupo que sufre, y sobre todo, cuando es por injusticia tan grande como las <em>v\u00edctimas<\/em>, quiere que a la <em>solidaridad<\/em> compasiva le acompa\u00f1e la <em>justicia<\/em>, por supuesto, y tambi\u00e9n quiere la <em>simpat\u00eda<\/em> hacia un proyecto pol\u00edtico concreto, y eso no puede ser del mismo modo; por fin, la <strong><em>Iglesia<\/em><\/strong> puede ser creadora de espacios de fraternidad claramente inclusivos, como corresponde a la vida cristiana, y fuertemente expansivos en ella y, desde ella, en la sociedad. Hay una red de presencia de <em>lo cristiano<\/em> en la sociedad que sin duda puede hacer un servicio reconciliador impagable.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y la <strong><em>Iglesia<\/em><\/strong> puede y debe proclamar el significado religioso del <strong><em>perd\u00f3n<\/em><\/strong>, con su lugar tan original en la fe cristiana y con la pl\u00e9yade de novedades que lo acompa\u00f1an en relaci\u00f3n a la raqu\u00edtica forma de concebirlo en el realismo de la vida civil cotidiana. Esta <em>contraculturalidad<\/em> del perd\u00f3n cristiano, originariamente regalado por Dios, (en su forma de experiencia \u00edntima que de tenerla lo cambia todo en la vida personal), no puede hacerse ley democr\u00e1tica com\u00fan, ni puede exigirse como regla moral externa, (\u00a1ni siquiera es regla moral cristiana, sino regla de santidad cristiana, que es m\u00e1s, pero es otra cosa que la \u00e9tica!); pero s\u00ed puede proponerse, en la fe, como aquello que sit\u00faa las relaciones humanas en conflicto en una perspectiva que, sin escapar del mundo, las ilumina desde Aqu\u00e9l que lo trasciende, el que nos hace entender a Jesucristo en su <strong><em>perd\u00f3n<\/em><\/strong>, \u201chasta setenta veces siete\u201d, en su <strong><em>no violencia activa<\/em><\/strong>, \u201chasta la muerte de cruz injusta donde las haya\u201d, y en su <strong><em>compasi\u00f3n<\/em><\/strong>, \u201chasta hacerse pr\u00f3jimo del necesitado, s\u00f3lo por su estado de necesidad\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Espero haber sumado algo positivo a la implicaci\u00f3n de los cristianos del Pa\u00eds Vasco en la paz, la reconciliaci\u00f3n y el perd\u00f3n de nuestra sociedad.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No por casualidad, en estos d\u00edas de Febrero del 2012, y en la Iglesia vasca, todos nos hemos puesto manos a la obra en el empe\u00f1o por la paz y la reconciliaci\u00f3n social. 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