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	<title>Un falso dilema social: mejorar estructuras o personas | En cristiano - Blog elcorreo.com</title>
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	<description>Sobre la vida social justa, sin dogmas</description>
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		<title>Un falso dilema social: mejorar estructuras o personas | En cristiano - Blog elcorreo.com</title>
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		<pubDate>Thu, 20 Sep 2012 08:56:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Ignacio Calleja</dc:creator>
		                		<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>

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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p>¿Por qué hablamos de crisis moral los que no sufrimos de crisis material? </p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p>Sobre si tenemos que cambiar las personas para cambiar el mundo a mejor, y esto de manera absoluta y primera, me parece una verdad de Perogrullo, pero es una abstracción imposible. Se suele formular en sencillo así: “cambia tú, y cambiarás el mundo”; “si cada uno cambiamos a mejor, el mundo cambiará a la vez”. O con más profundidad: “Si no modificamos nuestras convicciones más profundas, ya podemos cambiar todas las estructuras, que no lograremos vivir como humanos”. Esto es cierto, – digo -, pero es demasiado escolástico pensar que pueda darse la sociedad más perfecta en sus estructuras con una mayoría de inmorales y canallas por doquier, con gentes sin convicciones humanas profundas.</p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p>Pensemos un poco. ¿Quién la habrá construido, entonces? ¿Quién habrá pensado estructuras perfectas si no ama ni sufre con nadie? ¿Dónde radicará su perfección? No es posible. A veces interesa subrayar más la importancia de lo personal o lo estructural, según el caso o la coyuntura, pero la verdad no está en un todo o nada a cada lado. Las dos realidades del ser humano, – conciencia y estructuras -, plasman siempre en una dialéctica tan inseparable como precaria; en todos los supuestos de la vida personal y social, aparece este equilibrio de lo espiritual y lo estructural. Con crisis y sin crisis, una dialéctica de equilibrio frágil pero indisoluble. ¿Un ejemplo? Si yo me desvivo por la ayuda social y me importan muy poco la estructura de propiedad de mi país, o las leyes fiscales y laborales, o la desregulación total de sector financiero, me salvo en las intenciones, pero seré un juguete roto en manos poderosas. </p>
<p>Si personalmente insisto tanto en las estructuras de justicia social, es por parecerme que los sectores sociales más conservadores, y gran parte de las iglesias en ellos, apelan una y otra vez a la pérdida y recuperación de los valores morales y espirituales, sin discernirlos en su uso y abuso espiritualista, – en lo religioso -, y excluyente, – en lo social -. Con la mejor intención, – voy a suponerla siempre -, el discurso sale terrible en tantos y tantos. Por el contrario, si alguien pone por delante este discernimiento social de la injusticia contra tantos inocentes y débiles, – a partir de estructuras sociales de poder tan claras y de gentes que las copan a su favor -, nadie va a callar, – o muy pocos y equivocándose -, sobre el condicionamiento inigualable de las personas concretas y de sus convicciones buenas para el logro de esa misma sociedad justa. Pero hay que hacerlo, siempre y a la vez.</p>
<p>Con toda certeza, la discusión de si cambiar “conciencias o estructuras”, como alternativa para la justicia social, ya no existe. Y volver a ella tampoco. Es un enredo que nos distrae de lo fundamental y nos paraliza. Si esta conexión se ignora o minusvalora, queriendo recuperar los sujetos del cambio social justo, estamos entregándolos como corderos al matadero, y lo que venga detrás de este capitalismo puede ser aún peor, nosotros culpables en él. </p>
<p>Propongo un ejercicio personal bien práctico. No voy al caso de pobreza más extremo. Podría hacerlo. Imaginemos cada uno de nosotros que perdemos el trabajo y el salario, y que nos queda un paro de seis meses, a 900 euros, tenemos 60 años, un alquiler de 500, una salud normal y dos hijos, uno trabajando, y el otro, en paro, con familia, y a punto de ver extinguidas toda clase de “prestaciones” por desempleo. Olvidémonos, los eclesiásticos y religiosos, – hombres y mujeres -, de residencias, obispados, estipendios, conventos, o lo que sea. Y ahora, ¿cómo escucharíamos el discurso de otros, bien arropados y con trabajo, que dijeran: la crisis es ante todo moral y espiritual, de pérdida de valores, y a su recuperación no entregamos en cuerpo y alma? Les diríamos, – y ¿qué es de las estructuras sociales de justicia a partir de los más débiles y vulnerables, es decir, la propiedad, las rentas, los dividendos, los bonos, la fiscalidad, las leyes sociales, la asistencia, el desempleo, la educación gratuita, la sanidad universal…? ¿Quién admitiría por respuesta?: “De esto no entendemos, es muy complejo”, “nosotros sabemos de valores ignorados y de conciencias maleadas”, y a esto nos entregamos; además es lo primero” </p>
<p>Pues eso es lo que estamos haciendo y queremos que nos entiendan. No hay un primero y un segundo real e histórico entre conciencias malas y estructuras injustas. Que cada uno se ponga en el caso descrito, u otros más cercanos y graves, y diga si puede seguir con esa distinción escolástica, y que saque consecuencias en la Iglesia. Paz y bien.</p>
</body></html>
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