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	<title>La cuestión moral es política, ¿cómo se reparten los sacrificios? | En cristiano - Blog elcorreo.com</title>
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	<description>Sobre la vida social justa, sin dogmas</description>
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		<title>La cuestión moral es política, ¿cómo se reparten los sacrificios? | En cristiano - Blog elcorreo.com</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jan 2012 21:46:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Ignacio Calleja</dc:creator>
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<html><head><meta http-equiv="content-type" content="text/html; charset=utf-8"></head><body><p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;"><a href="/jignaciocalleja/wp-content/uploads/sites/40/2012/01/Navaridas-copia2.jpg"><img loading="lazy" class="alignright size-full wp-image-71" title="Navaridas copia2" src="/jignaciocalleja/wp-content/uploads/sites/40/2012/01/Navaridas-copia2.jpg" alt="" width="205" height="158"></a>A estas alturas del <em>revolcón</em> que viven los pueblos de Europa, parece <em>casi</em> estúpido pretender alguna novedad en la <em>ponderación</em> de los hechos sociales que nos abruman. Si insisto en ello es por lo mal que lo están pasando tantos, casi siempre, con tan escasa culpa propia. Defiendo, desde el principio, que nos encontramos más ante un problema de <em>distribución</em> que de <em>percepción</em>. Sabemos <em>qué</em> nos pasa y <em>por qué</em>, pero no nos ponemos de acuerdo en <em>cómo</em> resolverlo. Y es que las formas son varias y el choque de intereses, <em>brutal</em>. La idea tan extendida de que no sabemos <em>qué</em> nos sucede, está superada; prima ya la cuestión <em>política</em> del reparto de esfuerzos. </span></p>
<p> </p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-adver-blogs-entries"></div><p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;">Puede sorprender, no lo sé, esta manera de arrancar el comentario que les propongo. Parecería, de hecho, que cada uno de los grupos con peso público reconocido carece de <em>intereses</em> privativos, ante una crisis tan majestuosa, y busca desazonado el <em>bien común</em>. En una clave social más material o espiritual, pero tras el <em>bien común</em>. Así parece y, sin embargo, sólo parece. </span></p>
<p> </p>
<div class="voc-advertising voc-adver-inter-text hidden-md hidden-lg voc-advertising-mobile-ready"></div><p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;">La diferencia <em>prioritaria</em> entre las posiciones sociales sobre lo que nos pasa, y en cómo lo resolvemos, tiene más que ver con los intereses <em>materiales</em> en conflicto, y el reparto de <em>sacrificios</em> en términos muy tangibles, ¡por no decir <em>contables</em>!, que con cualquier otro factor humano. Creo en el peso <em>histórico</em> de <em>lo espiritual, </em>pero, hoy y aquí, apuesto por la <em>observación</em> de que la clave <em>política</em> y <em>económica </em>recién dicha, es la decisiva en la materialización incipiente del <em>bien común</em>. Y denuncio que hay un uso falaz del concepto <em>bien común</em>. Sanarlo exige voluntad de realización universal: unas oportunidades mínimas de vida digna para cada ciudadano, las que corresponden al esfuerzo que razonablemente también se nos exige. Un trabajo <em>decente</em> y la soberanía <em>política</em> de la gente, no parece mucho pedir.</span></p>
<p> </p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;">Luego, en mi opinión, al fondo de una vistosa lucha por las <em>ideologías</em>, prima la falta de pacto <em>justo</em> por una vida digna para <em>tantos</em> en <em>mil </em>sentidos. Y si la clave <em>ética</em> de nuestra mirada <em>social</em> no puede ser otra que las carencias inmerecidas de los más débiles, es la hora de reconocer cuán lejos de esta mirada <em>justa</em> quieren “los poderosos” de Europa y España componer su <em>bien común</em>. Por aquí comienza la <em>política</em> en serio y, por ende, las <em>ideologías</em>. Paz y bien. </span></p>
<p> </p>
<p><span style="font-family: Times New Roman; font-size: small;">(Original en Revista 21)</span></p>
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