{"id":8982,"date":"2014-09-21T12:44:46","date_gmt":"2014-09-21T11:44:46","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/?p=8982"},"modified":"2014-09-21T12:44:46","modified_gmt":"2014-09-21T11:44:46","slug":"aqui-paz-y-despues-gloria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/2014\/09\/21\/aqui-paz-y-despues-gloria\/","title":{"rendered":"Aqu\u00ed paz y despu\u00e9s, gloria"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"color: #800000;\"><strong>MOBILIARIO URBANO p0r \u00c1NGEL RESA<\/strong><\/span><\/p>\n<p><a href=\"\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2014\/09\/mourbano21-09-14blog.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-8983\" title=\"mourbano21-09-14blog\" src=\"\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2014\/09\/mourbano21-09-14blog.jpg\" alt=\"\" width=\"599\" height=\"435\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2014\/09\/mourbano21-09-14blog.jpg 665w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2014\/09\/mourbano21-09-14blog-300x218.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 599px) 100vw, 599px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Pasear por Santa Isabel ense\u00f1a arte e historia, pero tambi\u00e9n el empe\u00f1o de conducir las diferencias hasta la tumba<\/p>\n<p>Es verdad que la muerte nos iguala a todos, pese a que la memoria de los vivos se empe\u00f1e en discernir vidas ejemplares de las otras. O que acerque la llama del recuerdo a personajes ilustres mientras entierra a los an\u00f3nimos en el s\u00f3tano del abandono. Pasear por un cementerio, el vitoriano de Santa Isabel valga el caso, muestra el deseo de combatir una batalla perdedora contra la parca inclemente. Despu\u00e9s de pasarnos la existencia clasificando a los seres humanos en categor\u00edas distintas, la visi\u00f3n del camposanto ratifica las diferencias entre el prohombre y el gusano, ese bicho que devora las partes blandas hasta reducir los cad\u00e1veres a esqueletos.<\/p>\n<p>Sin esas divisiones por m\u00e9ritos reales u otorgados o las que genera el poderoso Don Dinero perder\u00edamos clases de historia. La necr\u00f3polis es un libro abierto que explica la evoluci\u00f3n de una ciudad y, al tiempo, ense\u00f1anza n\u00edtida de que las clases sociales alcanzan a los difuntos. Conducciones en carruajes de primera, segunda y hasta tercera. Capillas grandilocuentes que rasgan metaf\u00f3ricamente el silencio del cementerio. Panteones de alcurnia junto a l\u00e1pidas modestas y enredadas en la maleza del olvido. Apellidos envueltos en t\u00edtulos nobiliarios que rememoran los viejos abismos que separaban la nobleza de la plebe. Nada que ver con las vastas superficies en otros lugares de cruces replicantes, clavadas sobre el c\u00e9sped en alineaciones geom\u00e9tricas que parecen campos de cultivo.<\/p>\n<p>De llevar hasta las \u00faltimas consecuencias la condena igualitaria de la muerte no podr\u00edamos comprender el anhelo de destacar sobre el resto, tan propio de la esencia humana con sus grandezas y servidumbres. Ni examinar la vida a trav\u00e9s del arte con gui\u00f1os a la tradici\u00f3n egipcia, rom\u00e1nica, g\u00f3tica y tambi\u00e9n barroca. De pronto se detiene uno ante t\u00famulos que acogen los restos de gentes que moldearon la historia. La gu\u00eda levanta el primer stop de la visita frente a la tumba del General \u00c1lava. Luego se suceden las referencias a personajes como Mateo de Moraza, el hombre que agot\u00f3 los o\u00eddos de sus se\u00f1or\u00edas parlamentarias con su defensa de los fueros, el explorador Manuel Iradier o Sebasti\u00e1n, c\u00e9lebre m\u00fasico del mismo apellido. Poco despu\u00e9s de escuchar de modo casi reverencial las alusiones a Justo Antonio de Olagu\u00edbel, la comitiva observa al pante\u00f3n desva\u00eddo del Sacamantecas, asesino confeso de mujeres y cuya leyenda sanguinaria nos asustaba de cr\u00edos en nuestros juegos por La Florida.<\/p>\n<p>Un paseo a trav\u00e9s del cementerio enciende sensaciones contrapuestas. De un lado, la calma que genera caminar por avenidas flanqueadas de esos \u00e1rboles que tratan de alcanzar el cielo con sus ramas m\u00e1s altas. Por otro, la conciencia plena sobre el tr\u00e1nsito veloz de la vida y la fecha de caducidad que alg\u00fan d\u00eda apoyar\u00e1 la mano sobre el hombro de cada uno de nosotros. Tambi\u00e9n la abundancia de s\u00edmbolos y met\u00e1foras que recuerdan el inevitable final. Franquear la puerta del camposanto puede relajar esp\u00edritus. O tal vez resulte el remedio menos eficaz para los \u00e1nimos quebrantados. En todo caso, eso s\u00ed, refresca la historia de la ciudad, explicada en un vertedero de cuerpos, en un museo de creaciones art\u00edsticas al aire libre.<\/p>\n<p>Hay quienes avanzan por la necr\u00f3polis en un ejercicio de sosiego mental. Y los que la abandonan con punzadas de cristal en la ra\u00edz de los nervios. Al fin no es sino un paseo vital por las calles angostas de la muerte. La prueba emp\u00edrica de que a cada comienzo le corresponde un final. La demostraci\u00f3n de que las clases sociales y las diferencias nacen en la cuna y viajan hasta la tumba. Pero, por encima de todo, se respira entre l\u00e1pidas y vegetaciones la paz del cementerio. Aut\u00e9ntica para algunos. Fuente de inquietud en el caso de otros. Porque nos aferramos a la existencia aun con la certeza de que se trata de una guerra perdida. Ya lo dej\u00f3 escrito Jorge Manrique. \u201cC\u00f3mo se pasa la vida. C\u00f3mo se viene la muerte tan callando\u201d. Nada que rebatir a los versos espl\u00e9ndidos del poeta. As\u00ed que aqu\u00ed paz y despu\u00e9s, gloria.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; MOBILIARIO URBANO p0r \u00c1NGEL RESA Pasear por Santa Isabel ense\u00f1a arte e historia, pero tambi\u00e9n el empe\u00f1o de conducir las diferencias hasta la tumba Es verdad que la muerte nos iguala a todos, pese a que la memoria de los vivos se empe\u00f1e en discernir vidas ejemplares de las otras. 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