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	<title>¿Cómo interpela la crisis económica y social a la Iglesia? | En cristiano - Blog elcorreo.com</title>
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	<description>Sobre la vida social justa, sin dogmas</description>
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		<title>¿Cómo interpela la crisis económica y social a la Iglesia? | En cristiano - Blog elcorreo.com</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Sep 2015 14:52:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Ignacio Calleja</dc:creator>
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<p>   <a href="/jignaciocalleja/wp-content/uploads/sites/40/2015/09/DSC_0045.jpg"><img loading="lazy" class="alignleft size-medium wp-image-839" title="DSC_0045" src="/jignaciocalleja/wp-content/uploads/sites/40/2015/09/DSC_0045.jpg" alt="" width="168" height="300" srcset="https://blogs.elcorreo.com/jignaciocalleja/wp-content/uploads/sites/40/2015/09/DSC_0045.jpg 2204w, https://blogs.elcorreo.com/jignaciocalleja/wp-content/uploads/sites/40/2015/09/DSC_0045-768x1366.jpg 768w, https://blogs.elcorreo.com/jignaciocalleja/wp-content/uploads/sites/40/2015/09/DSC_0045-576x1024.jpg 576w" sizes="(max-width: 168px) 100vw, 168px"></a></p>
<p>         Hace no demasiados años, hablar de la dimensión social de la fe era tanto como <em>meterse en política</em>. Había minorías cristianas que defendían ese empeño de la fe en la justicia social, pero la mayoría de los creyentes presumía más bien de evitar el <em>mundo</em>. Vivíamos al abrigo de riesgos mundanos: “<em>Solo tengo un alma que salvar, de la inicua política la debo preservar</em>”. Así discurría la vida social de no pocos católicos y la Iglesia española se refugiaba en nombramientos episcopales y movimientos cristianos de signo conservador.</p>
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<p>            Al estallar la crisis económica y social hemos querido taponar la sangría de parados y pobres con palabras de moralidad individual y con no poca caridad colectiva. <em>Desconcertados</em>, hemos mirado a la crisis, y alguien ha recordado, “estaba ahí, incubándose, ahí, bien cerca, pero no la queríamos ver”; bien dicho, pero es igual: <em>casi nadie ve una crisis hasta que no le afecta de lleno</em>. El caso es que ya no había remedio y con prisa nos hemos lanzado a la <em>caridad</em> organizada, y hemos hecho cosas importantes, pero sin <em>aceptar</em> de inicio el <em>porqué</em> de los <em>perdedores</em> y <em>quiénes</em> tienen mayor responsabilidad en ellas, y <em>cuál</em> ha sido la nuestra y en <em>qué</em> vamos a cambiar.</p>
<p> </p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>            Ahora ya la conciencia social de la fe es imparable. Respiramos por el <em>amor</em> de Dios y vivimos para que fluya como vida <em>buena</em> y <em>justa</em> en nosotros, es decir, como <em>Reino de Dios</em> que – <em>ya sí, todavía no en plenitud</em>– quiere nacer de las entrañas de la historia cotidiana de la gente como <em>equidad</em> social y <em>salvación</em>; de la historia de la gente más pobre y vulnerable al rehacer su dignidad de persona: en su familia, en su casa, en su ciudad y, sobre todo, en los niños que tienen derecho a unas oportunidades de vida digna. Sin vida digna para esas personas, pronunciamos el nombre de Dios en vano. Porque “<em>Dios trajina su salvación con nuestras vidas cotidianas cuando son buenas y justas</em>”, ha escrito alguien. O de otro modo, porque <em>hacerse prójimo del necesitado y débil es el primer mandamiento moral</em>. ¿Quién está necesitado de mí para que yo me aproxime?  Ante tamaña pregunta, sólo me atrevo a añadir que todo empieza en casa, en el barrio y en el trabajo; y que la justicia también son <em>estructuras</em> económicas y sociales equitativas. Nunca olvidemos esta relación, <em>aunque no nos convenga.</em></p>
<p> </p>
<p>            Y en esto, llegó Francisco, y dijo, los cristianos todos en <em>misión</em>, y la <em>justicia</em>, al centro de la vida social, y el sistema económico de <em>propiedad</em> absoluta y <em>especulación</em> masiva es idolatría pura; más todavía, <em>mata</em> cerca y lejos. Y han vuelto los nervios. Los cristianos -a los que pertenezco-  se saben entonces convocados a implicarse en la <em>red</em> de <em>acciones</em> de caridad inmediata en lo que no puede esperar, y de <em>denuncia</em> social en lo que es injusto por demás, y de <em>programas</em> de <em>promoción</em> de personas y <em>concienciación</em> social en lo que da más tiempo, y de <em>apoyo </em>al movimiento civil de que otro mundo más justo es posible, <em>porque de otro modo y con menos, podemos vivir todos y bien</em>.</p>
<p> </p>
<p>            Ya no preguntamos <em>quién lo sabe todo</em> sobre el futuro, sino <em>quién quiere buscar con nosotros</em> algo nuevo y más justo para todos. Nos sabemos, así, <em>nudos</em> en la red del movimiento cristiano y civil por un mundo más justo, y reconocemos que la esperanza en esa lucha por la justicia es hija de la ética y de la fe: <em>lo que hicisteis a uno de estos más pequeños, conmigo lo hacíais</em>. Cada persona a la que ayudamos a recomponer su dignidad maltrecha, nos libera a nosotros de vivir indignamente. Cada lucha por la justicia que nos convoca y mueve, se suma a nuestra <em>Eucaristía</em> como su <em>harina</em> más necesaria. En <em>cristiano</em>, fe y vida justa no se separan  -lo uno sin lo otro es imposible-; no se confunden  -lo uno no es en todo igual que lo otro-; en cristiano es imprescindible reconocer que se <em>mezclan</em> constituyendo una realidad única: la <em>encarnación</em> de la <em>justicia </em>del Reino de Dios. <em>¿Hay mayor motivo para la concienciación social y el compromiso por la justicia?</em></p>
<p> </p>
<p>José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete (Vitoria-Gasteiz)</p>
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