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	<title>El Papa viaja a Lesbos, y ¿qué? | En cristiano - Blog elcorreo.com</title>
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	<description>Sobre la vida social justa, sin dogmas</description>
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		<title>El Papa viaja a Lesbos, y ¿qué? | En cristiano - Blog elcorreo.com</title>
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		<pubDate>Sat, 16 Apr 2016 21:44:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Ignacio Calleja</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p align="center"><strong><em><a href="/jignaciocalleja/wp-content/uploads/sites/40/2016/04/10603700_965979756824239_2865185317461383812_n.jpg"><img loading="lazy" class="alignnone size-medium wp-image-889" title="10603700_965979756824239_2865185317461383812_n" src="/jignaciocalleja/wp-content/uploads/sites/40/2016/04/10603700_965979756824239_2865185317461383812_n.jpg" alt="" width="300" height="125" srcset="https://blogs.elcorreo.com/jignaciocalleja/wp-content/uploads/sites/40/2016/04/10603700_965979756824239_2865185317461383812_n.jpg 960w, https://blogs.elcorreo.com/jignaciocalleja/wp-content/uploads/sites/40/2016/04/10603700_965979756824239_2865185317461383812_n-300x126.jpg 300w, https://blogs.elcorreo.com/jignaciocalleja/wp-content/uploads/sites/40/2016/04/10603700_965979756824239_2865185317461383812_n-768x322.jpg 768w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px"></a></em></strong></p>
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<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p align="center"><strong><em>El Papa viaja a Lesbos, y ¿qué? </em></strong></p>
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<p>            <em>Que el Papa viaja a Lesbos</em>, y ¿qué? No hace mucho tiempo esta decisión hubiera impresionado dentro y fuera de la Iglesia, los <em>medios</em> se hubieran volcado sagaces sobre ella y la gente lo comentaría en el mercado como un imprevisto de la vida. Francisco es capaz de esto y mucho más, pero nuestra cultura de la comunicación instantánea digiere las sorpresas con la misma facilidad que pasan las imágenes de un audiovisual. Ningún sufrimiento ajeno permanece más allá de un instante en la retina ni nos conmueve después de una primera impresión. Filósofos de reconocido prestigio han puesto el acento en un modo de vida que deposita <em>todo</em> en un lago cultural tan opaco como viscoso. Las ideas y los valores en discusión, los acontecimientos y hasta los sufrimientos de las personas, nada dura el tiempo suficiente para que nos estremezca y eche andar el proceso de la justicia y la solidaridad.</p>
<p> </p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>            Hay muchos <em>motivos</em> para vivir con preocupación la llegada masiva de <em>refugiados</em> y <em>migrantes obligados</em> hasta nuestros países, atravesando, nunca mejor dicho, desiertos y mares. Pero hay muchos otros para entenderlo y asumirlo como un reto indeclinable, un reto que no se puede echar a un lado y seguir a lo nuestro. Entre todos esos motivos, uno es fundamental para entrar en la consideración de todos los demás. La <em>conmoción de entrañas</em> por el sufrimiento de millones de personas a las puertas de Europa, en una situación general de necesidad extrema, no nos deja otra opción moral que una salida política <em>solidaria en la justicia</em>. Y a esto va Francisco a la isla de Lesbos en su visita a los refugiados, a recordarle a Europa que esa gente son personas, que la inmensa mayoría de ellas están ahí por razones de extrema necesidad para ellos y sus hijos, y que Europa reconoce <em>un derecho internacional</em> que cumplir y unas obligaciones de <em>solidaridad</em> con las que interpretar ese derecho y las políticas subsiguientes. Para entender a Francisco, es preciso reconocer que, por más fallos que tenga su Iglesia, y tiene muchos, este hombre y esta institución exigen traer al centro de Europa, al corazón