{"id":4966,"date":"2012-11-04T10:51:55","date_gmt":"2012-11-04T09:51:55","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/?p=4966"},"modified":"2012-11-04T10:51:55","modified_gmt":"2012-11-04T09:51:55","slug":"la-dictadura-del-calendario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/2012\/11\/04\/la-dictadura-del-calendario\/","title":{"rendered":"La dictadura del calendario"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<h5><span style=\"color: #000080;\">MOBILIARIO URBANO por \u00c1NGEL RESA<\/span><\/h5>\n<p><a href=\"\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2012\/11\/mo-urbano04-11-12blog.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone  wp-image-4967\" title=\"mo urbano04-11-12blog\" src=\"\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2012\/11\/mo-urbano04-11-12blog.jpg\" alt=\"\" width=\"598\" height=\"565\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2012\/11\/mo-urbano04-11-12blog.jpg 679w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2012\/11\/mo-urbano04-11-12blog-300x284.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 598px) 100vw, 598px\" \/><\/a><\/p>\n<p>Recordamos a nuestros muertos el d\u00eda 1, como si no los a\u00f1or\u00e1semos el resto del a\u00f1o<\/p>\n<div>El bolero reclama al reloj que no marque las horas, pero falta encontrar un ant\u00eddoto para el avance del tiempo. Del mismo modo el calendario nos obliga a cumplir ciertos ritos con el car\u00e1cter imperativo del decreto-ley. Y demuestra, adem\u00e1s, que siempre habr\u00e1 divisiones, incluso despu\u00e9s de la muerte. Quien elude la visita al cementerio el d\u00eda de Todos los Santos asume el riesgo de que le apunten como sospechoso por no participar en los usos sociales de conveniencia. Solo una fecha despu\u00e9s se presenta la festividad \u2018menor\u2019 de los difuntos, algo as\u00ed como cad\u00e1veres de clase turista. Elegimos peregrinar a la tumba el 1 de noviembre, tal vez para negar el rango inferior de los familiares que se nos fueron o quiz\u00e1 por construirnos la ilusi\u00f3n de que actuaron como santos en vida.<\/div>\n<div>\nCuriosa, por no calificarla de otra manera, la obligaci\u00f3n de acatar los mandamientos del calendario. A los pocos segundos de estrenar el a\u00f1o toca descorchar cava, brindar ruidosamente y lanzar confetis por la ventana. Del 4 al 9 de agosto hay que divertirse por mucho que se lleven clavados los pu\u00f1ales en el alma. Y seg\u00fan arranca el noviembre de las tardes breves, las hojas cobrizas y los puntapi\u00e9s a las casta\u00f1as tenemos que acordarnos de nuestros muertos. Como si no los ech\u00e1ramos en falta los 364 d\u00edas restantes del a\u00f1o. En fin, la vida est\u00e1 sujeta a programaci\u00f3n y los camposantos vac\u00edos de tantas jornadas se transformaron el jueves en recintos coloristas de flores, en llantos cuajados de pena y en el crujir de los dientes. Esta vez, sobre todo, por el vendaval con orientaci\u00f3n sur que se empe\u00f1aba en alterar la paz del cementerio.<\/div>\n<div>\nLos urbanos de Tuvisa acercan muchedumbres a El Salvador, los guardias locales establecen el l\u00edmite hasta donde pueden avanzar los coches y se disponen eriales embarrados para aparcarlos. A ambos lados del acceso a la puerta del camposanto se alinean los puestos bot\u00e1nicos que tratan de hacer el agosto en noviembre. Hasta en ello se nota la crisis. Mucha gente con bolsas de pl\u00e1stico en la mano ya ha comprado con antelaci\u00f3n los crisantemos que salen m\u00e1s caros \u2018in situ\u2019. Las rachas de aire desatado hacen rodar tiestos y las copas frondosas de los \u00e1rboles se cimbrean a los sones macabros de los muertos.<\/div>\n<div>\nNi siquiera en la entrada de El Salvador quedan ocultas las protestas de los funcionarios municipales. Carteles encelados en las paredes maldicen los recortes que, seg\u00fan los autores, aportan m\u00e1s desasosiegos que beneficios. Es pronto y a\u00fan el cementerio no parece un trasiego incesante y humano. En cambio, las l\u00e1pidas se muestran llenas de flores, un s\u00edntoma de que el personal ha decorado anticipadamente el escenario para que el c\u00e9lebre d\u00eda 1, el del imperativo legal, ya luzca con ese esplendor que rinde homenaje a los difuntos. Los gitanos entienden la familia con los c\u00f3digos del clan, mediante un fervor religioso y una defensa numantina de los lazos propiciados por la sangre. Van al camposanto en furgonetas llenas de gente, hablan en voz alta con los tiestos en la mano y aprovechan la jornada para unirse en torno a quienes les dejaron.<\/div>\n<div>\nNo s\u00e9 si le pasa a m\u00e1s gente, me imagino que s\u00ed. Seg\u00fan avanzo por las calles con nombre de santos miro las fechas de los entierros cinceladas en la l\u00e1pida para conocer cu\u00e1nto vivi\u00f3 cada muerto. Y algo se quiebra por dentro al ver \u00f3bitos tan prematuros, existencias cortas que apenas tuvieron oportunidades en este valle de l\u00e1grimas y tal vez las tengan ahora si de verdad existiera el m\u00e1s all\u00e1. Es la hora de dejar El Salvador tras depositar las flores a los pies del sepulcro, musitar oraciones o permanecer en silencio mientras la mente recuerda pasajes concretos, nostalgias imperecederas. Y la charla en el coche, de vuelta a casa, donde nuestro ser querido con presunta visa al cielo sale tan bien parado. Seguramente como se merece.<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; MOBILIARIO URBANO por \u00c1NGEL RESA Recordamos a nuestros muertos el d\u00eda 1, como si no los a\u00f1or\u00e1semos el resto del a\u00f1o El bolero reclama al reloj que no marque las horas, pero falta encontrar un ant\u00eddoto para el avance del tiempo. 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