{"id":3102,"date":"2011-12-24T16:20:34","date_gmt":"2011-12-24T15:20:34","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/?p=3102"},"modified":"2011-12-24T16:20:34","modified_gmt":"2011-12-24T15:20:34","slug":"aquellos-villancicos-del-excesivo-raphael","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/2011\/12\/24\/aquellos-villancicos-del-excesivo-raphael\/","title":{"rendered":"Aquellos villancicos del excesivo Raphael"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<h5><span style=\"color: #666699;\">MOBILIARIO URBANO por \u00c1ngel Resa<\/span><\/h5>\n<p><a href=\"\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2011\/12\/mobiliario-urbano24-12-11blog.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-full wp-image-3103\" title=\"mobiliario urbano24-12-11blog\" src=\"\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2011\/12\/mobiliario-urbano24-12-11blog.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"567\" srcset=\"https:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2011\/12\/mobiliario-urbano24-12-11blog.jpg 679w, https:\/\/blogs.elcorreo.com\/inakicerrajeria\/wp-content\/uploads\/sites\/29\/2011\/12\/mobiliario-urbano24-12-11blog-300x284.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<div>Es lo que tiene el paso del tiempo, que todos acabamos apellid\u00e1ndonos igual. O sea, Cebolleta. Los hijos nos miran con el hast\u00edo de quien escucha a los mayores hablar de las navidades como si fuesen las guerras p\u00fanicas. Han cambiado muchos de sus envoltorios, como todo. Recuerdo que en aquellas fechas la cocina cobraba un papel estelar. La radio de dimensiones enormes que parec\u00eda el prototipo mismo que invent\u00f3 Marconi sobre una repisa colgada de la pared para sujetar tanto peso. La tele que se tra\u00eda de la salita con el fin de ver por VHF -pura Edad de Hierro, chavales- \u2018el programa\u2019 de la Nochebuena. El tocadiscos de brazo que avanzaba por los surcos de vinilo para escuchar -muchos nos limit\u00e1bamos a o\u00edr por falta de remedio- los villancicos de Raphael. S\u00ed, el cantante excesivo que sustituy\u00f3 \u2018f\u2019 por \u2018ph\u2019 y sesea en una demostraci\u00f3n artificial de su origen jiennense. El espumill\u00f3n colgando en los marcos de las cuadros que dificultaba la visi\u00f3n del lienzo. Las bolas en el \u00e1rbol y el mecanismo intermitente para su iluminaci\u00f3n&#8230;<\/div>\n<div>\nNormalmente las navidades gustan de peque\u00f1os porque a nadie le amarga un dulce en forma de regalo y se van haciendo antip\u00e1ticas seg\u00fan transcurren las biograf\u00edas. En contra del ideario de Ivanovic, que s\u00f3lo habla de quienes figuran en el acta y reh\u00fasa rememorar a los ausentes, estas fechas nos recuerdan demasiado los huecos libres en la mesa. Faltan cubiertos que identificamos con la marcha de los que se fueron. Y alimentamos la alegr\u00eda, siquiera ficticia, por consideraci\u00f3n a los cr\u00edos. En Nochevieja brindamos por el buen a\u00f1o a punto de entrar sin tomar en cuenta que el 1 de enero solo es el d\u00eda que sigue al de San Silvestre. Nos palpamos la tripa a media cena para comprobar que aguantar\u00e1 sin reventar los platos que a\u00fan quedan por delante. Y como m\u00e1s vale prevenir movemos un agujero el cierre del cintur\u00f3n.<\/div>\n<div>\nAhora podemos elegir entre un mont\u00f3n de canales, generalistas y tem\u00e1ticos, para pasar las uvas. Las de la ira que escribi\u00f3 Steinbeck o las de la esperanza seg\u00fan esos esp\u00edritus tan optimistas como admirables. Los mejores deseos se acumulan en la memoria del m\u00f3vil, incapaz de digerir tantos mensajes cruzados por todas las ondas del ciberespacio. Entramos en las redes sociales para saber si nuestros amigos, virtuales o de verdad, nos han dejado un recadito de \u00e1nimo ante lo que est\u00e1 por llegar. Las tarjetas de felicitaci\u00f3n navide\u00f1a descansan ya en el cementerio de las cartas manuscritas, sustituidas por correos electr\u00f3nicos que con un simple golpe al rat\u00f3n nos abren al instante la imagen buc\u00f3lica del abeto revestido. La tecnolog\u00eda avanza que es una barbaridad, la durabilidad ya no existe, cada invento engulle al anterior a la velocidad de Vettel en los circuitos.<\/div>\n<div>\nPero todav\u00eda se mantienen tradiciones dir\u00edase que inalterables, al menos en esta ciudad. A la cabeza figura el Bel\u00e9n de La Florida, cuya gruta no pod\u00eda ser un marco m\u00e1s id\u00f3neo para el fin que persigue. Los Reyes Magos se encaminan al portal y sorprenden a Ignacio Aldecoa con un libro entre las manos, frente a las biblioteca que le honra. La pista de hielo abandon\u00f3 el c\u00edrculo en torno al quiosco para transformarse en rect\u00e1ngulo a los pies de la Virgen Blanca. La loter\u00eda deja a \u00c1lava, como siempre, con una mano delante y la otra detr\u00e1s.\u00a0 Hay cosas que no cambian y pocos sitios como este proclaman el 22 de diciembre \u2018d\u00eda territorial de la salud\u2019. Y mientras los ni\u00f1os de San Ildefonso entonan el soniquete que quedaba mejor con pesetas que con euros, la Plaza de Espa\u00f1a adquiere un aspecto rural. Los puestos de hortalizas y embutidos, los gallos y capones recuerdan que Vitoria no hace tanto era un lugar aferrado al terru\u00f1o, herencia que hemos conservado para mezclarla con hormig\u00f3n, anillos y asfalto hasta formar la ecourbe premiada. Si no lo creen revisen la forograf\u00eda de ayer, la de esa calabaza semejante a un falo descomunal.<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; MOBILIARIO URBANO por \u00c1ngel Resa Es lo que tiene el paso del tiempo, que todos acabamos apellid\u00e1ndonos igual. O sea, Cebolleta. Los hijos nos miran con el hast\u00edo de quien escucha a los mayores hablar de las navidades como si fuesen las guerras p\u00fanicas. 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