Estamos en estado de alarma, casi crónico. Los desaprensivos denominados controladores se han extralimitado en su particular descontrol y se ha organizado la marimorena. Incluso hasta el pulcro Guardiola ha visto arrugarse su fina e inmaculada estampa chic. Hasta ese nivel de la idolatría futbolera ha llegado el asunto, y es llegar.
La anunciada vuelta de tuerca a los planes de ajuste de la crisis, otra denominación de origen sinónima de alarma, se aplica en el mismo consejo de ministros del Gobierno que ha levantado la chispa aérea. Este es otro sobresalto más a ras de tierra. Menos jubilación y más sudor bíblico.
Wikileads sale hasta en la sopa. El fenómeno de la nueva comunicación cumple hoy en día las mismas funciones que el viejo espejo de la bruja de nuestros mejores cuentos. Se cambian los papeles, ayer la bruja podía ver las acciones de los buenos y hoy los buenos, el gran público, dicen que podemos ver las actuaciones y los comportamientos de los ” muy brujos”. ¿No les suena esto a demasiado cuento? Tengo mi mosqueo con esta red de filtraciones interesadas también. ¿A quién beneficia, con qué objetivos se sacan ahora estos documentos?. Me siento tan iluso como cuando escuchaba aquellos relatos infantiles. Ahora tenemos una larga digestión por saturación informativa. Con morbo sexual incluido. Y con turrón…
Rubalcaba dice que está terminando su tarea política. Pero no nos precisa cuánto tiempo le va a llevar el propósito. Se ha convertido en un gran alarmador.
Y en medio de todo este batiburrillo estallan todas las alarmas del dopaje en el atletismo español. Esto está para salir corriendo.