{"id":136,"date":"2012-02-06T10:44:28","date_gmt":"2012-02-06T10:44:28","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/?p=136"},"modified":"2012-02-06T10:44:28","modified_gmt":"2012-02-06T10:44:28","slug":"a-la-reconciliacion-por-el-reconocimiento-del-otro-y-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/2012\/02\/06\/a-la-reconciliacion-por-el-reconocimiento-del-otro-y-ii\/","title":{"rendered":"A la reconciliaci\u00f3n por el reconocimiento del otro (y II)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong><\/strong>\u00a0<\/p>\n<p align=\"center\">\u00a0<\/p>\n<p>\u00a0<a href=\"\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2012\/02\/pro_photo13283597321.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignright size-medium wp-image-137\" title=\"pro_photo1328359732\" src=\"\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2012\/02\/pro_photo13283597321.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"176\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2012\/02\/pro_photo13283597321.jpg 340w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/jignaciocalleja\/wp-content\/uploads\/sites\/40\/2012\/02\/pro_photo13283597321-300x176.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hasta ahora nos hemos fijado en <strong>uno<\/strong> de los aspectos <em>\u00e9ticos<\/em> de la reconciliaci\u00f3n. Pero ese reconocimiento del <em>otro<\/em>, en su condici\u00f3n intr\u00ednseca de persona y en su particularidad leg\u00edtima, comparte un <strong>segundo<\/strong> ingrediente y reto reconciliador, lo <em>social<\/em>, que suma dos caras de nuestra vida colectiva cotidiana. <em>Una<\/em>, la necesidad de estructuras sociales justas, comenzando por las leyes, que a la gente nos permita tener <em>oportunidades reales y m\u00ednimas para una vida digna<\/em>. Desde luego, y a mi juicio, si alguien no tiene, \u00a1y sucede millones de veces!, oportunidades reales para una vida digna, \u00a1mucho m\u00e1s cuando esto sucede tantas veces sin culpa alguna de los pobres y, desde luego, nunca de los <em>ni\u00f1os<\/em>!, no veo c\u00f3mo seguir hablando de reconciliaci\u00f3n social sin encubrimiento grave del mal originario. O sea, que la reconciliaci\u00f3n puede ser, y de hecho es, un concepto <em>ideol\u00f3gico<\/em> que encubre con falsedad una realidad social inaceptable. Lo s\u00e9. Ya escucho algunas llamadas a la calma. Dicen as\u00ed: todo tiene su camino y su crecimiento, y por tanto, no existe el para\u00edso en la tierra, no vale el todo o nada. Respondo: s\u00ed, pero es necesario mostrar la <em>voluntad<\/em> <em>pol\u00edtica<\/em> cierta y los <em>hechos<\/em> probados de que caminamos tras una organizaci\u00f3n social mucho m\u00e1s justa y, por ende, instrumento irrenunciable de reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La otra cara, pues he dicho que ten\u00eda <strong><em>dos<\/em><\/strong><em> <strong>caras<\/strong><\/em> la mirada a <em>lo social <\/em>en la reconciliaci\u00f3n, es su dimensi\u00f3n <em>personal<\/em>. S\u00ed, lo <em>personal <\/em>lo podemos ver tambi\u00e9n como un ingrediente intr\u00ednseco a <em>lo social<\/em>, pero no para hacer desaparecer al ser humano concreto, t\u00fa y yo, en el todo de un grupo o sociedad, sino, al contrario, para remarcar que la reconciliaci\u00f3n social requiere de personas con <em>actitudes<\/em> reconciliadoras, y hasta con un <em>equilibrio personal reconciliado<\/em>. El car\u00e1cter o modo de ser de cada uno, las virtudes que lo configuran, los h\u00e1bitos del coraz\u00f3n que se dice ahora, las actitudes que revelan nuestro modo de ser m\u00e1s profundo y fundamental, son parte fundamental de la reconciliaci\u00f3n con los otros, distintos y respetables siempre; con derechos iguales y dignos, siempre; merecedores de escucha, siempre; y dignos de <em>perd\u00f3n<\/em>, siquiera como experiencia de los creyentes ante la vida, pues as\u00ed es Dios con cada uno de nosotros, <em>siempre<\/em>. Por tanto, una vida <em>reconciliadora<\/em> requiere de personas con el temple moral de quien \u201c<em>espera<\/em>\u201d en cada ser humano siempre, sabe de la necesidad de la justicia social, la comprende desde el lugar de las v\u00edctimas, la exige desde la no-violencia activa, vigila el uso justo de la fuerza del Estado democr\u00e1tico, comparte un modo de vida y consumo <em>compatible<\/em> con la vida de los pobres, y cree en el <em>perd\u00f3n<\/em> como experiencia moral que dignifica a quien lo ofrece y a quien lo acepta. Y para el cristiano, experiencia personal del ser de Dios con uno mismo, pues de no tenerla, se acab\u00f3 la persona reconciliadora por la fe: nadie da, est\u00e1 claro, lo que no tiene. Pero esto, el <em>perd\u00f3n<\/em>, es algo muy personal y siempre de conciencia. No se puede forzar, s\u00f3lo contar. As\u00ed de sorprendente y gratuito se revela Dios en la fe de Jes\u00fas y en el Jes\u00fas de Dios. Siga cada uno, amable lector y lectora, su reflexi\u00f3n reconciliadora, es decir, la que <em>reconoce<\/em> al otro, realiza <em>oportunidades<\/em> sociales y <em>perdona<\/em>.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Hasta ahora nos hemos fijado en uno de los aspectos \u00e9ticos de la reconciliaci\u00f3n. Pero ese reconocimiento del otro, en su condici\u00f3n intr\u00ednseca de persona y en su particularidad leg\u00edtima, comparte un segundo ingrediente y reto reconciliador, lo social, que suma dos caras de nuestra vida colectiva cotidiana. 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