de sus políticas y de los ciudadanos de Europa, la <em>conmoción de entrañas </em>por el sufrimiento de las víctimas en la que <em>arranca</em> una convivencia moral justa. En Francisco, su motivación ha de ser religiosa, porque así lo exige su fe cristiana, pero su fundamento no es menos laico, porque si no hay <em>conmoción absoluta de entrañas</em> en la gente, si no hay ruptura del corazón en cada uno de nosotros hasta decir indignados “no hay derecho, no tenemos derecho” a consentir esto, la convivencia democrática de Europa se asienta sobre el barro, la política es incapaz de justicia, la justicia languidece como legalidad sin potencia moral, y la ética de los derechos humanos es un <em>apartheid</em> para los pueblos de la Unión; y en cuanto se <em>encarece</em> la democracia, un artificio para las élites que se parapetan en sus privilegios aprovechando el miedo de la gente a vivir de otro modo.</p>
<p> </p>
<p>            Es probable que la Europa política busque apropiarse del viaje de Francisco a Grecia, es posible que hasta acuda a recibirlo al aeropuerto y lo acompañe entre las islas, es posible que el ayer proscrito Tsipras, mañana sea nuestro embajador de circunstancias, es posible que los <em>medios</em> no acierten (o no les dejen) a leer el acontecimiento en toda su profundidad.  Pero siendo posible casi todo, y que todo muera en unas portadas al uso, los pueblos de Europa, y sus dirigentes en particular, tienen que entender que Francisco acude a Lesbos por la gente, por la dignidad de la gente sufriendo y sin futuro, y que la <em>conmoción</em> que esto provoca en las personas de bien, la <em>ruptura</em> que introduce echando a un lado todo lo demás en nuestras vidas, es lo que le mueve a realizar este ejercicio de ética aplicada, escenificada al máximo nivel, y tan pobre o exitosa, al cabo, como las transformaciones sociales que provoque. Si la gente, mucha gente, lo asume como una experiencia de <em>ruptura</em> con el cálculo político y la indiferencia ante los sufrimientos ajenos, estamos reconstruyendo el ser moral de nuestro mundo en Europa, aunque rebajemos nuestro estatus económico. (Y ni eso, con la oportunidad laboral que esta emigración representa). Y de esto se trata, de que un gesto de <em>profeta </em>nos hable, mucho más que de política, de la condición moral del ser humano, del ser o no ser de esta condición <em>en la capacidad de conmoción</em> de nuestras <em>entrañas</em> ante el sufrimiento ajeno; y, enseguida, de si <em>en esta experiencia</em> renace un movimiento social que <em>ve, valora y actúa</em> políticamente a favor de la justicia con los refugiados y migrantes pobres y, particularmente, con sus niños. Lo que vamos a hacer en concreto y con qué sacrificios viene después en política, de esto hay que hablar y exigirlo, pero la convicción de que <em>hemos de hacerlo</em> para vivir con dignidad ética nosotros mismos, eso es así. Y el Papa, lógicamente, lo pretende. Si la política europea es este juego de intereses electorales y los pueblos en buena medida se dejan arrastrar por el egoísmo y las llamadas <em>neonazis</em> a retener lo propio con alambradas, o por tratados de arrendamiento de la <em>represión</em> a los países del entorno y odas a la pureza cultural de la propia nación, todos entendemos que, en el fondo, se trata de defender un modo de vida  cuyos valores, <em>sin el dinero</em>, ya no importan. Francisco va a Lesbos, y ¿qué? Pues que la indignación o conmoción radical de su persona por los sufrimientos de los refugiados pasa al <em>centro</em> de su <em>ver, valorar y actuar en el mundo</em>, y lo exige de los demás como indignación moral y justicia social.</p>
<p> </p>
<p><strong><em>J. Ignacio Calleja </em></strong></p>
<p><strong><em>Profesor de Moral Social Cristiana</em></strong></p>
<p><strong><em>Vitoria-Gasteiz</em></strong></p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>El Correo, 16 de abril de 2016</em></strong></p>
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