{"id":507,"date":"2009-05-10T11:07:00","date_gmt":"2009-05-10T11:07:00","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/?p=507"},"modified":"2009-05-10T11:07:00","modified_gmt":"2009-05-10T11:07:00","slug":"el-salon-vacio-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/2009\/05\/10\/el-salon-vacio-2\/","title":{"rendered":"El sal\u00f3n vac\u00edo"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"color: rgb(153, 153, 153);\"><small>POR CARLOS PEREZ URALDE<\/small><\/span>  <small>5\/10\/2003<\/small><br \/>\n<span style=\"color: rgb(102, 102, 102);\"><br \/>\n<\/span><small>La plaza de Euskalherria, en Lakua, es como una gran habitaci\u00f3n sin muebles<\/small><br \/>\n<span style=\"color: rgb(102, 102, 102);\"><\/p>\n<p>No hay nada tan desolado y a la vez esperanzador como una habitaci\u00f3n sin muebles, a lo sumo habitada por una ara\u00f1a pr\u00f3fuga que trepa por la pared en busca de una esquina en la que colgarse. Quien contempla ese espacio vac\u00edo no tiene otro remedio que imaginar c\u00f3mo ser\u00eda si estuviera decorado, con su mobiliario id\u00f3neo, sus cuadros, sus l\u00e1mparas y su alfombra aproximadamente barroca: un sal\u00f3n no merece esa soledad si se puede hacer algo para remediarla. Algo as\u00ed le ocurre a la plaza de Euskalherria, en el barrio de Lakua: es un enorme espacio que durante la mayor parte del d\u00eda permanece casi vac\u00edo, habitado apenas por unas cuantas mam\u00e1s con sus ni\u00f1os y algunos parroquianos con el tiempo para tomarse algo en La Fragua de Vulcano o en la cafeter\u00eda Dam.<br \/>\nPero el visitante ya se imagina c\u00f3mo ser\u00e1 este lugar cuando el barrio crezca y se llene de paisanos bulliciosos que ocupen las terrazas y den sentido a este territorio urbano. A las siete de la tarde de un d\u00eda cualquiera entre semana, la plaza enorme s\u00f3lo re\u00fane a las mam\u00e1s y sus cr\u00edos, esta vez asombrosamente pac\u00edficos, a los clientes de la Fragua y a un tipo impaciente dotado de una carpeta en una mano y un m\u00f3vil en la otra que mira una y otra vez al reloj controlando los accesos, en la actitud del que espera sin desesperar todav\u00eda. Cada dos o tres minutos, el sujeto se apoya en una de las extra\u00f1as farolas con forma de escalera que decoran el sitio, toca el tambor de su pierna con la carpeta amarilla y consulta de nuevo el reloj resoplando como un toro a punto de embestir al enemigo sin clar\u00edn que anuncie el trance.<br \/>\nEn los soportales hay una papeler\u00eda, una tienda de cosm\u00e9tica, un comercio de chucher\u00edas, una peluquer\u00eda, una tienda de muebles, una herborister\u00eda o un v\u00eddeo club desde el que Hugh Grant nos mira con cara de cr\u00e1pula. El silencio es ins\u00f3lito para una ciudad como \u00e9sta en la que cualquier actividad por trivial que sea requiere un estruendo de casa de locos. En cuanto al tipo que espera, sus gestos apuntan a que la paciencia se le est\u00e1 acabando cada segundo que pasa y que de un momento a otro va a proceder a emitir airadas blasfemias o gru\u00f1idos monstruosos. Al pobre hombre le han dado evidente plant\u00f3n, y semejante desaire es uno de los peores que puede soportar un ser humano de cualquier estirpe o familia.<br \/>\nDentro de un tiempo la plaza de Euskalherria ser\u00e1 un multitudinario lugar de encuentro, cuando la zona est\u00e9 atiborrada de ciudadanos y el barrio ya no parezca el decorado vac\u00edo de una pel\u00edcula que no se ha empezado a rodar. A esta hora de la tarde no se escucha el motor de los coches, un avi\u00f3n cruza el cielo limpio dejando su larga estela blanca y un paisano ya desesperado echa un vistazo a su reloj, pulsa sin resultado las teclas de su tel\u00e9fono m\u00f3vil y abandona la plaza a la carrera con la intenci\u00f3n de repartir unas cuantas bofetadas por ah\u00ed. El d\u00eda en que el sal\u00f3n se llene de muebles ser\u00e1 muy acogedor y la ara\u00f1a furtiva no tendr\u00e1 oportunidad de trepar por la pared por culpa de la presencia de hombres, mujeres y tiernos ni\u00f1os berreantes en cada metro cuadrado.<\/span><IMG style=\"width: 428px; height: 330px;\" src=\"\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/150230_pzablog.JPG\" id=\"img_0\" class=\"imgdcha\"><br \/>\n<span style=\"color: rgb(102, 102, 102);\">Ahora hay que dejar planteado el dilema sobre si la afluencia masiva de gentes a la plaza mejorar\u00e1 las cosas o convertir\u00e1 la zona en un hormiguero desordenado comparable a los que se producen en el centro. Estoy seguro de que en este sentido se dividir\u00e1n las opiniones en el barrio: unos preferir\u00e1n la pl\u00e1cida soledad de la plaza vac\u00eda y otros la masa humana sin la que tanta gente no puede vivir. Lo que permanecer\u00e1 suceda lo que suceda es la figura de un hombre solo que espera la llegada de quien no va a llegar, precariamente armado con un m\u00f3vil.<br \/>\n<\/span><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>POR CARLOS PEREZ URALDE 5\/10\/2003 La plaza de Euskalherria, en Lakua, es como una gran habitaci\u00f3n sin muebles No hay nada tan desolado y a la vez esperanzador como una habitaci\u00f3n sin muebles, a lo sumo habitada por una ara\u00f1a pr\u00f3fuga que trepa por la pared en busca de una esquina en la que colgarse. 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